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el mundial de motociclismo

Los Márquez, más que hermanos

Àlex y Marc persiguen juntos el décimo título de la laureada familia de Cervera

Emilio Pérez de Rozas

Los hermanos Marc y Àlex Márquez hablan entre ellos.

Los hermanos Marc y Àlex Márquez hablan entre ellos. / ALEJANDRO CERESUELA

Marc Márquez había conquistado ya el segundo título de MotoGP (2014), con una exhibición insultante (bueno, como ahora). Y, sí, en aquella ocasión, también dijo que cambiaría su segundo cetro grande por el primero de su hermano Àlex, al que se le había complicado la conquista en Phillip Island, pero aún le quedaba la última bala en Cheste (València).

Dicen que Marc se pasó los días previos a la conquista del primer título de su hermano obsesionado por cómo ayudarle. Bueno, como ahora, aunque esta vez, dicen, Emilio Alzamora ha colocado algún cortafuegos para que ni Marc se obsesione con la conquista "y solo añada más presión a Àlex" y, también,"para que Àlex recupere, en Sepang, el tacto, el estilo, la competitividad, el instinto, la garra y la determinación que le permitió ganar cinco carreras a mitad de temporada".

La vida intensa

Ellos, los hermanos, le llaman "recuperar el 'flow'", es decir, que fluya su magnífico pilotaje y, por lo visto en los ensayos de este viernes (tercero delante de todos los rivales que quieren su título) parece, en efecto, que el instinto asesino ha vuelto. Hay quien opina, no ellos, que dos de los peores resultados de Àlex este año se han producido, precisamente, en Motegi (Japón, 6º) y Phillip Island (Australia, 8º), donde el 'hermanísimo' no ha compartido la vida intensa, diaria, de sol a luna, con su equipo, en esa imitación de la segunda familia de Marc, que tanto valor añadido proporcionan a los triunfos del octocampeón motociclista.

"Ya se lo he dicho: Àlex sigue tu instinto y serás el mismo que ganó, a mitad de año, cinco carreras"

Marc Márquez

Campeón del mundo de MotoGP


En ese sentido, se comenta que en esos dos grandes premios, donde el propio Àlex ha reconocido haber perdido ese 'flow', lo que los italianos conocen como 'grinta, ha fallado la conexión permanente entre el piloto y su gente, amantes ambos lados (como sucede en el caso de Marc) de convivir las 24 horas del día, los cuatro días de gran premio.

"No es lo mismo que Àlex llegue, se entrene y se vaya a un hotel distinto al nuestro, que venga, trabajemos juntos, acabemos juntos, nos reunamos, nos vayamos juntos al hotel o a un restaurante, cenemos, hagamos unas risas y, tras una jornada vivida y disfrutada intensamente, nos despidamos todos juntos en el hall del hotel y nos vayamos a dormir. Esa maravillosa rutina te refuerza, te hace vivir más la conquista". Y, por lo que explicaban ayer, Àlex y su equipo, todos, desde papá Julià hasta Emilio Alzamora, su mánager, pasando por Joan Olivé, director del  'team', David García y, cómo no, su mecánico de confianza, Guille Carrillo, han recuperado ese feeling en Malasia. Y, repito, ha vuelto el 'flow'. "Lo mejor de todo", explica el propio Àlex, "es que ya dependemos de nosotros mismos y, sobre todo, que vivimos una situación, en un escenario, que hubiéramos firmado antes de empezar el campeonato: llegar con 28 puntos de ventaja, más de una victoria, sobre el segundo y jugárnosla en las dos últimas carreras".

Los recuerdos del pasado

Todos recuerdan estos días, Marc, el primero, que también en aquel duro noviembre del 2014, Àlex desperdició la primera pelota de partido y se coronó en la segunda. Pero volvamos a aquella segunda oportunidad (9 de noviembre del 2014). Marc lo había planeado todo (da la impresión que la tensión de este año no le permitirá protagonizar una acción similar) para que Àlex saliese motivadísimo a la carrera.

"Aquel día fue tremendo", recuerda Marc, "encima el tío se puso enfermo y no me dijo nada, nada. Había tenido fiebre, hasta había vomitado ¡qué sé yo! y ni siquiera se acercó a mi cama para pedirme ayuda. Cuando se lo recriminé, me dijo ‘¿Qué hubieses hecho? ¿consolarme?’, como si fuese Superman". Pero Marc lo vio despertar mucho mejor, recuperado del todo y esperó a que saliese de la ducha. Y, cuando lo vio secándose, lanzó a todo volumen, al máximo de potencia posible, la canción 'Lose Yourself', del rapero Eminem, "uno de nuestros cantantes favoritos".

"He recuperado el 'flow' que perdí en Japón y Australia. Mi pilotaje agresivo vuelve a fluir y me divierto mucho"

Àlex Márquez

Piloto de Moto2

Y, en ese mismo instante, cuentan que el griterío de la habitación fue en aumento. Hubo cánticos, gritos, saltos, abrazos. Fue como un akelarre preparativo para la gran conquista. Eran dos gozosos, pero parecía toda una tribu. "Mira, si tuvieras un disparo, una sola oportunidad para alcanzar todo lo que alguna vez has soñado ¿lo conseguirías o lo dejarías escapar? Más vale que captures este momento, y no lo dejes escapar", reza el estribillo de la canción de Eminem, escogida por Marc para motivar a un Àlex que, horas después, conquistaba el primer título de su carrera.

Con dientes de sierra

"Ahora estamos ante el segundo y lo único que le he dicho es que sea él mismo, que siga su instinto y que, si necesita algo, ya sabe donde estoy. Tiene su equipo, magnífico, tiene a papá, tiene a Emilio, y lo que tiene que hacer es pilotar como sabe, demostrar que es el mejor y más veloz de Moto2, recuperando la confianza de mitad de año", explica Marc, convencido de que, en Sepang, mañana, toda la afición podrá ver al mejor Àlex de la temporada.

Cuentan los suyos que no es lo mismo convertirte, de pronto, en el líder, en el principal favorito al título del campeonato y que todo el mundo te señale como campeón, que vivir una temporada irregular, con dientes de sierra, como le ocurría a Àlex hasta llegar a este celestial (o casi) 2019, año en que los Márquez Alentà ("estos niños van a conseguir que, algún día, el corazón se me salga por la boca", dice mamá Roser, feliz, feliz) pueden repetir el doblete familiar que ya vivieron en el 2014.