Opinión
José Correia (Anesdor): La neutralidad tecnológica es la llave para un futuro sostenible y abierto en la movilidad europea
El director general de Honda Motorcycles Iberia y presidente de Anesdor defiende la convivencia de distintas energías para lograr una descarbonización justa

La neutralidad tecnológica: la llave para un futuro sostenible y abierto en la movilidad europea / Honda
José Correia es una de las voces más autorizadas para analizar los desafíos de la movilidad en la península, gracias a su doble responsabilidad como director general de Honda Iberia y presidente de ANESDOR. Desde esta posición, Correia reflexiona, entre otras cosas, sobre la urgencia de abordar la descarbonización con pragmatismo y rigor técnico.

José Correia, director general de Honda Iberia y presidente de ANESDOR / Neomotor
Quienes trabajamos cada día en el mundo de la moto conocemos bien la rapidez con la que está cambiando la movilidad en Europa. Las ciudades evolucionan, las necesidades de los usuarios también, y las soluciones que ofrecemos deben acompañar esa transformación sin perder de vista el objetivo común de avanzar hacia una movilidad más limpia y sostenible. La descarbonización es un reto inaplazable, pero también una oportunidad extraordinaria para innovar y construir un modelo de transporte que sea accesible, realista y equilibrado.
En este escenario, la neutralidad tecnológica se convierte en un principio básico para garantizar una transición justa. La electrificación desempeñará un papel fundamental en los próximos años, pero debe convivir con otras soluciones que avanzan con fuerza, como los combustibles sintéticos, los biocombustibles avanzados, el hidrógeno renovable o tecnologías emergentes que pueden complementar al vehículo eléctrico y acelerar la descarbonización sin obligar a los usuarios a seguir un único camino tecnológico. En el caso de la moto, este enfoque no es solo conveniente sino necesario.
La moto es un vehículo especialmente eficiente. Su reducido peso, su bajo consumo energético y su excelente desempeño en entornos urbanos le permiten contribuir de forma significativa a la reducción de emisiones. En España, las motos representan el 15,8% del parque de vehículos, pero su contribución a las emisiones de CO₂ es inferior al 1,9%. En lo referente a la calidad del aire, apenas suponen el 0,64% del NOx y el 1,28% tanto de las partículas, según datos del Ministerio para la Transición Ecológica de 2025. Sin embargo, hasta ahora las regulaciones no siempre han tenido en cuenta esta realidad.
En este contexto, el giro que estamos viendo en la Unión Europea es especialmente relevante, con medidas como la decisión de eximir a las motocicletas de la prohibición de vender motores de combustión a partir de 2035. La medida reconoce la particularidad de este tipo de vehículos: sus patrones de uso, sus características técnicas y su aportación a la movilidad urbana requieren un enfoque regulatorio propio, coherente con su papel real en el sistema de transporte europeo.
En un discurso reciente, la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, destacó la importancia de reforzar la neutralidad tecnológica en la regulación de emisiones de CO₂. Su mensaje coincidió con las observaciones de la industria sobre la necesidad de aplicar este principio de forma coherente, como ya reconoce la propia Brújula de Competitividad de la UE. Plataformas europeas han señalado que la neutralidad tecnológica permite aprovechar el potencial de innovaciones como los combustibles renovables y evita excluir soluciones que pueden acelerar la reducción de emisiones.
Del mismo modo, el informe elaborado por Mario Draghi para la Comisión Europea insiste en recuperar este enfoque en la revisión del paquete Fit for 55, apelando a la importancia de la previsibilidad regulatoria, la competitividad industrial y la coherencia entre objetivos ambientales y económicos. Ese diagnóstico no puede llegar en un momento más oportuno.
Incluso las medidas más recientes anunciadas por Bruselas, que incluyen revisiones de estándares de CO₂, actualización del etiquetado ambiental y nuevas orientaciones sobre movilidad limpia, apuntan hacia una política más amplia y pragmática, capaz de integrar distintas vías tecnológicas y de adaptarse a la diversidad del parque móvil europeo. Para lograrlo, es imprescindible que todas las administraciones cuenten con criterios técnicos claros y actualizados, algo que no siempre ocurre en la práctica
Como ejemplo, en España muchos ayuntamientos aplican en sus Planes de Movilidad Urbana Sostenible los mismos criterios a motos y coches porque desconocen que sus etiquetas ambientales no significan lo mismo. La coincidencia en colores y letras ha llevado a decisiones que tratan ambas categorías como equivalentes, pese a responder a normativas y parámetros técnicos diferentes. Esta falta de rigor -comprensible en un ciudadano, pero difícil de justificar en el regulador- demuestra que sin una comprensión precisa de lo que se legisla es imposible construir políticas públicas coherentes.
Como referencia, los scooters urbanos más populares (125 cc) consumen entorno a dos litros por cada cien kilómetros. Las emisiones de las motos actuales, Euro 5+, que reciben la etiqueta ambiental C, son de media significativamente inferiores a las de los turismos con etiqueta ECO: un 62% menos de CO, un 89% menos de NOx y un 75% menos de partículas.
Estos datos confirman que la moto es el vehículo motorizado con la menor huella ambiental y evidencian la incoherencia de equiparar categorías distintas bajo etiquetas visualmente idénticas. O bien todos los vehículos se evalúan con los mismos parámetros y las etiquetas pasan a significar lo mismo, incorporando las adaptaciones necesarias para las motos, o la Administración asume y aplica una diferenciación real entre categorías.
A esto se suma otro hecho que no podemos ignorar. En países como España, el parque de vehículos está muy envejecido y en el caso de las motocicletas, la edad media se sitúa en torno a los 18 años. Renovarlo es esencial para reducir emisiones y mejorar la seguridad vial. Y esa renovación solo será viable si los usuarios tienen acceso a distintas tecnologías, todas capaces de contribuir a la descarbonización de una forma compatible con sus necesidades y posibilidades económicas reales.
La neutralidad tecnológica no es un freno a la electrificación. Es la garantía de que la movilidad del futuro será sostenible, accesible y equilibrada. Y en ese futuro, la moto tiene mucho que aportar.
Europa necesita ambición, sí, pero también sensatez. Y la neutralidad tecnológica es el puente entre ambas cosas.
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