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Falcon’s Flight supera a Ferrari como la montaña rusa más extrema del mundo
Con 250 km/h de velocidad punta y una altura de casi 200 metros, la nueva atracción récord deja atrás a Formula Rossa de Abu Dabi

Falcon´s flight / Neomotor

Un recorrido de 4.250 metros, una aceleración de 0 a 240 km/h en aproximadamente 4,9 segundos y una velocidad punta de 250 km/h. Cualquiera pensaría que estamos hablando de una experiencia en circuito con un superdeportivo, pero lo cierto es que estamos hablando de una montaña rusa que se inauguró el 31 de diciembre de 2025 en parque de atracciones Six Flags Qiddiya City, cerca de Riad. Se llama Falcon’s Flight y no solo es la más rápida, también es la más alta y más larga del mundo.
Sus cifras en movimiento parecen sacadas directamente del mundo del motor más extremo. Los 250 km/h que alcanza son la misma velocidad a la que están limitados muchos deportivos de altas prestaciones. Hasta ahora, ese territorio tenía un nombre propio: Formula Rossa, la emblemática montaña rusa de Ferrari, durante años referencia absoluta en velocidad. Falcon’s Flight no solo la ha superado, sino que lo ha hecho en todos los frentes, marcando un nuevo techo en prestaciones, tamaño y sensaciones. Por cierto su nombre hace referencia al halcón peregrino, el ave más rápida del mundo, con una velocidad punta de 389 km/h al caer en picado sobre sus presas.
La diferencia fundamental entre un superdeportivo y Falcon’s Flight es que aquí no hay carrocería alrededor ni sensación de control. El cuerpo va completamente expuesto a la velocidad, con el viento y el entorno formando parte de la experiencia. A esas cifras, el aire deja de ser un simple acompañante y se convierte en un factor clave, algo que explica por qué cada fila del tren incorpora su propio parabrisas aerodinámico, diseñado para desviar el flujo de aire y proteger a los pasajeros incluso cuando se circula a más de 200 km/h en pleno desierto, con arena en suspensión.

Parque de atracciones Six Flags Qiddiya City / Neomotor
La comparación con el mundo del motor no se queda solo en la velocidad. Falcon’s Flight alcanza una altura máxima cercana a los 195 metros, convirtiéndose en la primera montaña rusa en superar la barrera de los 600 pies y estrenar oficialmente la categoría conocida como Exa Coaster. Es un salto de escala que, llevado al automóvil, sería como pasar de los hiperdeportivos a una categoría completamente nueva, sin referencias previas.
La experiencia tampoco se reduce a un acelerón puntual. Su longitud, con 4,25 kilómetros, la sitúa en una dimensión más cercana a la de un circuito que a la de una atracción convencional, cuadruplicando el tamaño habitual de una montaña rusa y prácticamente duplicando el anterior récord mundial. Aquí no se trata de un único momento de adrenalina, sino de mantener la tensión durante todo el recorrido.
Para lograrlo, Falcon’s Flight utiliza tres impulsos magnéticos LSM repartidos estratégicamente a lo largo del trazado. Bajo la vía trabajan más de 700 motores lineales, una cifra descomunal que permite acelerar el tren de forma progresiva y constante. Gracias a este sistema, pasar de parado a 240 km/h en menos de cinco segundos deja de ser un dato anecdótico y se convierte en una experiencia sostenida, algo que solo está al alcance de coches de competición o de máquinas pensadas exclusivamente para correr en línea recta.

Falcon´s flight / Neomotor
Las sensaciones, eso sí, son distintas a las de cualquier coche. En un superdeportivo o en un monoplaza, el conductor gestiona la aceleración, la frenada y las fuerzas laterales. En Falcon’s Flight no hay margen de decisión. El cuerpo recibe todo de golpe: empujes constantes contra el asiento, compresiones muy marcadas en los cambios de rasante y momentos prolongados de ingravidez que no existen en la conducción convencional. Su caída de unos 160 metros, aprovechando un acantilado natural, es el mejor ejemplo, con varios segundos de auténtica sensación de vacío que ningún coche puede replicar.
El ritmo del recorrido también marca la diferencia frente a otras montañas rusas extremas. No es una atracción que lo apueste todo a un único récord ni a un solo lanzamiento. Durante algo más de tres minutos de viaje, mantiene la tensión con una sucesión continua de aceleraciones, cambios de altura y variaciones de velocidad, algo más parecido a enlazar curvas rápidas sin descanso que a un simple sprint a fondo. Las fuerzas G que se experimentan en algunos puntos son comparables a las que soportan pilotos profesionales de MotoGP o Fórmula 1, aunque aquí no haga falta entrenamiento previo ni cuello reforzado a base de gimnasio.
También hay decisiones de diseño pensadas claramente para reforzar las sensaciones. Falcon’s Flight utiliza barras de seguridad sobre el regazo, en lugar de arneses superiores, algo poco habitual en atracciones de esta magnitud. El objetivo es ofrecer mayor libertad de movimiento y acentuar esa sensación de flotabilidad, muy distinta a la de ir encajonado, y más cercana a la experiencia física que transmite un coche radical cuando se le exige al máximo.
En conjunto, Falcon’s Flight no pretende sustituir a un superdeportivo ni a una experiencia en circuito. Pero sí demuestra que las cifras y sensaciones que asociamos al motor más extremo también pueden vivirse de otra manera.