Aniversario de la pandemia

Alcaldes al frente de la lucha contra el covid-19

  • Todos coinciden en la incertidumbre y angustia que supusieron los primeros meses de la pandemia y ahora tratan de afrontar el fututo moderadamente esperanzados

  • EL PERIÓDICO conversa con varios de ellos para conocer las mayores dificultades que han afrontado

Josep Monràs, Marta Farrés, Xavier García Albiol, Ana María Martínez, Pilar Díaz, Antonio Balmón, Lluïsa Moret y Carles Ruiz Novella (de izquierda a derecha y de arriba a abajo).

Josep Monràs, Marta Farrés, Xavier García Albiol, Ana María Martínez, Pilar Díaz, Antonio Balmón, Lluïsa Moret y Carles Ruiz Novella (de izquierda a derecha y de arriba a abajo). / R. CARTRO / A. MAS / J. CORTADELLAS / F. NADEU

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Carlos Villafranca / Carla González / Àlex Rebollo

Transcurrido poco más de un año de la llegada de la pandemia del covid-19 a Catalunya, EL PERIÓDICO conversa con ocho alcaldes que a lo largo de estos meses han estado en la primera línea de la gestión del virus y de las múltiples consecuencias que este ha producido. “Las imágenes del colapso de los hospitales, que muchas personas no solo perdieran a sus familiares, sino que tampoco se pudieran despedir de ellos y toda la gente que ha quedado en paro han sido las peores imágenes del covid”, resume el alcalde de Badalona, Xavier García Albiol, una radiografía que coincide con la de los demás ediles consultados.

Algunos alcaldes denuncian falta de acompañamiento y asistencia por parte de las demás administraciones: “Nos encontramos sin respuesta”, remarca el alcalde de Mollet del Vallès, Josep Monràs, respecto a las peticiones realizadas a la Generalitat durante las primeras semanas de crisis de la pandemia. Así, aunque reconocen el trabajo por contener el virus, critican la falta de concreción de las administraciones supramunicipales en las medidas aplicadas, lo que, en algunas ocasiones, ha desencadenado en "desbarajustes". Sin embargo, en general, reconocen de la importancia que estas han tenido y siguen teniendo y, en algún caso, señalan que todavía hubieran sido más estrictos.

Haciendo balance, valoran la solidaridad reflejada a lo largo de este último año por vecinos y colectivos de la ciudad que se pusieron y siguen poniendo a disposición de la administración local para mitigar las consecuencias económicas, sociales y sanitarias del virus. Se muestran conocedores del futuro incierto y difícil que viene, pero confían en poder impulsar la reactivación económica desde los propios Ayuntamientos y en que la vacuna contribuya, más pronto que tarde, a acabar con la crisis sanitaria.

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Mollet del Vallès

“Con muchísima preocupación y angustia”, así recuerda el alcalde de Mollet del Vallès los primeros meses de la pandemia, más difíciles de soportar por la “contención emocional” que además exige el cargo. Josep Monràs hace hincapié en que las primeras semanas fueron “muy duras”, sobre todo al ver como el Hospital de Mollet se encontraba desbordado por el constante aumento de ingresos. “Nos encontramos sin respuesta de la Generalitat cuando desde el centro ya denunciaban la falta de material o de camas disponibles. Recuerdo que tuve que gestionar personalmente la compra de camas un domingo por la mañana porque no había más opción”, relata Monràs.

“Una cosa positiva que nos ha dejado es el elemento de solidaridad que ha caracterizado a mucha gente y colectivos que desde el primer momento se pusieron a disposición del Ayuntamiento”, indica Monràs, quien, por el contrario, también afirma que en estos meses algunas personas o “incluso partidos” han puesto trabas a la emergencia y “han actuado con egoísmo”.

Monràs se muestra “moderadamente optimista” y mantiene la esperanza en tener a una gran parte de la población vacunada o que ya haya pasado el covid-19 en los próximos meses, aunque también pide prudencia y que las reaperturas o la vuelva a la ‘normalidad’ se haga “poco a poco”. El alcalde de Mollet insiste en que es vital “ser rigurosos con las normas para frenar el virus” e incide en que desde el Ayuntamiento, a veces, han llegado a ser más restrictivos que la Generalitat.


