Cambio climático
La contaminación plástica empeora con el calentamiento global: "Debe ser frenada"
Las condiciones climáticas extremas y el aumento de las temperaturas aceleran la fragmentación de estos residuos y favorecen su dispersión

La producción mundial de plástico supera los 400 millones de toneladas anuales.medio / Pexels

El calentamiento del planeta no solo multiplica olas de calor, sequías e inundaciones, también está transformando la contaminación por plásticos en una amenaza más móvil, persistente y difícil de revertir. Las condiciones climáticas extremas y el aumento de las temperaturas aceleran su fragmentación en microplásticos y favorecen su dispersión a larga distancia.
La alerta ha sido lanzada por investigadores del Imperial College de Londres, en un informe que han publicado en ‘Frontiers in Science’. Advierten de que, si no se actúa con urgencia, los daños ecológicos podrían volverse irreversibles.
La producción mundial de plástico se ha multiplicado por más de 200 desde 1950 y supera ya los 400 millones de toneladas anuales. Solo el 9% de esa ingente cantidad se recicla de forma efectiva; el resto acaba en vertederos, incineradoras o directamente en la naturaleza, donde ya se acumulan 6.000 millones de toneladas de residuos plásticos. A esta cifra se suma que los plásticos de un solo uso representan el 35% de la producción actual y son el segmento que más crece.
Los microplásticos no viajan solos
El calentamiento global actúa como catalizador. El incremento de temperatura, la mayor exposición a rayos UV y la humedad aceleran la degradación física y química de los plásticos, haciendo que se rompan más rápido en fragmentos microscópicos.
Un aumento de 10 °C puede duplicar la velocidad de degradación. Al mismo tiempo, tormentas más intensas, inundaciones y vientos fuertes remueven y dispersan esos residuos desde vertederos y suelos hacia ríos, mares y hasta la atmósfera.

Los efectos combinados del calentamiento y los residuos plásticos resultan especialmente graves en los organismos marinos / Richard Carey
Los microplásticos no viajan solos. Actúan como vectores de otros contaminantes –metales pesados, pesticidas, PFAS o retardantes de llama– que se adhieren a su superficie o se liberan al medio cuando el plástico se degrada.
Un medio ambiente estresado
Además, el derretimiento del hielo marino ártico, que hasta ahora había funcionado como sumidero al atrapar partículas, amenaza con convertirse en una nueva fuente masiva de liberación de microplásticos.
"Existe la posibilidad de que los microplásticos, presentes ya en todos los rincones del planeta, tengan un mayor impacto en ciertas especies con el tiempo", alerta la doctora Stephanie Wright, coautora del estudio.
"Tanto la crisis climática como la contaminación plástica, derivadas de la excesiva dependencia de la sociedad de los combustibles fósiles, podrían combinarse para empeorar un medio ambiente, ya de por sí estresado, en un futuro próximo", resalta la investigadora.
La mortalidad de peces, disparada
Los efectos combinados resultan especialmente graves en los organismos marinos. Experimentos con corales, erizos de mar, mejillones y peces muestran que los microplásticos reducen su capacidad para soportar temperaturas más altas y la acidificación oceánica.

Residuos plásdticos en una playa asiática. / EFE / EPA 7 Made Nagi
En algunos casos la mortalidad de peces se ha cuadruplicado con solo 5°C adicionales. El bacalao del Atlántico, ante condiciones de menor oxígeno causadas por el calentamiento, duplicó la ingesta de microplásticos al cambiar su dieta.
Los depredadores superiores sufren de forma particular. Las orcas y otros mamíferos marinos longevos acumulan durante décadas tanto los plásticos como los tóxicos que transportan. "Los depredadores máximos, como las orcas, podrían ser los canarios en la mina de carbón, ya que pueden ser especialmente vulnerables al impacto combinado del cambio climático y la contaminación plástica", señala Guy Woodward, otro de los autores».
Clima y plásticos, crisis paralelas
En tierra firme, las interacciones resultan más complejas y menos predecibles, pero también hay evidencias preocupantes: los microplásticos alteran la estructura del suelo, interfieren en el ciclo del nitrógeno y pueden reducir el rendimiento de cultivos cuando coinciden con olas de calor, subrayan los autores.
"Necesitamos urgentemente un enfoque internacional coordinado para detener la acumulación de plásticos al final de su vida útil en el medio ambiente. La contaminación por plásticos y el clima son crisis paralelas que se intensifican mutuamente. Además, comparten orígenes y soluciones", expone Frank Kelly, autor principal del estudio.
Los investigadores proponen pasar de la economía lineal actual –extraer, fabricar, desechar– a una circular real. Eso implica eliminar los plásticos de un solo uso no esenciales, limitar drásticamente la producción de plástico virgen, establecer normas globales que obliguen a que todo plástico sea reutilizable o reciclable por diseño.
Un material imprescindible
"Una economía circular del plástico es ideal. Debe ir más allá de reducir, reutilizar y reciclar para incluir rediseñar, repensar, rechazar, eliminar, innovar y circular", explica Julia Fussell, coautora de la investigación.

Un grupo de personas trabaja en la limpieza de microplásticos en la playa Ana Kena, en Isla de Pascua (Chile). / EFE / Elvis González
El estudio subraya que el futuro no será libre de plásticos, dado que es un material imprescindible en áreas como la medicina, la construcción o el transporte, pero sí puede y debe serlo de nueva contaminación por microplásticos. Para ello resulta clave reducir la producción en origen y avanzar hacia un Tratado Mundial sobre Plásticos vinculante, algo que las negociaciones de la ONU aún no han logrado cerrar.
Los autores concluyen que integrar el estudio de los microplásticos con los demás factores de estrés climático permitiría priorizar mejor la investigación, el monitoreo y, sobre todo, las políticas. Porque, tal y como destacan, "el plástico que hoy desechamos sin control, amenaza con provocar mañana perturbaciones a escala planetaria. Frenar esa deriva no es ya una opción, sino una urgencia ineludible", concluyen.
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