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'Welcome Barcelona'

Alfred Bosch

He estado unos días en Líbano comprobando la situación de los refugiados que huyen de la guerra de Siria. Estamos cooperando en ayuda humanitaria para los desplazados. En general, debemos puntualizar que la idea de ser acogidos en Barcelona o cualquier otro lugar distante no es su principal demanda. En un asentamiento de la Bekaa me lo decía Mubárak, un sirio de 72 años. No tiene ningún sentido marchar a la otra punta del mundo. Él es payés, abandonó las tierras por miedo, pero no quiere alejarse para siempre de sus olivos y sus almendros. Aunque eso signifique mala vida durante un tiempo. Lo ven de la misma manera sus compañeros Ahmed y Rachida. Cuando les pregunto si querrían emigrar, me dicen casi al unísono: «¿Y qué sabremos hacer en vuestra casa?». Además, en Siria todavía conservan una hija. Desde Líbano la tiene a tres horas de coche, mientras que en la otra punta del mundo... No quieren renunciar al sueño del retorno.

En Líbano hay 1,5 millones de refugiados de Siria. Llegaron y se quedaron por proximidad. No por condiciones de vida (en general, lamentables). En toda Europa, no llegan ni a 150.000, y en el Estado Español, las cifras oficiales están por debajo de los 100. Es obvio: el gran drama está en Siria y en los países vecinos. Estamos obligados a revisar la consigna Welcome Refugees. Quizá deberíamos adoptar el Welcome Barcelona con el que nos reciben los mismos refugiados. Y ayudar con agua potable, medicinas, tiendas, y todos los recursos que podamos ofrecer para dignificar la vida de las personas.

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