Sabadell

El miedo, la incertidumbre y la angustia son algunas de las sensaciones que ha dejado la pandemia en Sabadell, como en muchos municipios. “Nos enfrentábamos a una situación nueva y no sabíamos si las decisiones que tomábamos eran las más acertadas, si nos equivocábamos o si las tendríamos que reconducir”, recuerda la alcaldesa Marta Farrés. Estos sentimientos se acrecentaron con la situación límite de las residencias sabadellenses y el colapso del Hospital Parc Taulí, que la primera edil califica como uno de los momentos más duros para la ciudad.

El consistorio se vio obligado a repensarlo todo y “hacer cosas que hasta ahora eran impensables desde el Ayuntamiento”, como hacer llamadas a las personas mayores que viven solas, organizar la atención social de otra manera o hacer funcionar el servicio de atención ciudadana a distancia, cuenta Farrés. Con todo, se reorganizó el funcionamiento municipal de 1.700 trabajadores para tratar de cumplir con las nuevas necesidades acontecidas.

No obstante, también ha habido lugar para lo positivo, donde la alcaldesa resalta la capacidad solidaria de los vecinos de la ciudad. “En una situación tan difícil, ha habido muchas personas que se organizaron para ayudar, para ir a hacer la compra a un vecino mayor”. Aunque el futuro es incierto, Farrés asegura que la mejor perspectiva es que la vacunación empiece cuanto antes para poder avanzar hacia la recuperación económica, social y cultural de Sabadell.


Badalona

Xavier García Albiol llegó a la alcaldía de Badalona casi por sorpresa, tras la renuncia del exalcalde Pastor, y cumplidos los dos primeros meses de confinamiento. Mientras estaba en la oposición, el 18 de 2020, dio positivo en covid-19, por lo que permanecer aislado en el momento en los que los efectos del virus eran más inciertos. Aunque se ahorró las primeras semanas de gestión de la pandemia, su mandato no ha estado exento de momentos de crisis, como el brote que puso en jaque a media plantilla del cuerpo de Policía Local o el incendio en una nave abandonada en diciembre de 2020 y que acabó con la vida de cuatro de sus habitantes, una tragedia que Albiol recuerda como el momento más duro que ha vivido la ciudad estos meses.

La nave incendiada en el barrio del Gorg de Badalona.

/ Ayuntamiento de Badalona

El alcalde de Badalona afirma que retomar las riendas del consistorio no le resultó tan difícil gracias a la experiencia de haber gobernado previamente en otra etapa de crisis económica y social. Sobre las restricciones aplicadas para contener la pandemia, Albiol señala que, aunque se han aplicado “intentando hacer bien las cosas”, se podrían “haber aplicado con criterios más lógicos” y que, en ocasiones, “ha faltado coherencia”. “Hay algunos colectivos que se han visto muy damnificados, como los comercios de los centros comerciales o los locales de estética”, asevera Albiol.

Respecto al futuro de la ciudad, reconoce que viene una época dura y que van a ser necesarias políticas sociales, pero se agarra a la esperanza de que, en la última encuesta de satisfacción publicada por el Ayuntamiento, “más del 50% de los vecinos a los que se les preguntaba como veían el futuro creían que en dos años las situación mejoraría”.


Rubí

La pandemia chocó de frente con Rubí hace un año, una situación que obligó al Ayuntamiento a actuar lo más rápido posible y a movilizar toda la maquinaria municipal con el temor de lo desconocido a las espaldas. La alcaldesa del municipio vallesano, Ana María Martínez, recuerda la tristeza al ver “las calles de Rubí semidesiertas” y aquella imagen de“la poca gente que las transitaba refugiada detrás de una mascarilla”.

Para la edil, el peor momento de la ciudad fue sin duda “cuando vimos, por los datos que nos facilitaba la Generalitat, que el colectivo que peor lo estaba pasando era la gente mayor”. Martínez rememora el sentimiento de impotencia que vivió ante la situación “tan grave por la que tuvieron que pasar las residencias”.

