Alerta mundial
El mundo entra en una "era de bancarrota hídrica global”, alerta la ONU
Miles de millones de personas, amenazadas por la nueva realidad derivada del cambio climático y el derroche de agua

El mundo ha entrado en bancarrota hídrica / Shutterstock

En medio del agotamiento crónico de las aguas subterráneas, la sobreasignación de agua, la degradación de la tierra y el suelo, la deforestación y la contaminación, todo ello agravado por el calentamiento global, un informe de la ONU ha alertado del comienzo de una era de bancarrota hídrica global, por lo que ha invitado a los líderes mundiales a impulsar una adaptación honesta y basada en la ciencia a esta nueva realidad.
‘Bancarrota hídrica global: Vivir por encima de nuestras posibilidades hidrológicas en la era poscrisis’ es el título del informe que argumenta que los términos habituales "estrés hídrico" y "crisis hídrica" no reflejan la realidad actual en muchos lugares del planeta. Se trata de una situación poscrisis marcada por pérdidas irreversibles del capital hídrico natural y la incapacidad de recuperar los niveles históricos.
Gastar más de lo que se tiene
"Este informe revela una verdad incómoda: muchas regiones viven por encima de sus posibilidades hidrológicas, y muchos sistemas hídricos críticos ya están en bancarrota", afirma el autor principal, Kaveh Madani, director del Instituto para el Agua, el Medio Ambiente y la Salud de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU-INWEH), conocido como el Grupo de Expertos de las Naciones Unidas sobre el Agua.
Muchas sociedades no solo han gastado en exceso sus ingresos anuales de agua renovable proveniente de ríos, suelos y nieve, sino que también han agotado los ahorros a largo plazo"
Expresado en términos financieros, el informe señala que muchas sociedades no solo han gastado en exceso sus ingresos anuales provenientes del agua renovable proveniente de ríos, suelos y mantos nivosos, sino que también han agotado los ahorros a largo plazo en acuíferos, glaciares, humedales y otras reservas naturales.
Esto ha dado lugar a un creciente número de acuíferos compactados, hundimientos de tierras en deltas y ciudades costeras, la desaparición de lagos y humedales, y una pérdida irreversible de biodiversidad.

Terreno afectado por la falta de agua / Shutterstock
El informe de la UNU se basa en un artículo revisado por pares publicado en la revista Water Resources Management que define formalmente la bancarrota hídrica como la extracción excesiva y persistente de aguas superficiales y subterráneas en comparación con las entradas renovables y los niveles seguros de agotamiento. Eso provoca, según dicha definición, la consiguiente pérdida irreversible o prohibitivamente costosa del capital natural relacionado con el agua.
Si bien no todas las cuencas y países están en bancarrota hídrica, Madani afirma que "suficientes sistemas críticos en todo el mundo han superado estos umbrales. Estos sistemas están interconectados a través del comercio, la migración, la retroalimentación climática y las dependencias geopolíticas, por lo que el panorama global de riesgos se ha alterado fundamentalmente".
Madani subraya que invertir en agua también implica invertir en la mitigación del cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la desertificación. El agua no debe tratarse únicamente como un sector aguas abajo afectado por otras crisis ambientales. Por el contrario, una inversión específica en esta materia puede los problemas más inmediatos de muchos pueblos y países, a la vez que promueve los objetivos de las Convenciones de Río (clima, biodiversidad, desertificación).
Un mundo en números rojos
Basándose en conjuntos de datos globales y evidencia científica reciente, el informe presenta un resumen estadístico contundente de las tendencias, la gran mayoría causadas por el ser humano:
- El 50% de los grandes lagos en todo el mundo han perdido agua desde principios de la década de 1990 (el 25 % de la humanidad depende directamente de ellos).
- El 50% del agua doméstica mundial ahora procede de aguas subterráneas.
- Más del 40% del agua de riego extraída de los acuíferos se está agotando constantemente.
- El 70% de los principales acuíferos muestran un declive a largo plazo.
- 410 millones de hectáreas de humedales naturales, casi el mismo tamaño que toda la Unión Europea, han sido eliminadas en las últimas cinco décadas.
- Más del 30 % de los glaciares de todo el planeta se han perdido desde 1970, y se prevé que cordilleras enteras de latitudes bajas y medias pierdan glaciares funcionales en las próximas décadas.
- Hay docenas de ríos importantes que ya no llevan agua al mar durante buen parte del año.
- 100 millones de hectáreas de tierras de cultivo han quedado dañadas por la salinización.

