«Cobraré 600 euros por hora y media»

Imagen promocional de Mar Fontes.
Mar Fontes no da abasto. Estos días tiene una agenda de vértigo, con picos de máxima intensidad a partir de las ocho de la tarde. No puede atender a un solo cliente más. Hace cuatro semanas le empezaron a llover reservas anticipadas desde Europa, Estados Unidos, el norte de África y los países árabes. Todos ellos son altos ejecutivos de entre 35 y 50 años que en el 90% solicitan una hora de relaciones sexuales, o salir a cenar -«para presumir de pedazo de pibón»- con postre incluido. «Cada servicio, con una tarifa mínima de 500 euros la hora y media, más 100 de desplazamiento al hotel», explica. Es el precio del MWC, cita anual en la que la demanda se triplica. En otras épocas del año, su tarifa mínima es de 300 euros la hora en su apartamento, con una cartera de clientes fija. «Por mi forma de trabajar, no doy muchos servicios al día, así que en cuatro días de congreso tendré unos 12». Como ella, de nivelazo, hay otras 200 prostitutas trabajando estos días, algunas venidas de otras partes de España solo para el congreso. «Muchas han pasado por Davos y ahora están aquí», dice Mar, que asegura que ella no es de las más caras. «Conozco personalmente a una chica que cobra mil la hora».
Este es su primer MWC, porque Fontes empezó a ejercer el pasado julio. Es una prostituta de lujo independiente (marfontesrio.blogspot.com.es). Tiene 40 años, mide 1,76, el cuerpo torneado a base de natación y de danza, habla inglés, es licenciada en Económicas y Empresariales y tiene tres másteres, y una inusual facilidad para contagiar el joie de vivre. «Casi todos mis clientes me eligen no solo por mis servicios sexuales sino también porque soy una persona culta, inteligente, alegre y que genera confianza -explica-. De las cosas que más valoran de mí son la discreción y el saber estar. Vamos, que cumplo al 100% eso de ser una señora en la mesa y una puta en la cama».
Pero, ¿qué hace una economista metida en esto? «Me contrataron para liquidar una empresa -dice-; y el dinero que me dieron lo invertí todo en mi propia empresa, pero no fui lo suficientemente previsora para que, mientras arrancaba, pudiera seguir viviendo bien, y vi que llegaría un punto en que no tendría para comer». Cuenta Mar que un día le dijo a un amigo medio en broma: «Para prostituirme laboralmente, me prostituyo sexualmente». Y hace nueve meses dejó de ser una broma. «Como me gusta el sexo y el perfil de los clientes, hoy por hoy estoy encantada», afirma.
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