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Curiosidades

Esto es todo lo que hay detrás de los grandes carteles de las autopistas y autovías que ves cada día

Parece una simple chapa, pero fabricar un cartel de autopista requiere toneladas de acero, cálculos de viento y tecnología.

Cartel de la Autovía del Mediterráneo.

Cartel de la Autovía del Mediterráneo. / Wikicommons

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Andrea Gil Modrego

Andrea Gil Modrego

Zaragoza
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Cada vez que circulas por una autopista pasas bajo ellos, pero probablemente nunca te has parado a pensar cómo se fabrican. Los grandes carteles azules que anuncian una salida, un destino o una ciudad no son simples placas metálicas con letras pegadas: son auténticas estructuras de ingeniería diseñadas para resistir décadas expuestas al sol, la lluvia y fuertes rachas de viento.

Un solo cartel puede pesar cientos de kilos, superar varios metros de longitud y necesitar una estructura de acero capaz de soportar cargas equivalentes a varias toneladas. Detrás de una señal que parece sencilla hay un proceso que combina normativa, cálculo estructural, metalurgia y materiales reflectantes de alta tecnología y que empieza por cumplir la normativa. En España, los grandes carteles de autopistas y autovías deben cumplir una serie de normas técnicas que determinan desde el color hasta el tamaño de las letras y todo el diseño de estas señales está completamente regulado.

La principal referencia es la Norma 8.1-IC de Señalización Vertical, que establece aspectos como los colores, las dimensiones, la colocación de flechas o la distribución de los textos. Por eso los carteles azules que vemos en autopistas tienen una apariencia homogénea en todo el país. También deben cumplir el Pliego PG-3 (Artículo 701), que define los materiales y controles de calidad necesarios, incluyendo los tratamientos contra la corrosión y las características de los metales utilizados.

A nivel europeo, la Norma UNE-EN 12899-1 establece los requisitos de fabricación y obliga a que las señales cumplan determinados estándares de calidad mediante el correspondiente marcado CE.

Un trabajo de ingeniería

Antes de empezar a fabricar un cartel hay que calcular cómo se comportará una estructura que estará expuesta durante años al viento y a la climatología. Los ingenieros tienen en cuenta factores como la velocidad máxima del viento en la zona, la altitud, la ubicación del cartel o las vibraciones generadas por el tráfico. Un panel situado en una zona costera o en un viaducto no soportará las mismas condiciones que otro instalado en una zona protegida.

Aunque desde el coche parezcan enormes placas de una sola pieza, la mayoría de los grandes carteles se fabrican mediante un sistema modular. El panel está formado por varias lamas horizontales de aluminio extrusionado que se unen entre sí. Esta solución permite fabricar señales de grandes dimensiones, transportarlas con mayor facilidad y conseguir una estructura más resistente. Aunque el aluminio es uno de los materiales más utilizados porque combina ligereza y resistencia frente a la corrosión, todavía existen instalaciones fabricadas con acero galvanizado.

Además, estos carteles no son completamente rígidos. Están diseñados para permitir una ligera deformación controlada cuando reciben fuertes rachas de viento. Si fueran totalmente rígidos, transmitirían esfuerzos mucho mayores a los soportes y a las cimentaciones.

Diseñados para leerse a gran velocidad y por la noche

El mensaje que aparece en un cartel de autopista tampoco se coloca de cualquier manera. Antes de fabricarlo se calcula qué información debe aparecer, cuánto espacio ocupa cada palabra y cuál es la distancia mínima de lectura. El objetivo es que un conductor pueda comprender el mensaje en pocos segundos mientras circula a alta velocidad.

La señalización española utiliza una tipografía específica derivada de CCRIGE, diseñada para favorecer una lectura rápida y clara. El tamaño de las letras depende de factores como la velocidad de la vía, la distancia de lectura o la posición del cartel. En grandes paneles de autopista los caracteres pueden alcanzar varias decenas de centímetros de altura.

Del mismo modo, una de las partes más tecnológicas del cartel está en la superficie. Las señales no llevan iluminación propia, sino que su visibilidad nocturna depende de láminas retrorreflectantes que incorporan millones de microprismas capaces de devolver hacia el conductor la luz emitida por los faros del vehículo. Por eso, cuando circulamos de noche, el cartel parece 'encenderse'.

Autovía A2

Autovía A2 / Getty Images

Estas láminas se cortan con equipos de precisión para crear letras y símbolos que después se colocan sobre el panel. Su duración puede superar una década, aunque con el paso del tiempo pierden capacidad reflectante y deben ser revisadas o sustituidas. De hecho, antes de salir de fábrica, se suele realizar un montaje completo para comprobar que todas las piezas encajan, que las lamas están alineadas y que la señal cumple las tolerancias previstas.

La instalación de estos carteles se ejecuta, habitualmente, por la noche. La operación requiere grúas de gran tonelaje, plataformas elevadoras y, en algunos casos, transporte especial por las dimensiones del panel.

Concursos de licitación y mantenimiento posterior

La fabricación de señales de autopista no depende de una única empresa. En España existe un sector especializado formado por compañías de señalización vial, metalurgia e ingeniería y algunas de ellas son Visever, Proseñal, Industrias Saludes o Protybal, además de otros proveedores homologados. Cuando se construye una carretera nueva o se renueva una infraestructura existente, las administraciones públicas sacan los proyectos a concurso y las empresas compiten para fabricar e instalar estos elementos.

Aunque la estructura metálica y el montaje suelen realizarse por compañías españolas, algunos componentes tecnológicos proceden de grandes fabricantes internacionales. Es el caso de las láminas retrorreflectantes de alta intensidad, desarrolladas por empresas especializadas como 3M o Avery Dennison.

Una vez colocado, el trabajo continúa. Las administraciones realizan inspecciones periódicas para comprobar: el estado de la estructura metálica, posibles corrosiones, deformaciones, tornillos y anclajes, estabilidad del soporte y pérdida de capacidad reflectante. Estos carteles están diseñados para permanecer durante años soportando temperaturas extremas, lluvia, hielo, radiación solar y fuertes vientos.