Hallazgo
Así es el gigantesco depósito de agua dulce descubierto bajo el Atlántico
Su volumen podría abastecer a la ciudad de Nueva York durante siglos

Una enorme masa de agua dulce ha sido hallada bajo el fondo del Atlántico / Agencias

Era el año 1976 cuando científicos que buscaban petróleo y gas en la costa este de Estados Unidos se toparon con algo totalmente inesperado. En las profundidades del Atlántico descubrieron que manaba agua dulce. A partir de ahí se desencadenaron una serie de investigaciones que, de momento, culminaron hace pocos meses con una expedición científica internacional que ha sorprendido al mundo con sus hallazgos. Actualmente, sin embargo, continúan los estudios para perfilar los detalles de este descubrimiento.
El pasado verano, este equipo científico viajó a bordo de un buque perforador frente a Cape Cod, en las costas atlánticas de Norteamérica, y extrajo miles de litros de agua dulce de las profundidades del lecho marino. La Expedición 501, como se denominaba la misión, confirmó de este modo la existencia de uno de los acuíferos ocultos más grandes de la Tierra, que se extiende desde las costas de Nueva Jersey hasta Maine, ya en la frontera con Canadá.

Ubicación de las exploraciones realizadas / Agencias
“Es uno de los últimos lugares en los que probablemente buscarías agua dulce en la Tierra”, declaró entonces a Associated Press Brandon Dugan, geofísico e hidrólogo de la Escuela de Minas de Colorado.
Se trata de un acuífero submarino de proporciones gigantescas, pues podría contener suficiente agua para abastecer a la ciudad de Nueva York durante siglos. Teniendo en cuenta las poco halagüeñas previsiones que se ciernen sobre la humanidad a causa de las sequías y el calentamiento global, este hallazgo podría ser de suma importancia en el futuro como reserva para casos de emergencia.
Se sospechaba de su existencia
Hace ya tiempo que se sospecha de la existencia de acuíferos terrestres que se siguen extendiendo más allá de la costa y continúan bajo el mar. Sin embargo, hasta ahora, nadie había perforado sistemáticamente el lecho marino para comprobar su existencia.

Miembros de la expedición, transportando muestras de agua / Expedición 501
De mayo a julio de 2025, los investigadores embarcados en la Expedición 501 utilizaron el Liftboat Robert, una plataforma normalmente destinada a actividades petrolíferas, para perforar el fondo marino frente a las costas de Massachusetts. A una profundidad de casi 400 metros, encontraron agua con niveles de salinidad de hasta 1 parte por mil, bastante parecido a lo que contienen muchas fuentes terrestres de agua dulce.
¿De dónde procede el agua?
La pregunta que se formularon los integrantes de la expedición fue ¿de dónde viene esa agua dulce? Una de las hipótesis es que proceda del deshielo glacial ocurrido hace 450.000 años. Otras sugieren que el agua de lluvia, proveniente de la época en que el nivel del mar era más bajo, se filtró bajo el fondo marino.
Un hecho importante es que, si el agua es “joven”, ello podría significar que este tipo de acuíferos aún se recargan y son renovables. Si es agua vieja, entonces el suministro sería abundante pero finito.

Plataforma petrolífera utilizada para realizar las perforaciones / Agencias
La edad del agua es uno de los aspectos que aún se están determinando. Geoquímicas como Verena Heuer, del MARUM (Centro de Ciencias Ambientales Marinas) de Bremen (Alemania), están enviando muestras de esa agua a laboratorios de todo el mundo. “Queremos fraccionar y preservar muestras para más de 20 análisis diferentes en doce laboratorios de todo el mundo”, declaró Heuer.
Dificultades para su aprovechamiento
Pero utilizar este acuífero en el mundo real no será fácil. Primero hay que comprobar que es un recurso seguro, libre de organismos dañinos. Pero, una vez hecho esto, hay que tener en cuenta que las perforaciones marinas son costosas y causan gran turbidez. Los ecosistemas marinos podrían resentirse de las operaciones de extracción. “Si empezáramos a bombear estas aguas, casi con seguridad habría consecuencias imprevistas”, advirtió Rob Evans, geofísico de Woods Hole, cuyo estudio de 2015 cartografió por primera vez el acuífero.
Además, el acuífero está a gran profundidad, lo que necesitaría una compleja tecnología, y habrá que confirmar que no contenga ciertos minerales disueltos que requieran un tratamiento previo a su consumo. Todo ello, por no hablar de la falta de un marco legal que regule este tipo de operaciones submarinas.
Sea como sea, la Expedición 501 ha desvelado una frontera oculta, que además podría existir en otras partes del planeta. De momento, más de 50.000 litros de agua se están analizando ahora mismo en docenas de laboratorios. Dentro de pocos meses, el equipo científico se reunirá en Alemania para comparar resultados y publicar sus primeros hallazgos sobre la edad, la composición química y el origen del acuífero.
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