Tras el golpe inicial llegaron los cambios a la ciudad rubinense con un proceso de digitalización acelerado que pretendía facilitar a la ciudadanía el uso de los servicios municipales y que ha llegado a la ciudad para quedarse. También afloró la solidaridad entre vecinos, de la que surgieron iniciativas como el reparto de mascarillas de la mano de la empresa local RobinHat, la recolecta de 35.000 elementos de seguridad y unos 7.500 euros en aportaciones desinteresadas para afrontar las consecuencias derivadas del virus.

Ahora, Rubí pone la mirada hacia el futuro para paliar los efectos de la crisis entre la población con medidas como la ampliación del fondo de contingencia hasta los 250.000 euros o la derogación de algunos impuestos municipales. Martínez, rompiendo una lanza a favor de la esperanza, apunta que, aunque queda un camino largo por delante, “hemos de ponerle toda la ilusión posible para devolver esa esperanza, que en algunos casos se ha perdido”.


Esplugues de Llobregat

A finales de octubre la alcaldesa de Esplugues compartía titulares con la ‘consellera’ de Salut por su solicitud oficial de cribados masivos a la población. Pilar Díaz, alcaldesa de Esplugues desde hace 15 años, apunta que “desde el momento que se aprobó el decreto de estado de alarma, los recursos del Ayuntamiento priorizaron la detección y la atención de las personas más vulnerables, por un lado, y la garantía de poder ofrecer espacios seguros y libres de virus, por otro”. Y califica la pandemia como “una cura de humildad, tanto para las personas como para las instituciones. Nos ha exigido un aprendizaje acelerado y nos ha obligado a replantearnos tanto algunas prioridades como algunas maneras de hacer”.

Recuerda como especialmente notorio cuando el Centro Municipal de Distribución de Alimentos pasó de atender a unas 400 familias a más de 600 en pocas semanas. “Para dar respuesta y llenar la despensa, organizamos dos campañas con el nombre de 'Objectiu Fam Zero'. En la primera se recogieron más de 12.000 kilos de alimentos. En la segunda, unos 7.000”.

Así, añade que desde el consistorio ahora trabajan en acciones de apoyo a la creación y el mantenimiento del empleo. “También está previsto destinar 100.000 euros a planes de empleo para jóvenes y apostamos por la digitalización, que ya es el presente en Esplugues”. Su lado positivo le lleva a destacar que “ahora somos más conscientes de nuestra capacidad de resiliencia y del potencial que tiene sumar esfuerzos”. Como ejemplo, recuerda que en Esplugues “se fabricaron más de 5.000 mascarillas en dos meses. ¡Al principio eran escasas!”.


Cornellà de Llobregat

Esta semana se confirmaba que la Fira de Cornellà acogerá uno de los macropuntos de vacunación de Catalunya en pocas semanas, pero ¿cómo ha vivido el alcalde del municipio este año? Antonio Balmón, alcalde de Cornellà desde 2004, admite que, como alcalde, “ha sido anímicamente muy duro. No encontrar palabras de consuelo para las personas que perdían a familiares, no poder dar un abrazo, ni romper la barrera de la proximidad”, pero defiende que siempre hay que mirar el lado positivo y destaca “la capacidad de reacción que hemos tenido, la solidaridad y las muestras de apoyo, de empatía, de ser junto a los más vulnerables”.

El veterano alcalde hace un balance a través de los grandes cambios vividos durante de este año en la ciudad: en un primer momento “las medidas de seguridad e higiene en el espacio público y los equipamientos municipales”; más tarde, con el inicio del curso escolar “garantizar la seguridad en los centros educativos, preservar la convivencia en el espacio público, para garantizar la cohesión social”; y ahora “continuar impulsando medidas e iniciativas para proteger la ciudadanía y los sectores económicos más afectados”.

Niños con mascarilla en un colegio de primaria de Santa Coloma de Gramenet, el pasado septiembre.

