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Coches eléctricos

Esta Navidad, el nuevo conflicto familiar no está en la mesa, está en el garaje

La Navidad siempre ha sido terreno de pequeños conflictos domésticos, como quién se sienta al lado de quién, cuánto dura la sobremesa o si el jamón se corta demasiado fino. Este año, sin embargo, a la lista se suma un nuevo protagonista inesperado: el coche eléctrico.

Una encuesta de Ford desvela que muchos anfitriones no estarían contentos ante esta petición.

Una encuesta de Ford desvela que muchos anfitriones no estarían contentos ante esta petición. / Freepik

Andrea Gil Modrego

Andrea Gil Modrego

Zaragoza
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La Navidad siempre se ha caracterizado por pequeñas tensiones domésticas, pero este año a la lista se suma una nueva y silenciosa: qué hacer cuando un invitado pide cargar su coche eléctrico en casa. Un estudio de Ford revela que, entre la buena educación y el fastidio contenido, el garaje se ha convertido en el nuevo escenario del protocolo familiar navideño.

A través de Censuswide, Ford ha preguntado a 532 conductores de vehículos eléctricos en Europa qué opinan sobre que un familiar les pida cargar el coche eléctrico en su punto de carga doméstico, aprovechando tanto el rato de la cena como el de la comida de estas fechas señaladas. Y la simple “solicitud de recarga” amenaza con convertirse en la chispa (nunca mejor dicho) de más de una tensión silenciosa.

Los datos hablan claro: más de uno de cada cinco anfitriones (21%) reconoce que le molestaría, aunque no lo diga, que un invitado le pida enchufar su vehículo eléctrico en casa. Todo ello, en plena época de generosidad, villancicos y buenas intenciones… al menos en teoría. Mientras las mesas se llenan de polvorones, algunos enchufes empiezan a mirarse con recelo.

Buena voluntad por fuera, resentimiento por dentro

El estudio retrata un curioso equilibrio navideño entre la cortesía exterior y el fastidio interior. La mayoría de los anfitriones aceptaría la petición, pero no sin cierto malestar. Porque una cosa es compartir mesa y otra muy distinta, compartir la electricidad.

Y el problema no es solo de un lado. Para los conductores de vehículos eléctricos, pedir una recarga en casa de otro se convierte en una situación social más incómoda que un debate de política en la sobremesa. De hecho, el 32% afirma que resulta más violento que pedir la contraseña del Wi-Fi y casi tan incómodo como preguntar cómo funciona la cadena del inodoro. Para un 17%, incluso es más embarazoso que admitir que han atascado el baño.

Pero la encuesta revela un giro inesperado: más de la mitad de los conductores de vehículos eléctricos en España (53%) admite que consideraría fingir una “emergencia de recarga” para escapar durante un rato del ajetreo familiar. Es la nueva versión del clásico “voy a dar una vuelta”, ahora con coartada sostenible. El coche eléctrico ya no solo sirve para moverse, sino también para escapar de debates políticos y villancicos repetidos.

Protocolo, educación… y llegar con la batería llena

Entonces, ¿cómo evitar que el enchufe arruine la paz navideña? El estudio apunta a soluciones sorprendentemente tradicionales. El 43% de los conductores asegura que prefiere llegar con la batería completamente cargada para no molestar, incluso si se les ofrece enchufe gratuito. Y cuando hay que pedir, las formas importan: el 41% de los anfitriones estaría más dispuesto a decir que sí si la petición se hace con educación.

En cuanto al agradecimiento, la opción mejor valorada es prometer un favor similar en el futuro (39%). Porque, al final, la Navidad también va de eso: hoy por ti, mañana por mí… y pasado mañana, por tu cargador.

Cuando la tecnología avanza más rápido que las normas sociales

Para la experta en protocolo María José González y Verdú, el fenómeno tiene toda la lógica del mundo. “La recarga de un coche eléctrico en casa ajena no es solo una cuestión práctica, sino simbólica”, explica en los resultados de esta encuesta elaborada por Ford. “Implica entrar en el espacio privado y en los recursos del otro, algo especialmente sensible en Navidad, cuando la convivencia ya está cargada de expectativas”.

Según la especialista, el conflicto no surge por mala intención, sino por la ausencia de normas claras ante situaciones nuevas. “Hace años el dilema era pedir el Wi-Fi; hoy lo es el enchufe. Cambian los objetos, pero no las reglas básicas: no dar nada por supuesto, pedir con respeto y agradecer siempre”.