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Economía sostenible

¿Realmente mide el PIB el bienestar de la gente? Proponen otros sistemas no basados en el consumismo

Un informe de Naciones Unidas aboga por un índice que también mida la salud o la longevidad, en vez de fijarse sólo en la producción económica

El medidor por excelencia del desarrollo, el PIB, solo tiene en cuenta la economía

El medidor por excelencia del desarrollo, el PIB, solo tiene en cuenta la economía / Shutterstock

Ana Tuñas Matilla/EfeVerde

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Cambiar la forma de medir el bienestar y el progreso es clave para transformar el actual modelo económico, basado en el sobreconsumo y que es culpable del cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la degradación del suelo y la desertificación, la contaminación y la generación de residuos. En definitiva, responsable de las grandes crisis ambientales que amenazan a la humanidad y que causan millones de muertes y de pérdidas.

Invertir en frenar estas amenazas aportaría billones de euros a la economía mundial, reduciría muertes evitables y sacaría a cientos de millones de personas de la pobreza y del hambre, según la séptima edición del Global Environment Outlook (GEO-7) del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).

Solo el PIB no sirve

Cambiar el paradigma que permitiría luchar contra las grandes crisis ambientales que amenazan a la humanidad pasa por abandonar el PIB como único indicador del bienestar económico e incorporar nuevas métricas que midan la salud del capital humano y natural. El objetivo: transformar el actual modelo de producción y consumo por uno que respete los limites planetarios.

Cambiar el paradigma que permitiría luchar contra las grandes crisis ambientales que amenazan a la humanidad pasa por abandonar el PIB como único indicador del bienestar

Habilitar nuevas métricas de desarrollo humano en la formulación de políticas económicas incentivaría a avanzar hacia una economía circular, reduciendo con ello el consumo de recursos y la generación de residuos; así como a acelerar la descarbonización, desarrollar una agricultura sostenible y restaurar los ecosistemas degradados, concluye el informe.

Medir la salud, no solo la economía

Entre esas nuevas métricas, figura, por ejemplo, el Índice de Desarrollo Humano (HDI, por sus siglas en inglés), creado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y que mide el progreso general en tres aspectos clave del desarrollo humano: salud y longevidad, conocimiento y nivel de vida digno.

El bienestar de la población no depende solo de la producción económica

El bienestar de la población no depende solo de la producción económica / Agencias

Los beneficios económicos de este cambio se notarían a partir de 2050, alcanzarían los 20 billones de dólares anuales en 2070 y los 100 millones en 2100, el equivalente al 25 % del gasto mundial necesario para la transformación que se necesita para garantizar el futuro de la humanidad.

Invertir en un planeta más sano, también evitaría hasta 9 millones de muertes prematuras para 2050, solo por contaminación. Para ese mismo año, casi 200 millones de personas podrían salir de la desnutrición y más de 100 millones de la pobreza extrema.

Cuatro crisis ambientales interconectadas

Para la elaboración de GEO-7, 287 científicos de 82 países han revisado por pares más de 7.000 artículos y evidencias científicas relacionados con la degradación ambiental y han concluido que las grandes crisis que amenazan a la humanidad están interconectadas, pero, también, que hay una salida y que estamos a tiempo.

«Tenemos una ventana de oportunidad si combinamos el cambio de comportamiento de los seres humanos con el uso de tecnologías más eficientes», ha asegurado uno de los codirectores de GEO-7, el ex ministro de Ambiente y energía de Costa Rica Edgar Gutiérrez-Espeleta, que ha advertido de que ese cambio requiere «coraje, firmeza y liderazgo».

La pérdida de biodiversidad es una de las cuatro grandes crisis ecológicas actuales

La pérdida de biodiversidad es una de las cuatro grandes crisis ecológicas actuales / Agencias

GEO-7 buscaba reconocer que tenemos cuatro grandes crisis ambientales en el planeta (cambio climático, pérdida de biodiversidad, desertificación y degradación de suelos, contaminación y residuos), que hay que resolver y que debemos visualizar como una sola porque están interconectadas y se alimentan e impactan unas a otras, ha explicado en una entrevista con EfeVerde.

