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Motos

Down to Africa: “Kasada ta rayuwata”

Tres amigos, tres motos y un sueño: cruzar África de norte a sur para vivir la aventura de sus vidas

Tres amigos, tres motos y un sueño: cruzar África de norte a sur

Tres amigos, tres motos y un sueño: cruzar África de norte a sur / Down to Africa

Sergi Mejías

Sergi Mejías

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“Kasada ta rayuwata”. Que traducido del hausa, lengua que se habla en países como Nigeria, Níger, Ghana o Camerún, significa ‘la aventura de mi vida’. Así resumirían Álex Costa, Lucas Poch y Pablo Poch lo que ha supuesto Down to Africa, una expedición en moto de Barcelona al Cabo de Buena Esperanza que quedará marcada para siempre en sus corazones y en las cubiertas de sus neumáticos. Un viaje de 23.367 kilómetros, 20 países y 90 días de pura vida sobre dos ruedas.

Porque esto no va solo de cruzar fronteras. Esto va de cruzar límites personales, mentales y físicos. De enfrentarse a carreteras a 48 grados en Mauritania, a más de 35 pinchazos y a las incertidumbres de los controles militares en Camerún. De perder 9 kilos por el camino, de empujar motos sin motor en Ghana y de dormir en lugares donde el silencio solo lo rompían los rugidos de la sabana africana. Esto va de vivir, y de vivir intensamente.

Álex Costa, Lucas Poch y Pablo Poch, los protagonistas de la expedición en moto de Barcelona al Cabo de Buena Esperanza

Álex Costa, Lucas Poch y Pablo Poch, los protagonistas de la expedición en moto de Barcelona al Cabo de Buena Esperanza / Down to Africa

De un sueño en una cena a la ruta de sus vidas

Todo comenzó como tantas historias memorables: alrededor de una mesa, con cerveza en mano y mapas sobre la mesa. Inspirados en los viajes de sus padres por la propia áfrica y por la mítica ‘Operación Impala’. Lo que empezó como una idea alocada entre amigos, fue tomando forma, dirección y gas. Pronto, el plan de recorrer África en moto se convirtió en un proyecto sólido: una ruta de más de 23.000 kilómetros, dividida en tres etapas, atravesando desiertos, selvas, montañas y costas.

Lo que no sabían es que África los cambiaría para siempre.

La ruta estuvo dividida en tres etapas, con más de 23.000 kilómetros

La ruta estuvo dividida en tres etapas, con más de 23.000 kilómetros / Down to Africa

Tres motos, un objetivo y ningún plan perfecto

La elección de las motos no fue casual: tres Royal Enflield Himalayan 450, porque si algo debía ser fiable era la montura. Y no fallaron. Aunque tuvieron trabajo antes de conseguir que una marca de motos creyera en su proyecto, pero la firma india lo vio claro; y su recompensa están teniendo.

Las Himalayan demostraron estar a la altura incluso cuando el terreno decía lo contrario. Porque África no perdona, pero también regala momentos mágicos: una pista entre baobabs, una puesta de sol en la isla de Kubu (Botswana), el cruce del río Congo en ferry improvisado, una noche bajo las estrellas en el Parque Nacional Iona (Angola).

Los tres amigos aprendieron rápido que el camino manda. Y que en África no siempre puedes prever qué te espera tras la siguiente curva: puede ser un control militar no oficial, un niño saludando con una sonrisa sincera, o una pista completamente desaparecida por las lluvias.

La elección de las motos no fue casual: tres Royal Enflield Himalayan 450

La elección de las motos no fue casual: tres Royal Enflield Himalayan 450 / Down to Africa

El Norte: arena, contrastes y cultura

La ruta comenzó fuerte: Marruecos, Sahara Occidental, Mauritania… Conducir por el Sahara no es simplemente desafiante, es entrar en una dimensión donde el calor es un enemigo constante y la orientación un acto de fe. Con temperaturas que alcanzaron los 48ºC y jornadas donde la única sombra era la de sus propias motos, cruzar el norte fue la primera gran prueba de fuego.

Mauritania les ofreció una de las imágenes más duras del viaje, una carretera infinita sin margen de error, donde la línea entre avanzar y quedarse tirado era tan fina como un neumático de tacos desgastado; Aquí los Metzeler Karoo 4 se portaron. Pero también les regaló atardeceres que valen más que cualquier hotel de lujo.

