Día mundial del agua
El cambio climático expone al mundo a una nueva era de "latigazos del agua": sequías extremas un año y lluvias torrenciales al siguiente
Los expertos piden redoblar las medidas de resiliencia hídrica para evitar que estos escenarios causen aún más daños en la población y las actividades económicas
"Los costes de no actuar son mayores que los de no adaptarse", afirman los científicos
De sequías extremas a inundaciones repentinas: España se enfrenta a 141 riesgos climáticos que obligan a redoblar las medidas de adaptación

Una vecina de Grazalema (Cádiz) camina por una calle inundada debido a las intensas lluvias / ROMÁN RÍOS / EFE

Entre los años 2020 y 2024, Catalunya vivió la mayor sequía de su historia y registró, en los momentos más duros del episodio, un descenso de su reserva hídrica hasta solo el 13% de su capacidad. La situación obligó a poner en marcha una maquinaria sin precedentes para obtener, reutilizar y reaprovechar el agua y, en algunos momentos, incluso obligó a cortar el grifo en algunos municipios y a aplicar restricciones de consumo en la gran mayoría del territorio. Después, por suerte, las lluvias volvieron. Pero lejos de hacerlo de una forma normal, lo hicieron en forma de chubascos torrenciales, inundaciones y un tren de tormentas sin precedentes. Según explican los expertos, este son los "latigazos del agua" que está provocando el cambio climático en todo el mundo. "Se trata de fenómenos que podrían volverse más frecuente y más intensos a medida que el clima se vuelve más cálido", afirma el científico Markus Donat.
Según explica el investigador, especializado en modelos sobre el cambio climático, tanto las sequías extremas como las lluvias torrenciales son dos caras de la misma moneda del ciclo hidrológico. Y en ambos casos, se trata de fenómenos que dependen mucho de las condiciones de la atmósfera y, cómo no, de los efectos del cambio climático en las distintas regiones del planeta.
"Sabemos que en un clima más cálido, el ciclo hidrológico se intensifica. Esto implica, por un lado, que hay mayor evaporación del agua, lo cual acentúa las sequías; y por otro lado, el mismo aumento de la evaporación del agua unido a una atmósfera más cálida también acentúa tanto la frecuencia como la intensidad de lluvias torrenciales. Se trata de fenómenos relacionados", afirma Donat, quien actualmente ejerce como profesor ICREA en el Barcelona Supercomputing Center (BSC-CNS).
"Tanto las sequías como las lluvias torrenciales podrían volverse más frecuentes y más intensas a medida que el clima se vuelve más cálido"
Antaño el mundo se dividía entre zonas más secas y zonas más lluviosas pero ahora, debido al avance del cambio climático, los modelos indican que todas las regiones del planeta están expuestas a extremos hidrológicos ya sea de un tipo o de otro. Y en ocasiones, como en el caso de Catalunya, a los dos a la vez. "Nuestras investigaciones ha demostrado que las precipitaciones extremas están aumentando en todas las regiones terrestres del mundo, independientemente de si suelen ser regiones húmedas o secas. Los mayores riesgos de sequía, en cambio, se dan donde disminuyen las precipitaciones totales mientras aumenta la evaporación", comenta el especialista. Uno de los casos más preocupantes es el del Mediterráneo, donde en algunos puntos se empieza a observar un descenso de las precipitaciones unido a un aumento de los episodios torrenciales. Esto en la práctica implica que llueve menos pero solo mediante episodios extremos.

Turismo de sequía en el pantano de Sau, durante los momentos más duros del episodio en Catalunya. / MÒNICA TUDELA
Más inversiones estructurales
La nueva era de "latigazos del agua" obliga a repensar las infraestructuras hídricas y los planes de resiliencia climática en todo el mundo. Y no solo en momentos de crisis. "En los últimos años se han empezado a ver avances en las políticas públicas sobre planificación de recursos hídricos pero, en la mayoría de casos, las decisiones se han tomado después de llegar a extremos de sequías o de inundaciones. Ahora lo que necesitamos es impulsar medidas más estructurales, basadas en la ciencia y que ayuden a hacer frente a estos escenarios a largo plazo. Lo demás es poner parches", defiende Annelies Broekman, especialista en políticas de gestión del agua y científica del CREAF. "La premisa es clara. Los costes de no actuar son mayores que los de no adaptarse", afirma con convicción esta científica.
"Necesitamos impulsar medidas de resiliencia hídrica más estructurales, basadas en la ciencia y que ayuden a hacer frente a estos escenarios a largo plazo. Lo demás es poner parches"
Desde el mundo empresarial, son varias las voces que reclaman aumentar las inversiones en infraestructuras hídricas ante estos escenarios de extremos climáticos. Según explicó en una entrevista a El PERIODICO Lucas Díaz, director de Aqualia en España, "tenemos un problema real de falta de inversión en infraestructuras de agua". La Asociacion de Empresas Constructoras y Concesionarias de Infraestructuras (SEOPAN) estima que faltan al menos 104.000 millones de euros para invertir en embalses, tuberías, plantas de tratamiento de agua potable o de agua residual. Y el último informe de la Asociación Española del Agua Urbana (DAQUAS) afirma que harían falta unos 5.700 millones de euros anuales para garantizar la sostenibilidad del ciclo urbano del agua. "En los últimos años, solo se ha alcanzado la mitad de esa cifra", comenta el empresario.
Soluciones basadas en la naturaleza
La comunidad científica, por su parte, reclama invertir en "soluciones basadas en la naturaleza" ya que, en palabras de Broekman, "ofrecen una respuesta más eficaz, adaptable y sostenible frente a los impactos del cambio climático". "Al restaurar ecosistemas como bosques, ríos o humedales, se generan múltiples beneficios simultáneos que van desde protección frente a inundaciones y sequías a la mejora de la biodiversidad, captura de carbono y regulación del ciclo del agua. Todo ello es clave para aumentar la resiliencia del territorio frente a extremos climáticos", afirma la especialista, quien defiende la necesidad de "no buscar parches" sino "abordar directamente la raíz del problema" y entender que el agua y los ecosistemas que la albergan son recursos frágiles y que no podemos sobreexplotar sin miramientos. Sobre todo en un momento en que la crisis climática los pone tan en riesgo y nos recuerda nuestra dependencia del medio natural.
El mundo empresarial reclama aumentar la inversión en infraestructuras hídricas, mientras la comunidad científica también pide apostar por soluciones basadas en la naturaleza
Las palabras de Broekman coinciden con la llamada a la acción de grandes organismos científicos internacionales como el Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC). Y es que en los últimos años, ante el claro aumento de extremos climáticos que está sufriendo el planeta, la comunidad académica está reclamando con cada vez más fuerza "integrar las variables climáticas" en la planificación ordinaria de recursos tanto estatales como regionales y municipales. "Se está extendiendo la idea errónea de que proteger el medio ambiente frena la economía, cuando en realidad es al contrario. Sin recursos naturales no hay desarrollo económico posible", afirma la científica convencida de que, por difícil que parezca, el cambio no solo es posible sino más importante que nunca para crear un mundo mejor y más sostenible para todos.
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