Tener esta visión es importante para «entender que la toma de decisiones para resolver estas crisis ya no puede ser sólo cuestión de los ministros de Medio Ambiente», sino que tienen que verse en el contexto de todo un gobierno y ser eje transversal porque afectan absolutamente a todo: economía, salud humana, infraestructuras, etc.

 Hay que empezar a actuar de forma colectiva, no esperar a que las soluciones vengan de arriba hacia abajo, tenemos que hacer presión de abajo a arriba"

Edgar Gutiérrez-Espeleta

— Co-director de GEO-7

«Si seguimos manteniendo la misma forma de hacer las cosas es muy seguro que nos vamos al abismo en un futuro no muy lejano (…)», ha afirmado el experto tras asegurar que urge una «transformación fuerte de cómo usamos los recursos planetarios». De lo contrario, las metas consensuadas para frenar las crisis ambientales, como, por ejemplo, la reducción de emisiones para contener el calentamiento global o evitar la extinción de especies, no se podrán alcanzar.

Rebelarse y exigir cambios

Buscar soluciones para evitar la extinción -a la que nos encaminamos si mantenemos el actual ritmo de consumo de recursos- es responsabilidad de toda la sociedad, gobiernos y ciudadanos, quienes, ha aseverado, son los que realmente tienen el poder de rebelarse y exigir cambios.

 «Hay que empezar a actuar de forma colectiva, no esperar a que las soluciones vengan de arriba hacia abajo, tenemos que hacer presión de abajo a arriba (…) Debemos tener consciencia de que el grupo de arriba, el que decide, está influido por grandes intereses económico y grandes corporaciones.

El actual modelo economicista no mide adecuadamente el progreso humano

El actual modelo economicista no mide adecuadamente el progreso humano / Agencias

Además de cambiar nuestra forma de vida, debemos cambiar nuestra relación con la naturaleza, a la que debemos dar espacio para que pueda recuperarse.

Otro de los desafíos del ser humano, ha añadido, es empezar a pensar en el largo plazo, sobre todo para la clase política, que debe dejar de pensar a cuatro años vista (ciclo electoral), para pensar a medio y largo plazo y entender que los recursos no son infinitos y que por eso hay que usarlos de forma muy inteligente.

El informe concluye que, aunque a corto plazo habrá que pagar precios más altos y tener menos ganancias, invertir en la transformación que necesita el planeta supondrá beneficios «monetarios» a medio y largo plazo.

El sector privado también quiere cambiar

«En el sector privado hay mucha gente que quiere cambiar la cosas, que es consciente de que hay que sacrificar ganar menos a corto plazo para luego ganar más, pero necesitan un disparador que les permita tener confianza y lanzarse», ha apuntado el ex ministro.

En cuanto a la necesidad de «no seguir idolatrando el PIB per cápita», el ex ministro ha explicado que lo que están diciendo «es que es posible vivir mejor con menos» y que cada país tiene que hacer su aportación teniendo en cuenta su punto de partida de cada uno.

«Los países ricos e industrializados deben empezar a cambiar sus hábitos de consumo, mientras que los más pobres deben empezar a adquirir tecnologías más eficientes»

Pero, ¿es posible el cambio?, le preguntamos. Su respuesta: no queda otra. «Hay muchos intereses detrás de todo, la codicia económica es muy fuerte (…) pero creo en la capacidad de los pueblos de cambiar las cosas, de rebelarse (…) Las corporaciones tiene que empezar a ceder, viven en una burbuja en la que tienen de todo, pero la gente común tiene que salir a la calle, soportar el calor, respirar la contaminación, tener menos alimentos y por eso empieza a revelarse y hacer presión»