Conducir por el Sahara no es simplemente desafiante, es entrar en una dimensión donde el calor es un enemigo constante y la orientación un acto de fe

Conducir por el Sahara no es simplemente desafiante, es entrar en una dimensión donde el calor es un enemigo constante y la orientación un acto de fe / Down to Africa

África Occidental: barro, música y humanidad

Senegal, Costa de Marfil, Guinea, Ghana, Nigeria… la travesía por África Occidental fue un cóctel de emociones: hospitalidad inigualable, mecánica improvisada y caminos que más que caminos eran trincheras abiertas. Dormir con el casco bajo la almohada en alguna aldea remota, compartir comida con familias enteras, pasar la noche entera tratando de reparar una cadena rota con alambre… Aquí es donde el viaje dejó de ser aventura para convertirse en una lección de vida.

El momento crítico llegó en Nigeria: una pista de montaña se convirtió en un infierno de barro y caídas —la famosa trialera de Gembu—, mientras que los controles militares añadieron tensión a cada avance. Y sin embargo, también fue aquí donde vivieron la magia del continente: una noche bajo la lluvia en Camerún, rodeados de niños que bailaban al ritmo de un altavoz portátil, recordándoles que la felicidad no necesita WiFi ni cobertura.

La travesía por África Occidental fue un cóctel de emociones: hospitalidad inigualable, mecánica improvisada y caminos que más que caminos eran trincheras abiertas

La travesía por África Occidental fue un cóctel de emociones: hospitalidad inigualable, mecánica improvisada y caminos que más que caminos eran trincheras abiertas / Down to Africa

El Sur: naturaleza salvaje y la meta final

La última etapa los llevó por Angola, Namibia, Botswana, Zimbabwe y, finalmente, Sudáfrica. Y fue en esta parte del viaje donde la naturaleza mostró todo su esplendor: elefantes cruzando delante de las motos, jirafas que los observaban como si fueran parte del paisaje, lluvias que convertían pistas en ríos y cielos tan estrellados que dolía mirarlos.

En Botswana, la noche en Kubu Island, rodeados de salinas y baobabs, fue uno de esos momentos que marcan para siempre. En Angola, el Parque Nacional de Iona les dio una mezcla de belleza y riesgo: sin gasolina, con una cadena de la moto rota, sin cobertura, sin mapa fiable. Pero con una determinación que pesaba más que cualquier bidón de combustible.

Y entonces llegó. El Cabo de Buena Esperanza. Las motos habían resistido. Ellos también. Frente al océano, las palabras sobraban. Solo quedaba abrazarse, mirar al horizonte y entender que ese punto en el mapa era solo un símbolo. La verdadera meta estaba detrás: en cada persona conocida, en cada miedo superado, en cada día en que dijeron “sigamos”.

Lecciones desde el manillar

Down to Africa no ha sido una carrera ni una prueba de resistencia. Ha sido un viaje emocional, espiritual y humano. Una forma de mirar el mundo desde la altura justa: el asiento de una moto. Porque cuando conduces por África, lo haces con los cinco sentidos alerta, el alma abierta y el corazón acelerado.

Los tres amigos vuelven con la convicción de que la aventura no terminó en el Cabo. Sigue viva en cada charla, cada imagen y cada historia compartida. Y quizás, en un futuro, inspire a otros a romper sus propios límites, subirse a una moto y perderse por un tiempo, solo para encontrarse.

Los tres amigos vuelven con la convicción de que la aventura no terminó en el Cabo

Los tres amigos vuelven con la convicción de que la aventura no terminó en el Cabo / Down to Africa

El documental: la historia continúa

Esta aventura no quedará solo en recuerdos. Un documental en producción recogerá cada etapa, cada pinchazo, cada sonrisa y cada lágrima, con el objetivo de mostrar que África no es un lugar inhóspito ni inaccesible, sino un continente que te recibe con los brazos abiertos… si vas con respeto, humildad y el corazón dispuesto a aprender.

“Kasada ta rayuwata” no es solo el título del viaje. Es el grito de quienes se atrevieron a vivir de verdad. Y al final, cuando apagas el motor tras recorrer 23.367 kilómetros, entiendes que la mayor recompensa no es la meta… es el camino. Y si te quedas con ganas de más te recomiendo que escuches los capítulos dedicados a esta aventura en el poadcast ‘Meke Pod – Historias de Ruta’.