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Las plantas tienen memoria, aprenden, deciden, se comunican... y olvidan

Un estudio científico revela sorprendentes detalles de la ‘inteligencia vegetal’

Las plantas tienen memoria, aprenden, deciden, se comunican... y olvidan
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Ramón Díaz

Las plantas tienen memoria y la transmiten de padres a hijos a través del ADN de las células germinales. Son capaces, por ejemplo, de ‘recordar’ el frío del invierno para no florecer antes de tiempo y aguardar la llegada de la primavera. Pueden sentir, percibir, recordar, reelaborar, responder y transmitir a su descendencia información para adaptarse de manera más eficiente al cambio climático. También tienen capacidad para ‘olvidar'.

Un reciente estudio científico internacional ha venido a dar luz sobre el peculiar tipo de inteligencia de las plantas, que han desarrollado complejas redes moleculares que les permiten "recordar, elegir y tomar decisiones en función del estímulo estresante, aunque carecen de sistema nervioso".

Al estar ancladas al sustrato, las plantas están constantemente expuestas a cambios en temperatura, intensidad de la luz, nutrientes, disponibilidad de agua y patógenos. Pero también pueden por ello explotar sus redes moleculares para optimizar los recursos de manera rentable y maximizar su aptitud en respuesta a las múltiples tensiones ambientales.

Aún es más interesante, según los investigadores, la capacidad de transmitir toda esta experiencia a las siguientes generaciones a través de modificaciones epigenéticas que se suman a la herencia genética clásica.

Un científico con una planta / Efe

"Cada vez hay más evidencia de que las plantas, aunque carecen de habilidades cognitivas, pueden aprender, comunicarse, memorizar y desarrollar circuitos de toma de decisiones de una manera dependiente del estímulo", apuntan los investigadores.

Así, las plantas pueden modificar su comportamiento frente a entornos adversos, como el cambio climático. Responden al estrés ambiental que pueden producirles la sequía, el calor, el frío, un elevado nivel de sal o los ataques de patógenos.

Más: puéden aclimatarse y adaptarse a un entorno en constante cambio para optimizar su estado físico. Esa capacidad de ‘aprender’ se basa en el desarrollo de mecanismos de memoria precisos.

Evidencia de recuerdos duraderos

A diferencia de los animales, que tienen capacidades cognitivas basadas en estructuras y mecanismos neuronales, la memoria de las plantas se basa exclusivamente en redes celulares, moleculares y bioquímicas (memorias metabólicas, genéticas y epigenéticas) que permiten "almacenar, recuperar, recordar, y eventualmente borrar información", resaltan los científicos.

Las plantas tienen capacidad de aprender a afrontar situaciones de estrés. / pixabay

"Las plantas poseen una memoria somática, que puede durar algún tiempo durante la vida de individuo y que se mantiene a través de la mitosis, pero también hay una creciente evidencia de recuerdos duraderos con información transmitida a una o más generaciones posteriores", señalan los autores del artículo, publicado en ‘Trends in Plant Science’

Las plantas también detectan y responden a los cambios en la calidad, intensidad y periodicidad de la luz a través de sistemas de fotorreceptores especializados y componentes de señalización de luz. Algunos de ellos actúan como termosensores. La termodetección es uno de los mejores ejemplos de aclimatación de plantas, tanto al frío extremo como a las altas temperaturas.

Los científicos han comprobado que las plantas son capaces de diferenciar entre los periodos cortos de frio debidos a fluctuaciones de la temperatura, frente a los que responden de manera específica, y los largos, cuya finalización les ‘recuerda’ que ha pasado el invierno y que ya es tiempo de florecer.

También ha quedado demostrado que las plantas responden de una manera más rápida y contundente al segundo ataque de un patógeno que al primero. De nuevo en este caso la memoria hace que aumenten las posibilidades de sobrevivir.

Además, la capacidad para transmitir esos ‘conocimientos’ a su descendencia, permite que esta esté preparada para posibles escenarios de estrés y contribuye "a la adaptación a largo plazo de las plantas al cambio climático", según los autores del artículo, entre los que se cuentan científicos de Francia, Malta, Grecia, Hungría, Reino Unido e Italia.

Capacidad para ‘olvidar’

La clave de la inteligencia vegetal parece radicar en la cromatina, que forma y transmite las respuestas a los agentes externos, y más concretamente en las histonas (proteínas básicas). En cuanto a la capacidad de ‘olvidar’ los científicos explican que es similar al borrado y formateado de datos en un disco duro.

El ‘olvido’ es también fundamental para la supervivencia de las plantas. Se registra en las semillas y tiene su razón de ser: el polen puede propagarse a grandes distancias y las condiciones externas pueden ser muy diferentes a las del progenitor.

Los árboles 'recuerdan' los episodios de frío intenso. / pixabay

Pero el ‘olvido’ es selectivo, ya que parte de la memoria sí se transmite a la descendencia. Se ‘olvida’ la memoria paterna, mientras que se conserva la materna, ya que es más probable que el hijo se propague y crezca al lado de la madre. Entre la parte que se ‘hereda’ figuran datos claves para afrontar situaciones de estrés, por ejemplo, las provocadas por el calentamiento global.

Los autores del estudio reconocen que los mecanismos moleculares que subyacen en la inteligencia vegetal están "lejos de entenderse por completo" y se encuentran "bajo un profundo debate en la comunidad científica". De ahí que resalten la necesidad de continuar las investigaciones en ese campo.

Las conclusiones del estudio coinciden con otro realizado recientemente por la Universidad de Oviedo, aunque en ese caso centrada en los árboles, que aprenden a sobrevivir en condiciones adversas y transmiten esa sabiduría a sus hijos.

Esta memoria también permite a los árboles recordar situaciones ambientales adversas, como las olas de calor o los periodos de sequía, y responder cada vez mejor a estos fenómenos desfavorables, reduciendo los posibles daños. El trabajo ha sido publicado en las revistas ‘The Plant Journal’ y ‘Environmental and Experimental Botany’.

Artículo de referencia: https://www.cell.com/trends/plant-science/fulltext/S1360-1385(22)00266-7#%20

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