Prueba
El Hyundai Ioniq 6, el patito feo del mundo eléctrico
El Hyundai Ioniq 6 ha pasado de no gustarnos por su aspecto a enamorarmos por su comportamiento

Prueba Hyundai Ioniq 6 / Edgar Vivó

Hay coches que te gustan nada más verlos y otros que necesitan ganarte poco a poco. Con el Hyundai Ioniq 6 me ha pasado lo segundo. Reconozco que, al principio, sus formas no me gustaron. Es un coche raro, muy distinto a lo que estamos acostumbrados a ver, con una silueta muy aerodinámica, una trasera muy particular y una presencia que no busca agradar de forma fácil.

Perfil del Hyundai Ioniq 6 / Edgar Vivó
Pero cuanto más tiempo pasas con él, más sentido tiene todo. Y en la unidad probada, con esa combinación de blanco en la parte superior y negro en la zona baja de la carrocería, el coche gana muchísimo. Ese contraste resalta sus líneas, hace que parezca más ancho, más bajo y más afilado. También las llantas ayudan a reforzar esa imagen de coche futurista, casi de prototipo llevado a la calle.
Al final incluso acabó gustándome, sobre todo cuando entendí que todo aquello que me parecía extraño a la vista, escondía en realidad una justificación aerodinámica que hace de este coche sea uno de los más agradables que he llevado jamás por carretera.
Una sensación muy difícil de encontrar
El Hyundai Ioniq 6 es uno de los coches eléctricos que más me ha sorprendido en carretera. Y no solo por correr, que corre mucho. Lo que realmente marca la diferencia es la forma en la que avanza. En autovía, el coche corta el viento como un bisturí. Hay eléctricos silenciosos, pero este transmite algo más. Entre la ausencia de sonido mecánico y lo trabajada que está la carrocería, la sensación es casi de ir suspendido en el aire, avanzando sin esfuerzo y sin resistencia. Como si el aire no fuese un obstáculo, sino algo por lo que el coche se desliza.

Prueba Hyundai Ioniq 6 / Edgar Vivó
Esa es, para mí, la gran personalidad del Ioniq 6. No es solo que sea cómodo, que lo es. No es solo que sea estable, que también. Es que tiene una manera de rodar muy limpia, muy fluida, muy fina. Vas rápido sin darte cuenta, con una calma que impresiona, porque todo sucede sin vibraciones, sin ruido y sin sensación de esfuerzo.
En carretera abierta es donde más se disfruta. La pisada es muy buena, el coche va muy asentado y transmite mucha confianza. Tiene ese aplomo de berlina grande, pero al mismo tiempo no se siente torpe ni pesado. La dirección acompaña bien, la suspensión filtra a la perfección y el conjunto invita a viajar. Es de esos coches con los que los kilómetros pasan sin darte cuenta.
325 CV que sobran, pero que se agradecen
La unidad probada monta dos motores eléctricos, ofrece tracción total y 325 CV de potencia. Sobre el papel es una cifra seria, pero al volante no se siente como una exageración. En ciudad, el Ioniq 6 se mueve con mucha suavidad. El acelerador se puede dosificar con facilidad y, pese a ser un coche grande, no resulta incómodo. Evidentemente, sus casi cinco metros están ahí, pero la respuesta inmediata del sistema eléctrico ayuda a moverlo con ligereza. En incorporaciones, rotondas o cambios de ritmo, sale con una facilidad que hace que todo parezca más sencillo.

Prueba Hyundai Ioniq 6 / Edgar Vivó
Pero donde más sentido tienen esos 325 CV es en carretera. Las recuperaciones son muy buenas. Pisando a fondo, el coche sale disparado con esa contundencia tan característica de los eléctricos potentes: sin esperar a que baje una marcha, sin ruido, sin esfuerzo. Simplemente empuja. Y mucho, además. No diría que sea un deportivo puro, porque su enfoque sigue siendo el de una berlina cómoda y eficiente, pero sí tiene un tacto bastante dinámico. Además, para eso ya está el Inoq 6 N.
Se nota que el chasis admite una conducción alegre. En curva rápida va muy sujeto, la tracción total aporta seguridad y el coche permite mantener ritmos altos con una facilidad sorprendente. No se descompone, no flota y no transmite esa sensación de masa mal controlada que sí aparece en otros eléctricos grandes. Por eso se entiende perfectamente que Hyundai haya apostado por versiones más deportivas sobre esta base. El coche tiene margen. Mucho más del que parece cuando lo ves parado.
El diseño cumple su función
Normalmente, cuando hablamos de diseño aerodinámico, parece que estamos hablando de cifras, coeficientes y datos de ficha técnica. En el Ioniq 6 no. Aquí la aerodinámica se siente.
Se percibe en el silencio a alta velocidad, en la estabilidad, en la facilidad con la que mantiene cruceros de autovía y en esa sensación de que el coche avanza sin pelearse con el aire. Eso cambia mucho la experiencia de conducción. Hace que el viaje sea más relajado, que el habitáculo parezca mejor aislado y que el consumo se mantenga en cifras razonables para un coche de este tamaño y potencia.

