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Desguaces

¿Sabes cómo se recicla un coche eléctrico? El reto detrás del auge de la movilidad eléctrica

El auge de los coches eléctricos en España ha traído consigo un nuevo desafío: su reciclaje, que cambia bastante en comparación con el de los coches térmicos.

Baterías en  la planta de ensamblaje de aterías de Seat S.A. en Martorell

Baterías en la planta de ensamblaje de aterías de Seat S.A. en Martorell / Seat

Andrea Gil Modrego

Andrea Gil Modrego

Zaragoza
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El auge del vehículo eléctrico en España parece que se va consolidando. En 2024 se matricularon 58.675 turismos 100% eléctricos, y si se incluyen híbridos enchufables y otros vehículos electrificados, la cifra alcanza 133.699 unidades, según datos de Movilidad Eléctrica, EV Renting y Eranovum. En 2025, el crecimiento solo del coche eléctrico fue del 77% en comparación con 2024, más de 100.000 unidades matriculadas, y los PHEV crecieron un 111%, sumando en tre ambas motorizaciones 225.000 unidades.

Sin embargo, este avance plantea nuevos retos para el sector del reciclaje y desguace. Cada año se dan de baja en España más de 700.000 coches y los eléctricos rompen los esquemas tradicionales de gestión de vehículos al final de su vida útil. Sus componentes, especialmente las baterías y motores eléctricos, requieren procesos más complejos, especializados y costosos que los vehículos de combustión, ha explicado la Red Oficial de Desguaces españoles, RO-DES.

La legislación actual, como el Real Decreto 20/2017, obliga a reciclar al menos el 85% de los componentes de todos los vehículos en Centros Autorizados de Tratamiento (CAT), pero no todos están plenamente adaptados para gestionar los desafíos específicos de los eléctricos.

Cómo se recicla un coche eléctrico en España

El proceso de reciclaje de un coche eléctrico es más técnico que el de un vehículo tradicional y se realiza generalmente en CAT adaptados. Sus fases principales son:

  • Descontaminación: se extraen todos los líquidos y gases que podrían resultar peligrosos para la salud o el medio ambiente, como líquido de frenos, refrigerante u otros compuestos químicos. Aunque los eléctricos no utilizan aceite de motor, esta etapa sigue siendo crítica.
  • Despiece y recuperación de piezas: se extraen componentes que pueden tener una segunda vida, como puertas, faros, cableado, elementos interiores o motores eléctricos. Una parte significativa se reacondiciona y se comercializa como recambio, reduciendo la necesidad de fabricar nuevos componentes.
  • Fragmentación y separación de materiales: los restos del vehículo se fragmentan y prensan. Materiales como acero, aluminio y cobre se separan y se envían a la industria metalúrgica para su fundición y reutilización, recuperando así recursos de alto valor y reduciendo la huella de carbono.
  • Tratamiento de baterías: las baterías de litio son el componente más delicado. Pueden contener hasta 400 kg de materiales críticos como litio, cobalto, níquel o manganeso. Su reciclaje exige procesos especializados para evitar incendios, fugas o emisiones tóxicas, y solo se recicla alrededor del 5 % de las baterías a nivel mundial. En España ya se están implantando plantas piloto y tecnologías que permiten recuperar hasta el 95 % de sus materiales, además de darles una segunda vida en almacenamiento energético o usos industriales.

El gran reto

El reciclaje de coches eléctricos presenta varios retos técnicos y logísticos y, como el lector puede anticipar, uno de los elementos que más problemas puede dar es la batería. Las baterías de alta tensión requieren protocolos específicos, trazabilidad completa y manejo seguro a la hora de ser recicladas. Lo mismo pasa con los motores eléctricos, especialmente los de imanes permanentes, que utilizan tierras raras como neodimio y disprosio, difíciles de reciclar.

Al mismo tiempo, la infraestructura es insuficiente. Ro-Des avisa de que, aunque hay más de 1.000 CAT en España, no todos cuentan con la tecnología para tratar vehículos eléctricos de forma segura y eficiente. Como subraya Esteban Alabajos, director de Ro-Des, “en el futuro, dar de baja un vehículo no debería significar el final de su utilidad, sino el comienzo de un nuevo ciclo. Esa es la verdadera esencia de la economía circular aplicada a la automoción”.