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Añorado Montseny

Coincidiendo con el 50º aniversario de la primera edición de la Carrera en Cuesta al Montseny, el Museu Etnològic, situado en la localidad gerundense de Arbúcies, conmemora el recuerdo de la que fue una de las carreras de referencia del Campeonato de Europ

JOSEP CASANOVAS / Arbúcies

En plena década de los 60, cuando en el panorama del automovilismo deportivo las carreras del mundial de resistencia tenían tanta notoriedad como los Grandes Premios  de fórmula 1, una tercera especialidad brillaba con luz propia en Europa: las carreras en cuesta. Y contagiado por el auge de esta especialidad, el RACC puso en marcha la subida al Montseny, cuya primera edición se disputó el día 26 de abril de 1964 sobre un recorrido de 15 km, en el que Juan Fernández venció al volante de un Porsche 904, a una media de 74,572 km/hora.

Propio del talante internacional de los catalanes y de la forma de hacer de la entidad organizadora, bastaron solo cuatro años para que la subida al Montseny fuera puntuable para el Campeonato de Europa, con la distancia de carrera incrementada a 16,3 kilómetros, la más larga del certamen. «Fue gracias al empeño de Salvador Fábregas, por aquel entonces presidente del RACC, para dar a conocer esta prueba a pilotos de fuera y convencerles de que vinieran», recuerda con emoción Fernández, quien repitió victoria absoluta en 1965 (Porsche 904) y 1982 (Lola T298-BMW).

Con el hecho de ser puntuable para el Campeonato de Europa llegaron los tres años más esplendorosos de la historia de la subida al Montseny. Era la época en que marcas como Porsche, Ferrari, BMW o Abarth tenían su equipo oficial y confiaban sus sport-prototipos a pilotos como  Gerhard Mitter, Ludovico Scarfiotti, Rolf Stommelen, Peter Schetty, Dieter Quester, Johanes Ortner o Arturo Merzario, mientras que Alfa Romeo y Ford pugnaban entre los turismos, con figuras como Ignazio Giunti, Spartaco Dini y Jochen Mass.

LA BARRERA DE LOS 100 Quienes tuvieron el privilegio de asistir a cuarta y quinta edición de la subida al Montseny vieron en acción los legendarios Porsche 910 Bergspyder, con uno de los cuales Mitter rompió en 1968 la barrera de los 100 km/hora de promedio. Al año siguiente, Peter Schetty, que posteriormente sería director deportivo de la Scuderia, imponía el Ferrari 212 E, rebajando en 18 segundos el anterior récord de Mitter y volando a una media de 106,215 km/hora. El título del suizo a final de temporada dio paso a una nueva era en la que los equipos oficiales fueron dando paso a los pilotos privados, armados, eso sí, de lo mejor que había en el mercado, tanto en sport-prototipos como en monoplazas, con los imbatibles fórmula 2. A partir de 1979 empezó el reinado de Mauro Nesti, quien se impuso siete veces en el Montseny, las seis últimas consecutivas, entre 1983 y 1988 y con el trazado reducido a 10,1 km para respetar unas reivindicaciones ecologistas que junto a diversas causas de otra índole pusieron punto final a la historia de esta prueba en 1989.

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