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Avifauna en peligro

La desaparición de aves en el paisaje agrícola podría indicar cambios más profundos, alerta un estudio

"Es urgente aplicar medidas que ayuden a que las poblaciones de aves aumenten, o al menos se estabilicen", alertan los expertos

La población de zorzales en el paisaje agrícola ha disminuido hasta un 56% entre 2000 y 2023.

La población de zorzales en el paisaje agrícola ha disminuido hasta un 56% entre 2000 y 2023. / Christian Pedersen

Ramón Díaz

Ramón Díaz

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Las poblaciones de aves están disminuyendo en toda Europa. Esta tendencia es especialmente dramática en el caso de las especies vinculadas a los terrenos agrícolas, un fenómeno que refleja una tendencia más amplia y que los expertos consideran un indicador alarmante del estado de los ecosistemas en el viejo continente.

Un estudio del Instituto Noruego de Investigación Bioeconómica (NIBIO) ha concluido que el conjunto de aves de tierras de cultivo en ese país nórdico ha disminuido aproximadamente un 25 por ciento desde el año 2000. Este declive no es general, hay grandes variaciones entre especies.

El zorzal campestre ha experimentado una caída poblacional del 56 por ciento en el período analizado (2000-2023), mientras que el vencejo común, el escribano cerillo y la tarabilla norteña han visto reducidas sus poblaciones a la mitad. En contraste, algunas especies como el gorrión molinero, el gorrión común y el estornino pinto muestran un incremento moderado de alrededor del 15 por ciento. La especie con el aumento más notable es el jilguero europeo, cuya población se ha expandido un 54 por ciento desde el inicio del monitoreo.

Vista panorámica aérea de un olivar de montaña en Jaén.

Vista panorámica aérea de un olivar de montaña en Jaén. / EFE / José Manuel Pedrosa

Impacto en la biodiversidad

"Hemos monitorizado las aves reproductoras en el paisaje agrícola durante 25 años", apunta Christian Pedersen, investigador de NIBIO. El "Programa noruego de monitorización de paisajes agrícolas", denominado también ‘3Q’, se realiza desde 1998 y sigue el uso de la tierra, los cambios en el paisaje y su impacto en la biodiversidad.

La monitorización de aves, en concreto, se realiza desde el año 2000 en 130 parcelas fijas de un kilómetro cuadrado distribuidas por todo el país, con registros en nueve puntos por parcela que se actualizan cada tres años. Pedersen atribuye la tendencia negativa predominante principalmente a las transformaciones históricas y actuales en el uso y la estructura del paisaje.

"Cuando los paisajes agrícolas se vuelven más uniformes, ya sea por intensificación, por sistemas de producción más grandes y especializados, o debido al abandono de tierras agrícolas que provoca la matorralización, desaparecen hábitats importantes para muchas especies de aves", señala el investigador.

Ejemplar joven de vencejo común.

Ejemplar joven de vencejo común. / Klaus Roggel

Tendencia reversible

Elementos como linderos, pequeños bosquetes, pastizales, humedales y otras características del hábitat en pequeña escala proporcionan alimento, refugio y lugares de nidificación. Su desaparición debilita la base para la vida aviar. Además, algunas especies entran en conflicto directo con la producción de alimentos.

"Esto se aplica, por ejemplo, al avefría europea, al zarapito real y a la alondra común", explica Pedersen. Para estas aves, una gestión intensificada de las áreas de producción resulta particularmente desafiante, por ejemplo, cuando se extiende la temporada de crecimiento aumentando el número de cortes de heno. Un mayor drenaje también plantea un problema.

Frente a este escenario, los investigadores inciden en que la tendencia puede ser reversible con acciones concretas. Entre las medidas recomendadas se encuentran la preservación y facilitación de hábitats para asegurar el acceso a alimento y refugio; la adaptación de las prácticas agrícolas a los ciclos de vida de las aves; la protección de linderos, pequeños bosquetes y humedales; la gestión adecuada de áreas de pastoreo y prados de heno; la reducción del uso de pesticidas; y la prevención de la matorralización y forestación con coníferas.

Ejemplar de carbonero en Santander.

Ejemplar de carbonero en Santander. / EFE / Román G. Aguilera

Alteraciones más profundas

Pedersen destaca que varios esquemas de subsidios ambientales existentes, establecidos originalmente para otros fines, ya podrían estar teniendo un efecto positivo en la avifauna, y algunos podrían ajustarse para potenciar este impacto. Sin embargo, subraya que el declive de las aves es síntoma de alteraciones más profundas.

"Cuando las poblaciones de aves disminuyen, a menudo es una señal de cambios más fundamentales en la naturaleza", afirma el científico. Las aves ocupan posiciones altas en la cadena alimentaria y responden rápidamente a los cambios en las condiciones de vida, por lo que son importantes indicadores del estado ambiental y la salud de los ecosistemas. Por ejemplo, una menor presencia de plantas con flores conlleva menos insectos polinizadores y, en consecuencia, menos aves.

El investigador concluye con una nota de urgencia: "Lamentablemente, la tendencia negativa no parece revertirse en el corto plazo. Por eso es urgente aplicar medidas que ayuden a que las poblaciones de aves aumenten, o al menos se estabilicen". El monitoreo continuo del programa 3Q, según los autores, será esencial para evaluar la efectividad de cualquier intervención futura y para entender la evolución de esta señal de alarma.