Primates
Los simios imaginan y saben fingir, una capacidad que hasta ahora se creía exclusivamente humana
Un bonobo fue capaz de generar representaciones mentales al margen de la realidad, un pilar del pensamiento simbólico

El bonobo Kanzi interactuando con un humano. / Charity Nebbe / Iowa Public Radio

La ciencia ya había demostrado que los grandes simios no humanos son capaces de jugar por diversión. Ahora, se ha demostrado experimentalmente por primera vez que también pueden imaginar y fingir, una capacidad cognitiva que hasta ahora se consideraba privativa del ser humano.
La investigación, publicada en la revista Science, se centró en Kanzi, un bonobo que tenía 43 años en el momento del estudio, con entrenamiento en el uso de símbolos, quien logró rastrear consistentemente objetos imaginarios –como jugo imaginario o uvas 'de mentira'– a través de varios experimentos controlados.
Los hallazgos sugieren que la habilidad para generar representaciones mentales desacopladas de la realidad, un pilar de la imaginación y el pensamiento simbólico, podría tener raíces evolutivas mucho más antiguas y compartidas de lo que se pensaba, remontándose posiblemente al ancestro común entre humanos y otros grandes simios, que vivió hace entre 6 y 9 millones de años.
El bonobo Kanzi, protagonista
Durante décadas, la capacidad de 'jugar a la simulación’ (por ejemplo, hacer como que se lucha con palos simulando que son espadas o fingir que se bebe algo de un vaso vacío) había sido vista como un hito del desarrollo cognitivo humano, ligada a la facultad de crear representaciones secundarias, es decir, modelos mentales de situaciones que no son reales.
Aunque existían observaciones anecdóticas de simios en cautiverio y en libertad que parecían realizar actos de simulación, como chimpancés que arrastraban bloques imaginarios o hembras que portaban palos a modo de bebés, nunca se había realizado un estudio experimental controlado para verificar si estos comportamientos implicaban una verdadera comprensión de la pretensión.

El bonobo Kanzi. / apeinitiative.org
La investigación, liderada por Amalia P. M. Bastos y Christopher Krupenye buscó llenar ese vacío empleando un diseño inspirado en los juegos infantiles. Los científicos trabajaron con 'Kanzi', un bonobo fallecido el 18 de marzo de 2025, que vivía en la iniciativa Ape Initiative y que poseía un extenso historial de comunicación a través de gestos y un tablero de símbolos o lexigramas.
Ficción compartida
En una serie de pruebas, el simio se sentaba frente a un investigador con varios recipientes transparentes vacíos sobre una mesa. En el primer experimento, el investigador simulaba verter jugo imaginario de una jarra vacía en dos tazas también vacías, y luego fingía volcar el contenido de una de ellas de vuelta a la jarra. Finalmente, preguntaba a Kanzi: "¿Dónde está el jugo?". A pesar de que ambos recipientes estaban vacíos a la vista, el bonobo señaló mayoritariamente la taza que, en la ficción compartida, aún contenía el líquido. Acertó en el 68% de los ensayos no reforzados, un resultado estadísticamente significativo que descarta la elección al azar.
Para descartar que Kanzi simplemente creyera que había jugo real en las tazas, se realizó un segundo experimento. Esta vez, una de las tazas contenía jugo real y la otra estaba vacía; el investigador realizaba la acción de simular el vertido solo sobre la taza vacía. Al preguntarle "¿Cuál quieres?", Kanzi eligió abrumadoramente la taza con jugo real (77,8% de aciertos), demostrando que puede discriminar entre lo real y lo pretendido.
Un tercer ensayo, que replicaba la lógica pero con uvas imaginarias, obtuvo resultados similares: el bonobo indicó la ubicación correcta del fruto simulado en casi el 69% de las pruebas. "Es extremadamente llamativo y muy emocionante que los datos sugieran que los simios, en sus mentes, pueden concebir cosas que no están allí. Kanzi era capaz de generar una idea de este objeto pretendido y al mismo tiempo saber que no es real", señala Bastos.
Razonamiento causal
Los investigadores tomaron cuidadosas precauciones para excluir explicaciones alternativas. Los ensayos críticos nunca fueron recompensados, eliminando la posibilidad de que Kanzi simplemente repitiera una conducta aprendida por refuerzo.

Kanzi entretiene a los visitantes haciendo una mueca de "beso" a través de la ventana. / Emily Woodbury / Iowa Public Radio
Además, se contrabalanceó el orden y el lado de las acciones para evitar que el simio se guiara por señales perceptivas simples, como cuál recipiente había sido manipulado más recientemente –que, de hecho, correspondía siempre a la opción incorrecta–. Tampoco se observaron signos de frustración cuando Kanzi no recibía recompensa en los ensayos de pretensión, lo que respalda la idea de que no esperaba encontrar un objeto real.
Las implicaciones del estudio trascienden el ámbito del juego. La capacidad de formar representaciones secundarias es considerada un cimiento cognitivo para facultades complejas como la atribución de estados mentales a otros, la simulación de futuros posibles o el razonamiento causal.
Un simio 'culturizado'
"Realmente es revolucionario que sus vidas mentales vayan más allá del aquí y el ahora. La imaginación ha sido vista durante mucho tiempo como un elemento crítico de lo que significa ser humano, pero la idea de que puede no ser exclusiva de nuestra especie es realmente transformadora", explica Krupenye.
El investigador trazó un paralelo con el impacto del descubrimiento de Jane Goodall sobre el uso de herramientas en chimpancés, que en su momento obligó a redefinir la singularidad humana. Quedan, no obstante, importantes cuestiones por resolver. Kanzi era un simio 'culturizado', con décadas de exposición a interacciones humanas y entrenamiento en comunicación simbólica. Los autores señalan que es posible que esta exposición haya potenciado o hecho más evidente una capacidad latente en su especie, en lugar de crearla desde cero.

Kanzi se desliza por el suelo mientras juega con agua. / Iowa Public Radio
"Debemos ser impulsados por estos hallazgos a cuidar de estas criaturas con mentes ricas y hermosas y asegurar que sigan existiendo", afirma Krupenye. Futuras investigaciones deberán determinar si otros simios, especialmente aquellos sin un historial de 'culturización' intensiva, poseen esta misma capacidad, quizás empleando paradigmas experimentales diferentes.
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