/ Ferran Nadeu

Balmón entiende que las restricciones aplicadas han sido fruto de la situación de la pandemia “no puedo criticar si han sido o no acertadas, es difícil, pero encuentro que quizás ha faltado un poco de comunicarlo mejor, explicar el porqué de las cosas”. Como reto de cara al futuro Antoni Balmón destaca que hace unos días se aprobó una agenda social para los próximos 10 años, con la complicidad de agentes sociales y entidades de la ciudad. “La ciudad no se puede parar y nosotros tenemos que dar respuesta para garantizar la cohesión social, la sostenibilidad y el desarrollo a todos los niveles”, añade.


Sant Boi de Llobregat

Lluïsa Moret es alcaldesa de Sant Boi desde 2014 y se muestra muy preocupada al hacer balance de este año de pandemia, sobre todo destaca que “ha habido muchas personas afectadas que lo han pasado o lo siguen pasando mal, trabajadores y trabajadoras que han perdido su empleo o han visto afectadas por un ERTE, personas que tienen pequeños negocios y han visto interrumpida su actividad o muy disminuida la facturación” y añade que ve necesario un “rescate emocional” de las personas afectadas por las consecuencias psicológicas de la pandemia.

La alcaldesa ha tenido que combinar sus exigencias como cargo público con las responsabilidades familiares, como ayudando a su hijo en sus estudios de secundaria. Por su parte, Moret también declara que el consistorio ha hecho esfuerzos para contar “con un apoyo unánime de las fuerzas políticas municipales en el abordaje de esta situación”.

A partir de ahora quiere ser optimista y tiene grandes esperanzas en el proceso de vacunación: “Constituye una gran esperanza para poder salir de la situación próximamente”. De todos modos, sabe que la obligación a nivel municipal “es trabajar para reactivar la economía local lo antes posible sin dejar a nadie atrás y mirando siempre hacia delante” y cree que el Pacto de Ciudad acordado con todas las fuerzas políticas es el instrumento que debe catalizar estos esfuerzos con la mirada puesta en el futuro: “Estamos apostando por la innovación social, por la digitalización, por un nuevo modelo de movilidad, para la transición energética, para la transformación de nuestro espacio público”.


Viladecans

El 3 de marzo de 2020 el goteo de casos de coronavirus empezaba a ser incesante, en Viladecans. Se confirmaba entonces el decimoséptimo caso en Catalunya, una vecina de 31 años del municipio que se encontraba en estado leve. Carles Ruiz, alcalde de Viladecans desde hace más de 15 años y vinculado al Ayuntamiento de su ciudad desde 1987, recuerda la presión de aquellos primeros días de emergencia como uno de los peores momentos: “Cuando veías el desbordamiento de todo el sistema de salud y asistencia social, sobre todo de las residencias de ancianos, y la falta de apoyo que teníamos del exterior”.

En aquellos primeros momentos sintió que el Ayuntamiento estaba solo, “era la única institución que estaba dando recursos y servicios” y a ello se le sumaba “la gravedad de la situación, que tenía como consecuencia que las personas morían”. Otro punto de inflexión fue la “necesidad de, más allá de nuestras competencias, tener muy claro que el objetivo era paliar al máximo los problemas e insuficiencias que teníamos a los servicios sanitarios, de salud y la atención a las personas mayores”. Destaca que para él está siendo una experiencia muy difícil también a nivel personal, como padre de dos hijos adolescentes le preocupa la situación de los jóvenes después de la pandemia "cómo recuperamos la parte laboral, en estos momentos de paro juvenil, y también la parte de personalidad”.

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Pese a todo, el alcalde es optimista respecto a los aprendizajes adquiridos en lo que se refiera a la importancia de trabajar en equipo y al hecho de aunar esfuerzos; así como haber sido capaces de agilizar la administración integrando la tecnología. Respecto al futuro confía en que “Viladecans tiene unas condiciones que le dan mucha fortaleza a la hora de recuperarse. En este sentido, soy muy optimista porque creo que Viladecans se recuperará económicamente muy rápido” y espera que sea aprendiendo la lección y que esta recuperación sea “con esa óptica comunitaria, de cohesión y de salud”.