Los efectos del cambio climático

La temperatura de Barcelona sube 1,8 grados en un siglo

Un manto marrón recubre la ciudad de Barcelona durante un episodio de contaminación.

Un manto marrón recubre la ciudad de Barcelona durante un episodio de contaminación. / FERRAN NADEU

  • Los registros históricos del Observatori Fabra apuntan a un aumento de la temperatura media de 1,8 grados y a una tendencia a lluvias cada vez más torrenciales

  • "Hay días en los que la ciudad se ve cubierta por una faja marrón", explica el meteorólogo Alfons Puertas

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Valentina Raffio
Valentina Raffio

Periodista.

Especialista en ciencia, salud y medio ambiente.

Escribe desde Barcelona.

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Mucho se ha hablado de que, en un futuro, la crisis climática podría transformar radicalmente el mundo tal y como lo conocemos. Pero más allá de las predicciones a largo plazo, la emergencia ecológica ya está dejando su huella en todos los rincones del planeta. En ciudades como Barcelona, por ejemplo, la crisis climática es una realidad que ya ha afectado a la evolución de termómetros, lluvia y la calidad del aire de la ciudad.

Los registros históricos del Observatori Fabra, cuyas páginas son testigo de cómo ha cambiado el clima en la ciudad desde 1914 hasta la actualidad, corroboran que en este último siglo la temperatura ha aumentado por encima de la media, las precipitaciones se han vuelto cada vez más torrenciales y la contaminación ha inundado la ciudad con un manto marrón que, con cada vez más frecuencia, empaña el horizonte de Barcelona. 

"Los efectos de la crisis climática ya se reflejan en los registros de observatorios centenarios de todo mundo", relata el meteorólogo Alfons Puertas, uno de los cinco científicos a cargo de las observaciones del Fabra. "La crisis climática no es algo que se vea en los datos de una semana, de un mes o de un año. No es que un día haga más calor de lo normal, ni que un invierno parezca más cálido que otros años.

El problema se ve en las tendencias. Los registros de las últimas décadas demuestran que las temperaturas han aumentando y siguen aumentando en todo el mundo y que, si no hacemos nada para cambiar de rumbo, las consecuencias serán cada vez más preocupantes", esgrime el meteorólogo desde la azotea del observatorio donde cada día, desde hace ya 20 años, observa el cambiante cielo de Barcelona. 

Alfons Puertas, meteorólogo del Observatori Fabra e 'inspector' del cielo de la ciudad desde hace ya 20 años.

/ ZOWY VOETEN


Termómetros al alza

"El dato más sólido para ilustrar el impacto del cambio climático en Barcelona es el aumento de las temperaturas", explica, contundente, Puertas. Según indican los registros del Observatori Fabra, la temperatura media en Barcelona ha aumentado 1,8 grados en el último siglo. Esto supone un incremento de hasta seis décimas por encima de la media global (que, según apuntan recientes análisis, se ha incrementado hasta 1,2 grados de media respecto a la era preindustrial) y tres décimas más del objetivo global de ‘limitar el aumento de las temperaturas a 1,5 grados de media.

Un matiz importante para entender este dato es recordar que este 1,8 grados de incremento es lo que se ha captado desde las 'alturas' el Fabra. A pie de ciudad, en pleno centro, esta subida de los termómetros podría ser todavía más marcada. "Una parte de este aumento se debe al fenómeno global de incremento de las temperaturas. Pero al menos un 40% de esta cifra se explica por la 'isla de calor' que genera la ciudad", argumenta el meteorólogo.

Hace más de cien años que el Observatori Fabra, propiedad de la Real Academia de Ciencias y Artes de Barcelona, mantiene un exhaustivo registro de la meteorología de Barcelona. Un siglo de datos sobre temperatura evidencia, de manera inequívoca, que los termómetros se han disparado en las últimas décadas. Sobre todo durante el verano, donde las olas de calor son cada vez más frecuentes y los termómetros marcan cifras récord año tras año.

Puertas explica que se ha observado un aumento de todos los indicadores de temperatura, desde la media anual hasta las mínimas y máximas diurnas y nocturnas. Uno de los datos más preocupantes, explica el meteorólogo, es el incremento de noches tórridas en Barcelona, con temperaturas por encima de los 25 grados que, según corroboran varios estudios, aumentan el riesgo de pacientes con enfermedades crónicas, especialmente cardiovasculares. 

