MUNDIAL DE MOTOGP

Mamola: "Nuestros GP acababan en una fiesta; ahora, todos desaparecen en jet privado"

  • Randy Mamola, uno de los pilotos de 500cc más míticos y populares de la historia, conversa con su hijo Dakota, coordinador del equipo LCR donde corren Takaaki Nakagami y Àlex Márquez, sobre el presente y el pasado de MotoGP

Randy Mamola y su hijo Dakota, en Jerez.

Randy Mamola y su hijo Dakota, en Jerez. / ALEJANDRO CERESUELA

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Emilio Pérez de Rozas
Emilio Pérez de Rozas

Periodista

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La familia del ‘paddock’ del Mundial de motociclismo es inmensa, alcanzando las 1.200 personas. Y dentro de esa gran familia hay pequeñas familias, unas auténticas, reales, y otras profesionales. Pero ninguna de ellas es tan curiosa, divertida y motera como la que forman Randy Mamola, de 62 años, cuatro veces subcampeón del mundo de 500cc (1980 y 1981, con Suzuki; 1984, con Honda y 1987, con Yamaha) y, sin duda, uno de los tres pilotos más populares del mundo (y, encima, sin haber ganado título alguno) con su hijo Dakota, de 27 años, que también hizo sus pinitos en América y Europa, pero que ahora juega un papel vital en el equipo de Lucio Cecchinello (LCR-Honda), donde se ha convertido en el coordinador y ‘hombre orquesta’ para que no les falte de nada a Álex Márquez y Takaaki Nakagami.

No hay mejores referencias en el Mundial para conocer cómo eran y cómo son las vidas de los pilotos y, sobre todo, que diferencias más notables se producen cuando uno compara la alta competición, las carreras, el riesgo, evidentemente superior por un problema de falta de seguridad mayor en aquellos tiempos, la convivencia y la vida de los pilotos de los años 80 y los del nuevo siglo. “Yo creo que, en aquellos tiempos”, explica Randy, pura sonrisa, solo amabilidad y generosidad, “éramos mucho más amigos que ahora, éramos grandes colegas, casi una familia. Pero, eso sí, en la pista, como oí decir el otro día a Marc (Márquez) cuando peleaba contra Álex, no reconocíamos ni a nuestro hermano, peleábamos a tope por nuestra posición”.

"Nosotros, como los Márquez, eramos colegas, casi una familia, pero en la pista peleábamos por lo nuestro a tope"

Randy Mamola / Cuatro veces subcampeón del mundo de 500cc

Dakota, que estuvo cinco años siendo asistente personal del británico Cal Crutchlow, uno de los pilotos más festivaleros que han pasado por el Mundial, reconoce que, ahora, “los pilotos tienen muchos más compromisos, mucha más presión, mucha más responsabilidad, muchos más deberes, se preparan físicamente como bestias porque las motos que pilotan son durísimas de pilotar y, además, se han convertido en auténticas estrellas mediáticas, siendo continuamente requeridos por todo tipo de medios de comunicación y eso, sin duda, impide, en parte, que tengan la vida que tenía papá y sus colegas”.

Vivir en caravanas

“En el año 1979 y 1980, el Mundial constaba de 10 grandes premios; ahora, ¡son 21!”, comenta Randy. “Nosotros, los americanos, yo, Kenny (Roberts), Eddie (Lawson), Kevin (Schwantz), Wayne (Rainey) y Freddie (Spencer) vivíamos y viajábamos, todos juntos, en inmensos ‘motorhomes’. Cuando acababa la carrera, nada más bajar del podio, siempre había alguien que preguntaba a gritos `¿dónde es esta noche la fiesta?’ y, de inmediato, alguien respondía ‘en el ‘motorhome’ de Randy’. Y allí acabábamos todos hasta altas horas de la noche y, permítame, que no le diga el estado en el que acabábamos. Y cuando digo todos, es todos”.

“Ahora”, añade inmediatamente Randy, “todos, todos, salen corriendo del circuito hacia el aeropuerto donde les espera el jet privado para dormir en casa. La vida ha cambiado por completo y no solo en el ‘paddock’, no, sino en cualquier deporte y país. Ahora es impensable ver a algún piloto ir con bermudas de playa, con el torso al aire o fumando, como ocurría en mis tiempos. Todo es más profesional, más riguroso. Yo diría que nosotros éramos más colegas, más cómplices, todo era cotidiano, si se puede utilizar esa expresión”.

"Ahora todo es más profesional, más exigente, los medios están detrás de los pilotos y ellos viven las carreras con más tensión"

Dakota Mamola / Coordinador del equipo LCR-Honda

“Son otros tiempos, ni mejores ni peores, más profesional todo, más exigente, los medios de comunicación están muy pendientes de ellos, están detrás de los pilotos y ellos viven con mayor tensión que en los tiempos de papá”, dice Dakota, que asegura que aún queda algún piloto con alguna reminiscencia de los 80. “No sé, yo veo a Jack (Miller) y creo que él es lo más parecido a papá, Eddie, Kenny y Wayne que puede haber en el ‘paddock’. Y eso que Jack ha cambiado mucho en los últimos dos años, mucho”. “Sí, sí, Jack no es tan bestia como era antes”, suelta Randy tras una enorme carcajada. “Ahora, yo creo que cada uno tiene su grupito pequeño: que si japoneses, que si los Márquez y alguno más, que si los australianos, que si los italianos, los españoles que viven en Andorra…no sé, antes todos iban juntos, ahora hay grupitos, sin que ese término sea despectivo ¡ni mucho menos!”, comenta Dakota, que está encantado de trabajar con ‘Taka’ y el pequeño de los Márquez, que tiene (casi) su misma edad.

Aquellos divertidos viajes

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“La televisión también ha ayudado y mucho a ese cambio”, señala Randy, “porque a nosotros, en los 80, apenas nos conocían en EEUU y, cuando volvíamos allí, debíamos llevar aquellos cartuchos de cintas de VHS para que la gente viese nuestras carreras repetidas. Ahora, los aficionados de todo el mundo saben quién es Marc Márquez”. “Y a eso hay que añadir”, se suma Dakota, “que las fábricas han convertido el Mundial en su mejor escaparte para vender motos de calle y, por tanto, la sofisticación de las motos, la alta tecnología y electrónica que hay en ellas, hace que los pilotos no puedan entretenerse ni medio minuto”.

Eso sí, Randy recuerda como buena parte de los mejores momentos de su vida cuando enlazaban, por ejemplo, dos grandes premios seguidos “y, entonces, nos poníamos al volante de nuestros ‘motorhomes’ y hacíamos divertidísimas excursiones todos los pilotos juntos camino del siguiente gran premio. Esos cuatro días en la carretera, parándonos donde quisiéramos y haciendo lo que quisiéramos, sin apenas reconocernos nadie, era pura delicia, pura diversión”.