MUNDIAL DE MOTOGP

Jerez premia a Santi Hernández, el ingeniero orquesta de Márquez

  • El técnico del líder de Honda, que ha ganado títulos mundiales con Àlex Crivillé (1999), Valentino Rossi (2003) y Marc Márquez, es escogido como el mejor ingeniero del 'paddock'

  • "Sé que este reconocimiento no es a mi persona sino a la figura de técnicos y mecánicos del Mundial, que disfrutamos haciendo nuestro trabajo", señaló el ingeniero catalán

Santi Hernández mordisquea ’a lo Rafa Nadal’ el busto de Ángel Nieto, premio del Ayuntamiento de Jerez.

Santi Hernández mordisquea ’a lo Rafa Nadal’ el busto de Ángel Nieto, premio del Ayuntamiento de Jerez. / ALEJANDRO CERESUELA

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Emilio Pérez de Rozas
Emilio Pérez de Rozas

Periodista

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Él ni lo cree, ni quiere que se diga, pero Santi Hernández (Santa Coloma de Gramenet, 1975), hijo de Antonio Hernández, uno de los mecánicos y técnicos de la vieja época del motociclismo español y, en estos momentos, uno de los mejores y más virtuosos restauradores de motos clásicas, es el ingeniero nº 1 del Mundial de MotoGP, que acaba de ser galardonado, en Jerez, con el premio al mejor técnico del ‘paddock’, ahora que se desgañita por conseguir que la Honda RC213V de Marc Márquez, su chico desde el 2011 y con quien ha ganado siete títulos del mundo, que deben añadirse a los conquistados, en 1999, con Àlex Crivillé y, en el 2003, con Valentino Rossi, resucite y sea competitiva.

Este ingeniero, que muerde ‘a lo Rafa Nadal’ el busto de Ángel Nieto, trofeo entregado por el Ayuntamiento de Jerez (Santi también fue premiado, en su día, por el ayuntamiento de ‘Santaco’), es la cabeza visible del equipo técnico de Márquez, integrado por Carlos Liñán, Jordi Castellá, Roberto Clerici, Javi Ortiz y Carlo Liuzzi, fundamentalmente. «Este reconocimiento no es solo un reconocimiento a mi persona, no, sé que el Ayuntamiento de Jerez premia, a través mío, a todos los técnicos y mecánicos del Mundial. Y así lo recibo», dice Hernández.

Buscando consenso

No deja de ser curioso que Hernández, que empezó a trabajar con Márquez en el 2011, un año antes de ganar su segundo título, el de Moto2, atribuye los éxitos de MM93 a su pericia, su coraje y habilidad, cuando no al trabajo de su equipo técnico y Honda, nunca al suyo. «Es verdad que, a veces, la última palabra la tiene Marc. Es verdad que, a veces, la última palabra la tengo yo, pero no es menos cierto que tratamos de que todo sea consensuado porque, al final, de lo que se trata es de poner en manos de Marc una moto que le permita ser competitivo».

No son momentos fáciles ni para Santi ni para Marc ni mucho menos para Honda. «Una cosa tengo clara: cuando uno trabaja con Marc sabe que, tarde o temprano, todo volverá a su sitio y volveremos a disfrutar de su agresivo pilotaje y victorias. ¿Por qué?, porque cuando ves las ganas, el coraje y la determinación que Marc pone en todo lo que hace, sabes que volverá a ser el de antes».

"Cuando uno trabaja con Marc sabe que, tarde o temprano, todo volverá a su sitio y nos volverá a hacer disfrutar"

Santi Hernandez / Ingeniero del equipo Repsol Honda

Santi y su ‘dream team’, «mi otra familia» como llama Márquez a su equipo técnico, han sufrido mucho durante los últimos dos años ante la ausencia intermitente del piloto de Cervera (Lleida). «A la máquina le faltaba un piñoncito, pero era el piñoncito más importante, era el piñoncito que nos hace disfrutar a todos de nuestro trabajo en los circuitos».

"Santi sufre más que yo. Se pasaría la noche buscando soluciones para mi moto", reconoce Marc Márquez

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Marc, cómo no, ha celebrado a lo grande el premio y reconocimiento que ha recibido, en Jerez, su amigo e ingeniero de confianza. «Santi sufre mucho más que yo. Es el que más sufre de todos, porque es un perfeccionista. Siempre trata de encontrar soluciones donde, a lo mejor, no las hay, pero jamás se detiene, no para. A veces le digo ‘vete a dormir y mañana seguiremos dándole vueltas’, porque sería capaz de pasarse toda la noche ante el ordenador buscando la fórmula para que la moto mejore», cuenta Márquez a El Periódico.

«Tanto es así que, al final, la única manera de que no se vuelva rematadamente loco, de que deje de insistir en la búsqueda de soluciones, es decirle que la culpa es mía, no de la moto. Solo entonces logro convencerle de que desista y pasemos página», sentencia el ocho veces campeón del mundo.