Prueba Hyundai Ioniq 6 / Edgar Vivó
Y ahí es donde empiezas a perdonarle esa estética tan peculiar. Porque entiendes que no es un capricho de diseño. Las formas tienen una razón de ser. El frontal bajo, la caída del techo, la parte trasera, los tiradores integrados, las llantas y hasta los retrovisores digitales responden a esa misma idea: reducir resistencia y ganar eficiencia.
A todo esto ayuda el que para mí es el punto más desfavorable del coche: los retrovisores digitales exteriores. Entiendo perfectamente su función. Ayudan a mejorar la aerodinámica, reducen volumen exterior y encajan muy bien con el planteamiento tecnológico del coche. Pero en el uso diario no me han terminado de convencer. Cuesta acostumbrarse a mirar dentro del habitáculo en lugar de hacerlo hacia fuera. También cuesta interpretar bien las distancias en las pantallas. No es que funcionen mal, ni mucho menos, pero no resultan tan naturales como unos retrovisores convencionales. Requieren adaptación y, personalmente, no siento que la ventaja compense tanto.
Grande por fuera, y aprovechable por dentro
Aunque la carrocería tiene una caída muy marcada y una silueta casi de coupé, el interior es bastante funcional. La gran batalla se nota muchísimo, sobre todo detrás. Hay mucho espacio para las piernas y el piso plano ayuda a que las plazas traseras sean más cómodas. Es un coche en el que se puede viajar de verdad, no solo por confort de marcha, sino también por amplitud.

Interior del Hyundai Ioniq 6 / Hyundai
Delante, la postura de conducción me ha gustado. Vas más bajo que en la mayoría de eléctricos actuales, más integrado en el coche, y eso ayuda a conectar mejor con lo que pasa. El salpicadero es moderno, con doble pantalla, mandos bastante claros y un ambiente tecnológico sin resultar excesivamente complicado.
El maletero, eso sí, no es su punto más brillante. Tiene capacidad suficiente para un uso normal, pero la boca de carga no resulta tan práctica como la de un cinco puertas. Es una de las concesiones de su diseño. No arruina el conjunto, pero conviene tenerlo en cuenta si se busca un coche familiar con la máxima practicidad.
Un eléctrico diferente
El Hyundai Ioniq 6 325 CV Energy AWD me ha gustado mucho. Sobre todo, me ha gustado conducirlo. Es un coche que demuestra que un eléctrico no tiene por qué limitarse a acelerar fuerte y ofrecer una gran pantalla. Aquí hay una personalidad clara, una forma de rodar distinta y una sensación muy marcada de eficiencia real.
No es perfecto. Los retrovisores digitales no me convencen y el maletero podría ser más práctico. Pero todo lo demás encaja muy bien: potencia, silencio, estabilidad, espacio, confort y una aerodinámica que no solo está en el diseño, sino en la experiencia.

Prueba Hyundai Ioniq 6 / Edgar Vivó
El Ioniq 6 es de esos coches que empiezas mirando con dudas y terminas entendiendo al volante. Y eso tiene mucho valor. Porque cuando un coche consigue que su diseño, su tecnología y su conducción cuenten la misma historia, deja de ser simplemente un eléctrico más.
Por cierto, pese a tratarse de un eléctrico no hemos hablado en ningún momento de autonomía. Y eso es porque pese a tener unos más que notables 650 kilómetros, según la ficha técnica, en este caso nos parecía algo secundario teniendo en cuenta la excepcionalidad de su comportamiento en carretera.
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