ADIÓS DESDE SAN MARINO

Valentino Rossi empieza a despedirse: va por ti, pequeña

  • El veterano campeón italiano, de 42 años, que lleva más de tres años sin ganar un GP, comienza a despedirse de sus fans, que son legión, en la primera cita de San Marino, al lado de su casa

  • Aldo Drudi, el diseñador de sus cascos, ha escogido un regalo con un lazo inmenso rosa para homenajear a la hija que 'Vale' tendrá pronto con Francesca Sofia Novello

Valentino Rossi muestra el casco con el que corre el GP de San Marino, un regalo con lazo rosa, dedicado a la hija que va a nacer.

Valentino Rossi muestra el casco con el que corre el GP de San Marino, un regalo con lazo rosa, dedicado a la hija que va a nacer. / MILAGRO / GIGO SOLDANO

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Emilio Pérez de Rozas

Decía el gran, el inmenso, el tremendo, el inigualable, Enzo Ferrari, el dios de la velocidad, el mito de Italia, la persona, el símbolo, la marca, la industria que mejor y más representa a las carreras que “un piloto pierde un segundo por vuelta con cada hijo que tiene”.

El mismo día que Valentino Rossi, de 42 años y poseedor de nueve títulos del mundo, celebraba el 25 aniversario del primer gran premio que ganó en el Mundial de velocidad (Brno, 18 de agosto de 1996) anunció que su compañera, la modelo Francesca Sofía Novello, esperaba una niña. Y lo hizo, claro, de la manera más mediática que existe, en su twitter, vestido de ‘Doctor’ y acariciando con un estetoscopio el ombligo de la futura mamá.

Perder más de un segundo

Es posible, claro que sí, cualquiera se opone al juicio de semejante sabio, que don Enzo tuviese razón, pero de lo que no hay duda es de que el más grande, Valentino Rossi, hace ya mucho, mucho, tiempo que perdió ese segundo por vuelta (o más) que le separan de los mejores o, al menos, de los más veloces. Y lo hizo, no solo porque se hizo mayor o, contrariamente a lo que afirma, perdió la motivación y la pasión, sino porque aparecieron jabatos, como lo era él en aquel 1996, liderados por el catalán Marc Márquez que le hicieron vivir la realidad.

Rossi ha protestado mucho, ha dado muchas explicaciones, demasiadas excusas, pero lo cierto es que lleva 12 años persiguiendo su 10º título, más de tres años sin ganar y más de una temporada sin subirse al podio. Todo el mundo entiende que tenía que haberse jubilado al final del 2019 y todo el mundo en el ‘paddock’ (y así se lo han hecho saber) no solo han elogiado su laureada carrera sino que sea papá.

Penúltimo de la parrilla

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Ahora empieza la auténtica despedida de Valentino Rossi, en San Marino, en el circuito Marco Simocenlli, a 15 kilómetros de Tavullia, su casa, su cuna, su escuela, ante miles y miles de fieles amarillos. Poco importa que mañana, a las 14.00 horas, esté el penúltimo en la parrilla de MotoGP, a casi dos segundos de su compatriota y alumno destacado ‘Pecco’ Bagnaia, que logró la ‘pole’. Ya nadie piensa en eso cuando mira y ve correr a ‘Vale’.

Como ocurre siempre que visita Misano desde hace décadas, sí, sí, porque está es la temporada nº 26 de Rossi, estrena un casco para correr. El año pasado, cuando ya todo el mundo decía que no tenía sentido (ni fuerzas) para pelear con los mejores, el ’Doctor’ hizo que su diseñador Aldo Drudi le pintase una viagra. Esta vez, la tribu de Rossi ha querido homenajear a la niña que va a venir y el casco de ‘Vale’ representa un regalo, envuelto con un inmenso lazo rosa y un par de líneas de una canción de Lucio Battisti, que se titula ‘Con il nastro rosa’, que dice, más o menos, “quién sabes quién eres; quién sabe qué serás; lo descubriremos solo viviendo”.