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¿Cuánto vive un gato?
Las claves que explican por qué las mascotas viven cada vez más tiempo

Una familia acude al cementerio a visitar el nicho del que fuera su mascota. / PAU MARTÍ

Lo confirman todas las fuentes: el número de animales domésticos no deja de crecer día a día y ya, según informaciones publicadas en septiembre de 2022 por Health for Animals -organización belga que agrupa a veterinarios de todo el mundo- existe una mascota en al menos la mitad de los hogares de todo el mundo.
Y la cifra no deja de crecer: solo en Europa el número de perros se ha triplicado casi un 200% en ocho años, hasta alcanzar los 73 millones censados en la UE a finales de 2022, según la Real Sociedad Canina de España (RSCE).
La evolución de la relación de los humanos con los animales propicia no solo que esos datos vayan en aumento, sino que los animales domésticos vivan cada vez más tiempo.
Esperanza de vida
"Si está bien cuidado y no tiene problemas de salud, lo normal es que un felino pueda llegar a vivir alrededor de 15 años", apuntan los veterinarios.
Lo mismo sucede con los perros: también pueden llegar a vivir unos 15 años. No obstante, se dan casos de gatos y perros bien cuidados que han alcanzado la nada desdeñable cifra de 20 años, al igual que algunas personas pueden llegar a ser centenarias o, incluso, sobrepasar los 110 años.
Pero, ¿qué pasa cuándo el animal fallece?
"Hace unos años, podías ir a la montaña a enterrarlos", explica Assumpta Padró, gerente del Cementiri de petits animals de Torrelles de Llobregat (Baix Llobregat, Barcelona). "Incluso había quien los tiraba a la basura", apunta.
Ley de bienestar animal
Una opción que hoy en día es impensable, no solo porque ha cambiado nuestra relación con los animales, sino también porque la ley de bienestar animal, aprobada en marzo de 2023 y que entró en vigor en septiembre de ese mismo año, establece que los cadáveres de los animales domésticos deben ser entregados a un centro de recogida autorizado o a un veterinario, para su posterior incineración o eliminación por otro medio autorizado.

El retrato de un gato fallecido junto a él en una habitación de despedida, en Pekín (China). / Archivo / Efe
Y eso es lo que hacen en el Cementeri de petits animals desde 1972: enterrarlos. El de Torrelles es el cementerio de animales más antiguo de España y el único legal "junto a uno situado en Madrid que data de 1975 y otro en Málaga, que abrió hace un año o dos", explica Padró. Y no hay más.
En el camposanto tienen a unos 3.000 animales repartidos en diferentes fosas y nichos. Aunque tienen "espacio suficiente" para más.
"Un 70% más de entierros"
Desde los años 80, "hay un 70% más de entierros", dice Padró: la cifra de inhumaciones de animales -donde destacan en número los perros y los gatos, pero que también incluye a conejos, cobayas u otros roedores, iguanas, reptiles y aves como loros, patos o incluso gallinas- se ha ido incrementando, hasta situarse en las 20 que, de media, se realizan ahora cada mes, una media que se supera en los primeros días de calor y los meses de verano.
La gente suele enterrar a su animal "con la mantita con la que duerme, toallas... incluso alguna caja si el animal es pequeño".
También pueden enterrar las urnas con las cenizas de la mascota, una opción -la de incinerar o cremar al animal- que no realizan en el Cementiri de petits animals, pero que sí hacen en el Tanatori de mascotes desde 2004.
Tipos de incineración
Con tres centros situados en Barcelona ciudad, en Polinyà (Vallès Occidental, Barcelona) y en Riudarenes (Selva, Girona), Joan Verdaguer, cogerente y copropietario de la empresa crematoria, explica que la incineración "es la opción preferida por el 95% de la gente" frente a los entierros convencionales, aunque puntualiza que son datos estimatorios.
Ofrecen tres tipos de servicios: incineración colectiva -que, como su nombre indica, se realiza conjuntamente con otros animales y no permite recuperar las cenizas-, incineración individual simple -en la que se incinera al animal solo y se entregan o no las cenizas en una urna, dependiendo de lo que elija el dueño- o incineración individual presencial, donde el propietario acude al crematorio e, incluso, está en un velatorio despidiéndose de su compañero.
Despedida y velatorio
"Ahora la gente quiere despedirse de sus mascotas y están en la sala del velatorio unos 15 minutos", cuenta Verdaguer, que explica que cuando nacieron, en 2004, "los restos de las mascotas eran tratados como residuos". Incluso los hay que están durante todo el proceso: llevan al animal al tanatorio, se despiden de él durante unos minutos, ven la introducción en el horno crematorio y espera las cenizas, un proceso que puede tardar "un par de horas, dependiendo del volumen y el peso del animal", explica Verdaguer. Luego, se llevan las cenizas e incluso "compran accesorios como recuerdo", añade.
Las clínicas veterinarias también pueden encargarse de gestionar el servicio de cremación para que la persona no tenga que ocuparse de esos detalles logísticos en un momento tan duro.
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