Fauna

Los osos no son carnívoros: así se acorta su vida en los zoos

Alimentar a los plantígrados olvidando que son omnívoros les provoca enfermedades renales

Los osos no son carnívoros: así se acorta su vida en los zoos
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Ramón Díaz

Demostrado: los osos son omnívoros, como los humanos y el resto de los primates, y necesitan muchas menos proteínas de las que ingieren normalmente en los zoológicos. Más aún: el exceso de proteínas está relacionada con una mayor incidencia de enfermedades renales y acorta la vida de los plantígrados. Y todo indica que esa relación es extensible al ser humano.

Un estudio de la Universidad Estatal de Washington, que acaba de ser publicado en ‘Scientific Reports’ ha agregado más evidencias sobre las necesidades nutricionales de los pandas gigantes y los osos perezosos. La investigación se añade a otra realizada por la misma entidad hace unos meses, publicada en ‘Zoo Biology’, que llegó a las mismas conclusiones para los osos polares.

Los osos, al contrario que por ejemplo los gatos, no son carnívoros en sentido estricto. El autor principal de los dos estudios Charles Robbins, profesor de biología de vida silvestre de la Universidad Estatal de Washington, alerta sobre el error que se está cometiendo con los osos en la mayoría de los zoológicos.

"Desde siempre, ya sean osos polares, pardos o perezosos, la recomendación ha sido alimentarlos como si fueran carnívoros, con dietas ricas en proteínas. Cuando haces eso, los matas lentamente", subraya Robbins.

Por lo que respecta al último estudio, los investigadores realizaron experimentos separados para pandas gigantes y osos perezosos cautivos en diferentes zoológicos de Estados Unidos. Los animales tuvieron acceso a comida ilimitada de diferentes tipos para comprobar sus preferencias. Después registraron los perfiles nutricionales de sus elecciones.

Así, en colaboración con investigadores de la Universidad Texas A&M y el zoológico de Memphis, realizaron pruebas de alimentación con un par de pandas gigantes para medir su selección de bambú. Descubrieron que prefieren los tallo ricos en carbohidratos, que se encuentran en los tallos leñosos, a las hojas más ricas en proteínas.

Cáncer de hígado

En algunos momentos, los pandas consumieron culmo (tallos aéreos) casi exclusivamente; por ejemplo, el 98% del tiempo en el mes de marzo. Los investigadores analizaron datos de cinco zoológicos chinos con pandas gigantes y encontraron también una dieta alta en carbohidratos y baja en proteínas.

Ejemplar de perezoso. / unsplash

Por otro lado, seis osos perezosos de los zoológicos de Cleveland, Little Rock y San Diego recibieron aguacates, batatas horneadas, suero de leche y manzanas ilimitados. Eligieron los aguacates ricos en grasas casi exclusivamente, consumiendo aproximadamente un 88% de aguacates y un 12% de batatas, e ignoraron las manzanas por completo.

Esto mostró que los osos perezosos prefieren una alimentación alta en grasas y baja en carbohidratos, con una composición similar a su dieta salvaje de termitas y hormigas, así como sus huevos y larvas. Sus elecciones fueron muy diferentes a la dieta alta en carbohidratos que normalmente reciben en cautiverio.

Los investigadores relacionan este hecho con la esperanza de vida. Los osos perezosos, nativos de la India, suelen vivir solo unos 17 años en los zoológicos, casi 20 menos que la esperanza de vida máxima alcanzable en la naturaleza o bajo un correcto cuidado humano. La causa de muerte más frecuente es el cáncer de hígado.

En el caso de los osos polares ocurre también que en los zoológicos suelen morir unos 10 años antes de lo que deberían, la mayoría de las veces por enfermedades renales y hepáticas. "Estas enfermedades pueden desarrollarse a partir de la inflamación a largo plazo de esos órganos, posiblemente causada por muchos años de dietas mal equilibradas", resaltan los científicos.

50 millones de años de evolución

En los zoológicos se les suele dar a los osos polares una dieta similar destinada a los grandes felinos, que contiene alrededor de dos partes de proteína por una de grasa, justo al contrario que lo que consumen sus congéneres salvajes. Pero todos los estudios realizados muestran que cuando los osos cautivos tienen diferentes opciones dietéticas eligen alimentos que imitan las de los ejemplares que viven en libertad.

"Existe la idea de que los humanos con doctorados saben mucho más que un oso perezoso o un oso pardo", indica Robbins. "Pero los osos comenzaron a evolucionar hace unos 50 millones de años, y en términos de este aspecto de su dieta, saben más que nosotros. Somos unos de los primeros dispuestos a preguntarles a los osos: ¿Qué les parece? ¿Quieres comer? ¿Qué te hace sentir bien?", añade.

Hembra de oso polar con tres crías. / pic2.me

Robbins ha estudiado la nutrición de los osos durante décadas. Él y varios estudiantes de posgrado comenzaron a investigar en Alaska, observando a los osos pardos comer salmón. Antes de iniciar la investigación, habían teorizado que los osos voraces se atiborrarían de salmón, dormirían, se levantarían y comerían más salmón. No fue así: comprobaron que los osos comían salmón, pero luego se alejaban y pasaban horas buscando y comiendo bayas pequeñas.

Al ver eso, Robbins, fundador del WSU Bear Center, la única institución de investigación en los Estados Unidos con una población cautiva de grizzlies (osos pardos), comenzó a investigar la dieta de estos animales y descubrió que aumentaban más de peso cuando se alimentaban con una combinación de proteínas, grasas y carbohidratos.

La conclusión de los científicos es que los ocho tipos de osos –Ursids–, tienen un ancestro carnívoro común, pero desde entonces evolucionaron para comer una amplia variedad de alimentos, lo que les dio la capacidad de expandirse a más áreas al no competir directamente con los carnívoros residentes. "Ser omnívoro abre muchos más recursos alimentarios que ser un carnívoro alto en proteínas", apunta Robbins.

Informe de referencia: https://www.nature.com/articles/s41598-022-19742-z

Informe sobre la alimentación de los osos polares: https://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1002/zoo.21658

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