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Novedad

Opel Mokka GSE, mucho más que un eléctrico con pinta deportiva

Con 281 CV, un chasis específico y diferencial autoblocante, el nuevo Mokka GSE no solo es el más potente de Opel, también uno de los más divertidos de conducir

Opel Mokka GSE

Opel Mokka GSE / Edgar Vivó

Edgar Vivó

Edgar Vivó

Madrid
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Hablar del nuevo Opel Mokka GSE es hablar de un coche que poco tiene que ver con lo que entendemos por versión deportiva al uso. Aquí no se trata de añadir cuatro detalles estéticos o una parrilla más agresiva a un eléctrico convencional. Las siglas GSE suponen mucho más que eso en Opel. Es un trabajo a fondo, con mejoras reales que se notan desde el primer giro de volante. Y lo decimos con conocimiento de causa, tras probarlo en puerto de montaña y en el circuito del Jarama.

Opel Mokka GSE

Opel Mokka GSE / Edgar Vivó

A simple vista, el Mokka GSE ya transmite algo especial. Conserva el estilo del SUV urbano, pero añade detalles que delatan sus prestaciones: llantas de 20 pulgadas con neumáticos Michelin Pilot Sport EV, pinzas de freno en color amarillo firmadas por Alcon, parachoques con aires de rally e incluso la opción de capó negro.

Además se ha bajado la altura de la carrocería, se han incorporado amortiguadores hidráulicos específicos, y el centro de gravedad está mucho más cerca del asfalto gracias a la posición de la batería, que va montada en el piso. Todo eso se traduce en un comportamiento que nada tiene que ver con el del modelo convencional.

Opel Mokka GSE

Opel Mokka GSE / Edgar Vivó

Tuvimos la oportunidad de ponernos al volante del Mokka GSE en un tramo de montaña, y fue ahí donde empezamos a entender el cambio. La agilidad en cambios de apoyo, el aplomo al trazar curvas y, sobre todo, lo fácil que resulta llevarlo rápido en zonas revirada gracias a su aplomo y fidelidad de dirección son aspectos que destacan desde los primeros metros.

La dirección transmite bien lo que pasa en el asfalto, tiene buen peso y no se siente artificial. Pero lo que marca la diferencia es cómo entra en curva y cómo responde al volante. Aquí no hay inercias molestas ni balanceos. El coche se apoya con firmeza y sale disparado gracias a un par motor instantáneo de 345 Nm que empuja con ganas.

El diferencial lo es todo

Pero el verdadero punto de inflexión lo vivimos en el circuito del Jarama. Allí el Mokka GSE sacó a relucir su carácter más deportivo. Y fue en ese entorno donde más notamos el trabajo que Opel ha hecho con el diferencial autoblocante Torsen. Permite acelerar en plena curva sin que el coche se descontrole ni te lleve fuera de la trazada; al contrario, te ayuda a redondear el giro y mantenerte justo donde debes estar. Es una sensación más propia de un compacto deportivo que de un SUV eléctrico. El sistema de frenos también sorprende. Potente, dosificable y resistente a la fatiga. Nos permitió apurar frenadas con confianza, lo que en circuito significa ganar tiempo y, sobre todo, disfrutar sin miedo.

Opel Mokka GSE

Opel Mokka GSE / Opel

El motor eléctrico desarrolla 207 kW, equivalentes a 281 CV, lo que convierte al Mokka GSE en el Opel eléctrico de producción más potente hasta la fecha. El empuje es contundente pero a la vez lineal, y acelera de 0 a 100 km/h en 5,9 segundos. No son cifras de superdeportivo, pero combinadas con su chasis y su peso, permiten rodar a ritmo muy serio.

Cuenta con tres modos de conducción: Sport, Normal y Eco. En Sport entrega toda la potencia y ofrece una respuesta inmediata, ideal para exprimirlo en tramos exigentes. En Normal baja a 170 kW y mantiene los 345 Nm, mientras que en Eco prioriza la eficiencia con 140 kW y 300 Nm. La autonomía homologada es de hasta 336 km, gracias a una batería de 54 kWh.

Interior deportivo

El habitáculo también recibe su tratamiento específico. Destacan los asientos deportivos en Alcantara, con reposacabezas integrados, buena sujeción lateral y un diseño que recuerda al prototipo de rally. La pantalla digital personalizable de 10 pulgadas muestra datos de rendimiento, fuerza G, cronómetro y más. Todo con estética GSE.

El volante achatado de este Opel y los pedales de aluminio refuerzan la atmósfera deportiva, mientras que elementos como la calefacción de asientos, el volante calefactable y la carga inalámbrica del móvil aportan el confort necesario para el día a día.

El Opel Mokka GSE demuestra que la electrificación no está reñida con la deportividad. Es un coche que transmite, que invita a conducir y que responde como se espera de un deportivo. No solo corre. También frena, gira y tracciona con una eficacia que no es habitual en su segmento.