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Unión Europea

El comisario Tzitzikostas regala buenas noticias al sector automovilístico, pero con condiciones

El comisario de Transportes de la Unión Europea se ha pronunciado sobre la viabilidad de los motores térmicos a pocos días de que la UE de un parecer definitivo

El comisario europeo de Transportes, Apostolos Tzitzikostas

El comisario europeo de Transportes, Apostolos Tzitzikostas / Comisión Europea

Andrea Gil Modrego

Andrea Gil Modrego

Zaragoza
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Todavía no hay que dar nada por sentado, pero las presiones de diferentes gobiernos y figuras de la industria de la automoción europea quizás hayan conseguido torcer la voluntad de la Unión Europea.

No es noticia que Bruselas adoptó la postura de terminar con la producción de motores térmicos en 2035, una decisión que ha recibido tanto críticas como alabanzas (aunque quizás algo más de las primeras). Y es que la electrificación forzosa no ha sido plato de buen gusto ni para consumidores ni para fabricantes.

Mantener los motores térmicos

No obstante, en torno al próximo 10 de diciembre, la Comisión Europea se comprometió a presentar su última revisión sobre estos objetivos para la reducción de emisiones dentro de las fronteras de la Unión. Y, por lo que parece, el resultado va a ser un regalo de Navidad adelantado para los fabricantes.

Según las declaraciones de Apostolos Tzitzikostas, el comisario europeo de Transportes, Bruselas está planteando mantener con vida los motores térmicos. Eso sí, con ciertas condiciones.

Tzitzikostas, en una entrevista con el medio alemán Handelsblatt, ha afirmado que la Unión Europea estaría abierta a todo tipo de tecnologías, es decir, todo tipo de motores en producción. Obviamente, estas declaraciones hay que aterrizarlas. Por ejemplo, la duda sobre la viabilidad de los motores híbridos, los favoritos de los españoles, recibiría una respuesta positiva bajo esta premisa.

Proteger la industra europea

No obstante, según lo declarado por Tzitzikostas, los combustibles sintéticos y e-fuels cobrarían un papel determinante, sobre todo respecto al futuro de los motores diésel. Y cabe señalar que todavía queda esperar a lo que, definitivamente, diga la Unión Europea.

Por lo que parece, las presiones recibidas en concreto por el gobierno de Alemania habrían sido recibidas con una buena predisposición por parte de Bruselas, siempre según las declaraciones Tzitzikostas. Este cambio en el pensamiento de la Unión Europea también responde a la necesidad de proteger la cadena de valor automotriz europea y, obviamente, a realizar una transición hacia la movilidad eléctrica que sea socialmente justa.

Sin embargo, estas declaraciones hay que analizarlas desde el prisma correcto, que no es otro que el de la apuesta de Bruselas por la electrificación, que no va a dejar de lado y que va a seguir impulsando en todo el entorno de la UE.