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Historias del motor

Así se desarrolló el Bugatti Veyron: el coche que desafió las reglas de la física

Loris Bicocchi, piloto de pruebas en el desarrollo del Veyron, recuerda los retos y la responsabilidad de poner a punto al primer hiperdeportivo en superar los 400 km/h

Test de desarrollo del Bugatti Veyron

Test de desarrollo del Bugatti Veyron / Bugatti

Edgar Vivó

Edgar Vivó

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El Bugatti Veyron inauguró una categoría completamente nueva en la automoción al ser el primer coche de producción capaz de superar los 1.000 CV y alcanzar más de 400 km/h, una cifra que sonaba casi a ciencia ficción cuando empezó el proyecto hace más de 20 años.

Uno de los protagonistas de esta historia es Loris Bicocchi, especialista en pruebas de alta velocidad y parte esencial del desarrollo del modelo. Para él, aquella etapa no fue solo un trabajo técnico, sino un desafío personal.

Loris Bicocchi fue el piloto de pruebas del Bugatti Veyron

Loris Bicocchi fue el piloto de pruebas del Bugatti Veyron / Bugatti

Cuando recibió la llamada en 2001 para sumarse al nuevo proyecto de Bugatti, Bicocchi ya tenía experiencia con la marca, tras haber participado en los ensayos de los EB110 GT y EB110 SS en los años 90. Pero esto era distinto: se trataba de umáquina con un motor de 16 cilindros y 1.001 CV, capaz de alcanzar los 400 km/h.

La primera toma de contacto con el coche fue en el circuito de Michelin en Ladoux, donde le entregaron un prototipo bicolor rojo y negro. “Todos estábamos asombrados por lo que ya era capaz de hacer el coche”, recuerda. En ese momento, el Veyron entregaba el doble de potencia que cualquier otro modelo de producción. Para Bicocchi, acostumbrado a máquinas extremas, no había precedentes. “No sabía qué esperar. No me atreví a pisar a fondo. Era tan impresionante que costaba explicarlo”, afirma. “Entendías al instante lo que este coche representaba”.

Test de desarrollo del Bugatti Veyron

Test de desarrollo del Bugatti Veyron / Bugatti

Era una expedición a lo desconocido. Superar los 400 km/h implicaba replantear desde cero la aerodinámica, el control de la estabilidad y el sistema de frenado. Según el propio Bicocchi, a partir de 300 o 320 km/h, todo cambia. “Cada detalle cuenta. Tuve que resetear todas mis referencias, porque el Veyron no se parecía a nada que hubiera probado antes”.

Más allá del rendimiento, había un objetivo igual de ambicioso: que cualquier persona, no solo pilotos profesionales, pudiera conducirlo con seguridad y confianza. Esa responsabilidad, dice Bicocchi, era enorme. Pero también lo fue el trabajo en equipo. Ingenieros, técnicos, especialistas de distintas áreas... Todos aprendían sobre la marcha mientras daban forma a un coche que nunca antes había existido. “Fue un equipo en 360 grados. Hicimos historia juntos”, afirma.

Uno de los momentos más intensos fue en la pista de Ehra-Lessien, cuando se le pidió que acelerara a fondo y luego frenara por completo… por encima de los 400 km/h. “Fue estresante e increíble al mismo tiempo. Cuando lo consigues y todo el equipo viene a tu encuentro, sientes que formas parte de una familia, de algo histórico”.

Prueba en nieve con el Bugatti Veyron

Prueba en nieve con el Bugatti Veyron / Bugatti

El Veyron marcó un antes y un después, no solo por sus cifras, sino por lo que representó para la industria. Para Bicocchi, la clave está en su atemporalidad. “Un Bugatti debe ser eterno. Cuando ves sus líneas y lo que transmiten, sabes que no pertenecen a una época concreta. Por eso Bugatti es especial”. El Bugatti Veyron no solo fue el coche que desafió los límites de la ingeniería. Fue, y sigue siendo, el coche que convirtió lo imposible en realidad.

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