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La cerveza artesana deja atrás su año negro con la feria InnBrew en L'Hospitalet

  • El sector, con 107 cerveceras catalanas operativas, muestra las últimas tendencias en elaboración, las novedades del año y la pasión de su legión de productores

Feria de cerveza artesana Innbrew, en la imagen con brindis incluido, en la Farga de L’Hospitalet.

Feria de cerveza artesana Innbrew, en la imagen con brindis incluido, en la Farga de L’Hospitalet. / JORDI OTIX (EPC)

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Patricia Castán
Patricia Castán

Periodista

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Si otro grifo se ha cerrado con la pandemia, ha sido el de la cerveza artesana. Mientras las neveras domésticas se llenaban de latas y botellines de marcas industriales de gran consumo para sustituir la nostalgia de los bares cerrados o recortados, los productores artesanales agonizaban porque su consumo está muy ligado a su distribución en barras y restaurantes. Al consejo del barman para descubrir una nueva marca o propuesta. Así que el año 2020 se saldó con la suspensión del exitoso Barcelona Beer Festival y también con el cierre de 11 proyectos patrios. Pero este jueves el dorado brebaje ha vuelto a correr entre los muros de la Farga de L'Hospitatet, donde los organizadores han optado por una versión centrada en los profesionales, con el el nombre de InnBrew. Se aparca de momento aquel deleite cervecero con 500 tiradores para todos los públicos, aunque un visitante particular (previa reserva y pago de entrada) puede acudir a documentarse y aprender de un sector que abarca de la miniproducción para consumo propio a empresas exportadoras.

Sentado ante un vaso de un líquido rojo burbujeante, Mikel Rius, uno de los organizadores de la feria, afirma que la lata de la que procede (Berries from Barbaria) ejemplifica la imparable innovación que respira el sector en Catalunya. De estilo 'berliner', elaborada por Maresme Brewery y La pirata, pese a su aspecto es una birra en toda regla (base de cebada y levadura fermentada) a la que se han añadido frambuesas, con un punto ácido, para refrescar, como se consume en verano en puntos de Alemania, relata el experto. Del nivel creativo de las 107 cerveceras operativas en Catalunya (que producen más de 12.000 litros anuales) dan testimonio las 979 cervezas diferentes elaboradas en 2020, un año triste con una caída de la producción del 30% pero que no mermó las ideas y sabores.

Impulso para el futuro

La Innbrew 2021, que ha visitado la alcaldesa del municipio, Nuria Marín, no puede ser multitudinaria en tiempos de quinta ola de covid (en 2019 se llenó hasta la bandera de barceloneses ávidos de catas, a la par que 1.500 profesionales interactuaban). Ahora toca recuperar la ilusión del sector de puertas adentro. Un total de 35 estands exhiben productos, ingredientes y maquinaria, concentrando en La Farga a fabricantes, distribuidores y asociaciones, a la par que se desarrollan debates y charlas (también con cocineros, como Ada Parellada) y se practica el 'networking' a destajo. Todo ello aderezado por tiradores que testimonian la reputación local...

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Para Judith Cartex, "cervecera antes que nada", directora comercial de la marca Montseny y vicepresidenta de Gecan (Gremi d'El·laboradors de Cervesa Artesana i Natural), es una oportunidad única para encarrilar la evolución de un sector nacido hace una década en plena crisis económica y que ha conseguido generar 45 millones de euros anuales. "Casi todo son microempresas y hay que coser su potencial como circuito cultural, como ya hizo el enoturismo", defiende, como luego planteó en un debate. Zonas de degustación junto a los centros de elaboración, conciertos y actividades con una estructura de recorrido darían más alas al culto a la artesana, que en 2019 alcanzó los cinco millones de litros en Catalunya, con una exportación del 17%, mientras en Barcelona proliferaban barras especializadas.

En L'Hospitalet, hasta el sábado se habla mucho de cerveza y se da cuenta de que la IPA (india pale ale) sigue marcando el ritmo. Pero también de que los brindis rubios tienden a mirar hacia el territorio y la sostenibilidad. Albert Vilardell es uno de los ocho agricultores que conforman Biolupus, haciendo piña para producir lúpulo local autóctono en lugar de comprarlo a larga distancia, y hacerlo ecológico. Quien les compra entra en la "economía circular y lucha contra el cambio climático", resume. Y encima convence a golpe de degustación.