Embalse de Barrios de Luna, en León, desprovisto de agua en un episodio de sequía / Pablo Tejedor Garcia
Y las consecuencias humanas:
- El 75 % de la humanidad está en países clasificados como con inseguridad hídrica o con inseguridad hídrica crítica.
- Hay 2.000 millones de personas que viven en terrenos hundidos (debido a la excesiva extracción de agua suberránea). Algunas ciudades se hunden hasta 25 centímetros al año.
- Existen 4.000 millones de personas (la mitad del planeta) que sufren escasez severa de agua al menos un mes al año
- Hay 170 millones de hectáreas de tierras de cultivo de regadío con estrés hídrico alto o muy alto, lo que equivale a las superficies de Francia, España, Alemania e Italia juntas.
- El valor anual de los servicios ecosistémicos de humedales perdidos equivale a 5,1 billones de dólares.
- Hay 3.000 millones de personas que viven en zonas donde el almacenamiento total de agua está disminuyendo o es inestable, y más del 50 % de los alimentos mundiales se producen en esas mismas regiones estresadas.
- 1.800 millones de personas viven en condiciones de sequía en 2022-2023.
- El coste global anual actual de la sequía es de 307 mil millones de dólares.
- 2.200 millones de personas carecen de agua potable gestionada de forma segura, mientras que 3.500 millones carecen de saneamiento gestionado de forma segura.
El 75 % de la humanidad está en países clasificados como con inseguridad hídrica o con inseguridad hídrica crítica
Madani afirma: «Millones de agricultores intentan cultivar más alimentos a partir de fuentes de agua cada vez más escasas, contaminadas o en desaparición. Sin una transición rápida hacia una agricultura inteligente en el uso del agua, la bancarrota hídrica se extenderá rápidamente».
Un nuevo diagnóstico para una nueva era
Una región puede inundarse un año y aun así estar en bancarrota hídrica, añade, si las extracciones a largo plazo superan la reposición. En ese sentido, la bancarrota hídrica no se trata de cuán húmedo o seco parezca un lugar, sino de equilibrio, contabilidad y sostenibilidad.
"Cuando la escasez de agua socava la agricultura en una región, los efectos se propagan a través de los mercados globales, la estabilidad política y la seguridad alimentaria en otras partes. Esto hace que la quiebra hídrica no sea una serie de crisis locales aisladas, sino un riesgo global compartido que exige un nuevo tipo de respuesta: la gestión de la quiebra, no la gestión de crisis.
Por ello, el informe hace un llamamiento a replantear la agenda global del agua, lo que exige que, para empezar, se reconozca formalmente el estado de quiebra hídrica. También es necesario incluir este elemento en las negociaciones sobre el clima, biodiversidad y desertificación, financiación del desarrollo y procesos para la consolidación de la paz.

Imagen de un acuífero subterráneo / Shutterstock
"La bancarrota hídrica se está convirtiendo en un factor de fragilidad, desplazamiento y conflicto", afirma la Secretaria General Adjunta de la ONU, Tshilidzi Marwala, Rectora de la UNU. "Gestionarla de manera justa —garantizando que las comunidades vulnerables estén protegidas y que las pérdidas inevitables se compartan equitativamente— es ahora fundamental para mantener la paz, la estabilidad y la cohesión social".
"La gestión de la bancarrota requiere honestidad, valor y voluntad política", añade Madani. "No podemos reconstruir los glaciares desaparecidos ni reactivar los acuíferos gravemente compactados. Pero sí podemos evitar una mayor pérdida del capital natural que nos queda y rediseñar las instituciones para que se ajusten a los nuevos límites hidrológicos".
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