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Consejos

El calor puede romper el parabrisas de tu coche: esta es la razón

Las altas temperaturas, la degradación del asfalto y los bruscos cambios térmicos al encender el aire acondicionado multiplican el riesgo de rotura 

El motivo por el que los parabrisas se rompen más en verano

El motivo por el que los parabrisas se rompen más en verano / Archivo

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Fernando Álvarez

Fernando Álvarez

Madrid
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Las olas de calor y el aumento de los desplazamientos durante las vacaciones estivales forman una combinación crítica para la luna delantera del automóvil. Un impacto imperceptible que en otra época del año pasaría inadvertido puede convertirse en una grieta irreparable en cuestión de horas.

Cuando la temperatura aprieta, las tensiones físicas que soporta el cristal aumentan exponencialmente, comprometiendo la visibilidad y la rigidez estructural del vehículo.

El asfalto y el aumento de los impactos

El incremento de las roturas durante los meses de verano responde, en primer lugar, a una razón mecánica del entorno. Con las altas temperaturas, el pavimento sufre un proceso de dilatación que degrada la capa superficial. El firme se agrieta, cede ante el paso continuado de los vehículos y se descompone en pequeñas piedras sueltas.

Estos proyectiles salen despedidos por los neumáticos de otros coches e impactan de lleno contra la luna. A esto se suma el notable incremento de los trayectos por carretera en época vacacional, lo que eleva la probabilidad de recibir una pedrada.

El efecto del calor y el choque térmico

Una vez que el cristal recibe una pequeña muesca, la física acelera su deterioro. Diversas investigaciones científicas demuestran que una pieza de vidrio dañada pierde gran parte de su resistencia estructural, por lo que necesita muy poca fuerza externa para que la fisura crezca. El calor actúa como un catalizador decisivo en este proceso.

Por un lado, la carrocería del vehículo está fabricada con materiales como el acero o el aluminio, cuyos coeficientes de expansión térmica son diferentes a los del cristal. Al dilatarse con el sol, el chasis ejerce presiones desiguales sobre el contorno del parabrisas.

Por otro lado, la diferencia de temperatura entre el exterior y el interior genera un estrés térmico muy elevado. En un día soleado, la superficie exterior del cristal puede alcanzar los 80°C. Si al entrar en el habitáculo se activa el aire acondicionado a máxima potencia y a unos 30°C orientando las rejillas hacia la luna, el choque térmico brusco multiplicará las posibilidades de que el daño se extienda de forma irreversible.

Tensiones estructurales en la conducción diaria

Más allá de los factores climáticos, el parabrisas convive con una serie de tensiones continuas desde su propio proceso de fabricación, donde el curvado y el laminado plástico dejan cierto estrés residual en el material. Igualmente, el adhesivo de poliuretano utilizado para fijarlo a la estructura del coche sufre contracciones que ejercen tracción sobre los bordes.

Asimismo, la luna delantera no es un mero elemento protector, sino un componente estructural que aporta rigidez a la carrocería y resistencia al aplastamiento del techo. Durante la circulación, absorbe las fuerzas G generadas en aceleraciones, frenadas y curvas, así como las vibraciones del firme. Superar un badén a 30 km/h, por ejemplo, llega a generar hasta 5 G de aceleración sobre el cristal, lo que explica por qué una pequeña muesca termina cediendo ante tanta exigencia física.

Actuar a tiempo y reparar

Para evitar que una picadura termine en una sustitución completa, la clave reside en acudir con rapidez a un centro especialista antes de que el daño sea irreversible. Una reparación es viable siempre que el impacto no se encuentre en el campo de visión directa del conductor, tenga un diámetro inferior a una moneda de dos euros y diste más de 2,5 centímetros del borde del cristal.

Optar por la reparación frente al cambio integral aporta notables ventajas en términos de rapidez, coste y sostenibilidad, ya que evita el consumo innecesario de materias primas y reduce la huella de carbono. Especialistas del sector como Carglass priorizan esta intervención rápida, permitiendo recuperar la resistencia original del parabrisas y continuar el viaje estival con total seguridad.