40 AÑOS EN EL MUNDIAL

Aspar: "Mis padres jamás vinieron al circuito a verme correr"

  • Jorge Martínez, tetracampeón del mundo de motociclismo, empezó a correr, a los 19 años, en mayo de 1982, en el Jarama y ahora cumple, en Mugello, cuatro décadas entre los grandes

  • "Tú puedes tener un don, tú puedes vivir con pasión tu sueño, pero solo puedes cumplirlo si hay mucha gente que te ayuda y yo he tenido mucha gente a mi lado", agradece el ídolo de Alcira

Jorge Martínez ’Aspar’ disfruta subiéndose a la GasGas de su pupilo Izan Guevara.

Jorge Martínez ’Aspar’ disfruta subiéndose a la GasGas de su pupilo Izan Guevara. / EMILIO PÉREZ DE ROZAS

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Emilio Pérez de Rozas
Emilio Pérez de Rozas

Periodista

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Inés y Vicente, mis padres, jamás, ¡nunca!, vinieron a verme correr”. Ve la moto de Izan Guevara y sus ojos (de pícaro) se disparan como faros de halógeno. Se sube y, nada más observarle poner las manos sobre los manillares, estirar sus dedos ya perezosos sobre las manetas y palpar con sus zapatos las estriberas de esta preciosa GasGas, se sabe que aún es el mejor.

40 años unen la última semana de mayo de 1982 con la última semana de mayo del 2022. El viejo Jarama, entonces el sueño de un joven de 19 años que debutaba en el Mundial rodeado de Ángel Nieto, Ricardo Tormo, Carlos Lavado, Barry Sheene, Kenny Roberts, Freddie Spencer, Franco Uncini y Marco Lucchinelli ¡por favor, que nombres, que ‘dioses’! y el resplandeciente Mugello, de Ferrari, unen la historia del ‘jefe’, que sigue al pie del cañón, gestionando una escudería que da trabajo a 52 personas.

Un empresario curioso

“Ningún empresario sensato sería dueño de un equipo de carreras”, explica Jorge Martínez ‘Aspar’, la semana que cumple cuatro décadas en el Mundial. “Un empresario invierte para recuperar, con beneficios, lo invertido. Mi prioridad, no es el dinero que debo poner, sino el resultado deportivo que necesito para tratar de recuperar el dinero invertido. Y, encima, el éxito no depende (solo) de mí, de mi gente, de mi tecnología, de mi experiencia, de mis ingenieros, sino del piloto, el tiempo, el circuito, una salida, un adelantamiento, acertar con las ruedas, la lluvia o no, el trazado, un accidente, es decir, de multitud de cosas que no controlas (por completo). El riesgo es altísimo, pero aquí estamos por amor, cariño, pasión, ilusión y hacer que otros niños cumplan los sueños que cumpliste tú”.

Aspar está demasiado agradecido a la vida y a tanta gente como le ha ayudado. “No hay nada en este mundo como estar agradecido, nada. Tú, para cualquier cosa, puedes tener un don, ser un genio, valer, pero si no te ayudan, no llegas. A mí me han ayudado, desde Nieto, que me puteó lo suyo, pero aprendí horrores, a Tormo, hasta Carmelo (Ezpeleta, jefe del Mundial). La lista es interminable”.

“Yo he vivido el Mundial en blanco y negro y el Mundial a todo color. Yo corrí sin telemetria y con telemetría, entre farolas y con protecciones, en circuitos urbanos y permanentes, con Nieto y con Rossi... Es más, cuando yo gané mi primer título (1986), se retiró Ángel y, cuando yo me retiré (1997), Valentino ganaba su primer título, si es que….no puedo pedir más”.

"Nieto me maltrató mucho, me lo hizo pasar muy mal, me puteó mucho, pero aprendí muchísimo con él y, al final, acabamos siendo grandes amigos"

Jorge Martínez 'Aspar' / Propietario de su propia escuderia de M3 y M2

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Ha vivido todo eso (y más). Pero cada noche, cuando apaga la luz de su mesita de noche, suelta una, dos o diez lagrimitas. Y con razón. Hace 40 años, en el año de su debut, en el GP de Yugoslavia, en Rijeka, lugar mítico, se acercó al ‘motorhome’ del no menos mítico y popular Barry Sheene, un fumador empedernido de Ducados.

A Jorge se le ocurrió llevarle un cartón de los cigarrillos de Tabalacera. “Mira lo que tengo, Barry, mira lo que tengo”, le gritó desde el ‘paddock’. Y Barry, loco, se asomó por la ventana de su camión vivienda. “Ooooooh, dámelo, dámelo, ¿qué quieres a cambio, pequeño?”, le dijo el 7, bajando de su aposento. “Déjame subirme a tu Suzuki 500”. Y le dejó. Y el niño Aspar se sintió el rey. “¡Pagaría millones por esa foto!”