Salom obra el milagro

Rossi y Márquez recuperan su relación tras un duelo impresionante recordando que la vida es corta y «nunca sabes qué pasará mañana»

Valentino Rossi y Marc Márquez se dan la mano en Montmeló.

Valentino Rossi y Marc Márquez se dan la mano en Montmeló. / MARCO GUIDETTI

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Dos cámaras de Dorna TV estropearon la foto del año. La imagen por la que sus patrones hubiesen pagado miles de euros existe, pero entre cámaras poco discretos. Es esta. No hubo muchos fotógrafos que la captasen porque los chavales de Dorna TV pululaban por su territorio exclusivo, el corralito, y taparon la imagen del año, el mejor anuncio de este apasionante Mundial. Deberán conformarse con ver así, entre corpulentos cámaras de TV, cómo los diez dedos de Valentino Rossi estrujan los cinco apéndices del gas, de su sucesor y futuro heredero.

 

Se quedaron solos en la pista, después de que Dani Pedrosa (Honda) lo hiciese bien, pero no muy bien (acabó a más de seis segundos de ambos), Maverick Viñales y su Suzuki demostrasen, una vez más, estar aún verdes (terminaron cuartos, a más de 24 segundos) y el impetuoso Andrea Iannone lanzase su Ducati como un misil dispara y olvida contra la Yamaha de Jorge Lorenzo y acabase con su carrera. «No solo no me ha pedido perdón sino que, encima, ha tenido la cara de decirme si le había pasado algo a mi moto. ¡Deben sancionarle con una o varias carreras o, de lo contrario, no aprenderá! Iannone es un riesgo para todos. Salir el último en Assen no servirá de nada», protestó el tricampeón mallorquín.

Valentino Rossi

PILOTO

«Sé que no volverá a ser como antes, pero era necesario que todo volviese a la normalidad. Esto nos ayudará a pensar solo en las carreras»

Y así apareció ante los 199.150 ojos que había en el Circuit el duelo soñado. Rossi quería recuperar lo perdido en Mugello ante un Márquez que ha decidido correr con la calculadora en la mano hasta que su Honda sea una Honda y no algo parecido. «Y si para ello me tengo que comer el orgullo, me lo como con patatas», dijo Marc, ansioso por recuperar el título mundial de MotoGP.

 

Cuando empezó el pulso, Márquez se desvivió, cierto, en apretar al Doctor, volar a su rebufo en la recta y hasta jugarse el tipo en alguna curva. Pero Rossi vuelve a ser Rossi y estuvo prodigioso. «No quería una última vuelta a cara de perro con Marc, no en su casa, que es la mía, pues he ganado 10 veces y por eso me escapé al final», comentó Vale.

Se escapó porque Márquez lamió el asfalto, la caída dos veces. «La primera que salvé, utilizando mi codo izquierdo como palanca, mi moto estaba 65% inclinada». «Y como no estaba fino, como las nubes que asomaban por Montserrat no llegaron a Montmeló y el calor no aflojó, decidí poner la calculadora en marcha», dijo el de Cervera. ¿Cúando?, cuando Santi Hernández, su jefe técnico, le mostró la palabra mágica magnetti en la pizarra, es decir, ¡ojito! que los neumáticos están destrozados. Y, luego, cuando vio Lorenzo KO, Marc empezó a contar. «Mi cabeza empezó a calcular. Me dije 10 puntos más que Jorge y 22 más que Rossi. Para. Lo intentas en Assen». En febrero, Marc le dijo a Santi «si salimos a 10 puntos de Jorge de Montmeló, podemos pelear». Márquez deja Montmeló con 10 puntos más que Lorenzo.

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Y, al final, la paz deseada

Es otro Márquez, como existe otro Rossi, o el viejo Rossi, aquel que, al final, ofreció su mano a Marc. «No volverá a ser como antes, lo sé, pero era necesario que todo volviese a la normalidad porque ese saludo nos ayudará a todos a pensar solo en las carreras», dijo el italiano. «El motociclismo lo esperaba, lo deseaba y, después de la muerte de Luis, no hemos dormido muy bien. Somos humanos, debemos respetarnos porque no sabemos qué nos puede ocurrir mañana», sentenció el catalán.