ZOWY VOETEN


Lluvias cada vez más torrenciales

El avance de la crisis climática también ha cambiado el régimen de lluvias en Barcelona. "Antes las lluvias caían repartidas a lo largo de varias semanas o meses, pero ahora vemos que se concentran en días puntuales", comenta el meteorólogo del Fabra. Según explica Puertas, hace al menos 15 o 20 años que se observa un, con y vientos más bruscos. Puertas recuerda que los instrumentos del Fabra, además de la lluvia, registraron por encima de los cincuenta kilómetros por ahora. Algo histórico para el lugar. "El problema de estos episodios torrenciales es que, dada su violencia, son", comenta.

El avance de la crisis climática también ha cambiado el régimen de lluvias en Barcelona. "Llueve lo mismo pero en menos días. Antes las lluvias caían repartidas a lo largo de varias semanas o meses, pero ahora vemos que se concentran en episodios más intensos", comenta el meteorólogo del Fabra. Según explica Puertas, hace al menos 15 o 20 años que se observa un aumento de las lluvias torrenciales en Barcelona, con precipitaciones cada vez más severas y vientos más bruscos. Durante el temporal Gloria, por ejemplo, Puertas recuerda que los instrumentos del Fabra, además de la lluvia, registraron tres días seguidos de rachas de viento por encima de los cincuenta kilómetros por ahora. Algo histórico para el lugar. "El problema de estos episodios torrenciales es que, dada su violencia, son más peligrosos para la población", comenta.


Mientras los datos de las últimas décadas apuntan a este aumento de las lluvias torrenciales en Barcelona, los registros de los últimos años dibujan un balance un poco más ‘tramposo’ (o complicado de interpretar, según se mire). El 2021, sin ir más lejos, se zanjó como el año más seco de la historia de Barcelona desde que existen registros. Pero el 2020, y un puñado de años anteriores, destacaron como especialmente húmedos y lluviosos para la ciudad.

"La crisis climática no mejora o empeora en función de los datos de un año. Para entender hacia dónde va el clima hay que estudiar series más larga. La Organización Meteorológica Mundial, de hecho, exige un mínimo de 30 años de datos para estudiar un conjunto de datos", comenta el científico para ilustrar cómo interpretar esta variable. 

Dos peatones, en Passeig de Gràcia, se protegen del mal tiempo bajo el paraguas en el momento de mayor intensidad de la tormenta. / FERRAN NADEU


El manto de la contaminación

Mientras las temperaturas y las precipitaciones fluctúan a lo largo del año en Barcelona, el síntoma de la crisis climática que siempre persiste en la ciudad es la contaminación. "Hay muchos días en los que la contaminación de Barcelona es visible desde el observatorio. A veces la ciudad se ve cubierta enteramente por una faja marrón", comenta Puertas desde el privilegiado mirador del Fabra, situado a 415 metros de altura respecto al nivel del mar y donde, en los días buenos, hasta se vislumbra la isla de Mallorca.

Los ‘días de contaminación visible’, explica, no es un parámetro que se incluye en las estadísticas porque, en realidad, la polución no solo está presente cuando se tiñe de marrón. Siempre está ahí, aunque muchos días parezca completamente invisible.

Según apuntan los últimos informes de calidad del aire de Barcelona, elaborados por l'Agència de Salut Pública, la ciudad lleva años sobrepasando los umbrales de contaminación marcados por entidades como la Organización Mundial de la Salud. Sobre todo en los barrios más céntricos de la ciudad.

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El análisis de la situación de Barcelona calcula que el exceso de contaminantes en el aire causa alrededor 1.000 muertes anuales (un 7% de la mortalidad natural registrada), así como 110 nuevos casos de cáncer cada año (un 11% de los diagnósticos) y 525 casos de asma infantil (un 33% de los detectados).

Amanecer desde el Observatori Fabra, captado a principios de este año.

/ ALFONS PUERTAS

El problema, resume el informe, no es tanto el repunte de episodios de alta contaminación atmosférica sino "la exposición crónica" a unos niveles de polución que, como ocurre en todas las grandes metrópolis del globo, sobrepasan el umbral seguro. Este es, quizás, el efecto más dañino y menos visible de la crisis climática en una ciudad como Barcelona.