24 nov 2020

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Vecinos de Hillsville, a unos 350 kilómetros de Sydney, intentan proteger su propiedad dentro en una de las recientes oleadas de incendios que ha sufrido Australia. 

PETER PARKS AFP

La Tierra tiembla ante la posibilidad de que Trump repita mandato

Si Biden pierde las elecciones, al día siguiente Estados Unidos abandonará formalmente el Acuerdo de París, la herramienta clave para salvar el clima

Manuel Vilaseró

Los daños medioambientales causados por la presidencia de Donald Trump pueden quedarse pequeños si repitiera mandato el que ha se ha convertido en el líder mundial del negacionismo. La mayoría de expertos, oenegés y gobiernos de todo el planeta consideran recuperable el tiempo perdido hasta ahora,  pero también están convencidos de que otros cuatro años «llevarían a los Estados Unidos y al mundo a un severo e irreversible daño climático y ambiental», en palabras de Aimee Barnes, asesora del Instituto Climático California-China.

El principal ejemplo de esta encrucijada en que se encuentra el mundo es la posición de los Estados Unidos frente al Acuerdo de París, la principal herramienta para frenar el calentamiento global. Fue firmado en el 2015, en buena parte gracias al liderazgo ejercido por Barack Obama. Al poco de su toma de posesión, Trump aprobó abandonarlo, pero el convenio estipula que su salida no puede formalizarse hasta el día 4 de noviembre, al día siguiente de las elecciones.

Joe Biden ya se ha comprometido a mantenerse dentro y, en caso de victoria, la ONU podría congelar la salida hasta que el demócrata tomara posesión. No debería sorprender que la madrugada del 4 de noviembre el planeta contenga la respiración.

Un año clave

Aunque se firmó cinco años atrás, el Acuerdo de París no entra en vigor hasta el 2021. Los firmantes debían presentar sus objetivos de reducción de emisiones de CO2 a lo largo de este año. Todos lo están haciendo, menos los Estados Unidos, por supuesto, pero Biden se ha comprometido  a alcanzar la neutralidad climática en el 2050, siguiendo los pasos de Europa y otras grandes potencias.

Si gana Trump al arquitectura climática corre el riesgo de desmoronarse. «Sería muy difícil que otros países compensaran la no reducción de emisiones» del gigante americano, opina Mario Rodríguez, director de Greenpeace España. 

Coartada

Otros grandes países emisores, como China, India y Japón, han usado la falta de compromisos de EU como como cortada para rebajar o retrasar los suyos. Y en los dirigentes amigos, la influencia de Trump ha sido aún peor. «Su negacionismo ha envalentonado y reforzado a otros, como Putin, Bolsonaro o el primer ministro australiano», añade Rodríguez. Hasta ahora no ha logrado que que abandonen París, pero con cuatro años por delante no puede descartarse nada.

Según el director de Greenpece, ha «amenazado, descapitalizado y debilitado» a los organismos multilaterales de protección del medio ambiente, empezando por la ONU y la OMS, abandonando tradicional liderazgo de los Estados Unidos en la protección de la Antárida.

Desmantelar la obra de Obama

En su propio país Trump ha intentado desmantelar casi todas las políticas promulgadas bajo la administración Obama para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). Derogó el Plan de Energía Limpia, las normas de carbono para las centrales eléctricas, y debilitó las normas federales sobre vehículos, permitiendo automóviles más contaminantes, además impulsar los negocios del petróleo y del gas que están poniendo en peligro, entre otros espacios, la reserva ártica de Alaska. Según el Rastreador de Desregulación Climática (Climate Deregulation Tracker), que mantiene el Centro Sabin de la Universidad de Columbia, Trump ha tomado más de 100 medidas para debilitar o eliminar la política climática federal.

Los estados más liberales y los gobiernos locales han hecho todo lo posible para frenar esta ofensiva. La Alianza del Clima de los Estados Unidos, un grupo de republicanos y demócratas decididos a cumplir su parte del Acuerdo de París, incluye ya 25 estados y representa a más de la mitad de la población de los Estados Unidos.

Sin futuro

«La negligencia ambiental del Presidente Trump bordea la malversación. Es una bofetada en la cara de los estadounidenses de todo el país que viven con las crisis simultáneas del COVID-19 y el cambio climático que se agravan mutuamente, desde los incendios en mi estado natal de California, hasta los huracanes, tan numerosos que nos hemos quedado sin letras en el alfabeto », denuncia Aimee Barnes, que ve complicado que esos estados y gobiernos locales pueden mantenerse a la contra cuatro años más. «Es difícil imaginar cómo podríamos tener siquiera una pequeña oportunidad de asegurar un futuro seguro para el clima para nuestros hijos si el Presidente Trump gana otros cuatro años», confiesa.

Para Fernando Valladares, biólogo del CSIC, tan malo como sus acciones es que éstas «han venido  arropadas por un labor sistemática de emitir bulos, pseudoverdades y teorías de la conspiración, como hemos visto con la covid-19».

Un cuento chino

El  cambio climático es para Trump un «cuento» inventado por los chinos, que también fabricaron el coronavirus con un mismo objetivo: destruir la economía estadounidense. En una reciente visita a California, en plena ola de incendios, sostuvo que solo hay que «esperar un poco» y el clima «comenzará a enfriarse». 

A sus espaldas  tiene “una larga lista de personal técnico o asesores que en materia ambiental o han dimitido o han sido cesados fulminantemente por que no le decían lo que quería escuchar», recuerda Valladares.

Agenda perturbadora

Para la Teresa Ribera, vicepresidenta para la Transición Ecológica, la presidencia de Trump «ha sido perturbadora en la agenda del clima, en la sostenibilidad y en la transición ecológica de nuestros modelos de desarrollo, pero a pesar de ese efecto perturbador, afortunadamente no ha podido parar lo que es una tendencia obvia tanto en las comunidades científicas, sociales, empresariales o políticas».

 Un ejemplo sería su incapacidad para llevar a cabo su prometido resurgir del carbón. «Su periodo ha sido en el que más centrales han cerrado y donde más impulso impulso ha habido a las soluciones renovables. La economía manda», recuerda la vicepresesidenta.

China y Japón dejan más solo al republicano

Los países con la mayores emisiones de efecto invernadero se han escudado durante el mandato Trump en la falta de compromisos de éste para retrasar los planes de reducción que debían presentar durante el primer semestre del 2020 en virtud del Acuerdo de París. Aunque tarde, primero China y luego Japón, han hecho  anuncios durante las últimas semanas que suponen un importante avance, aunque habrá que esperar a que remitan planes más concreto a la ONU para calibrar su alcance real.

El presidente de China, Xi Jinping, avanzó en la ONU el pasado 22 de septiembre que se comprometía a alcanzar su pico de emisiones antes de 2030 y que alcanzará la neutralidad de carbono antes de 2060. Eran dos demandas de la comunidad internacional y según los expertos «marcan un cambio significativo en la ambición climática del mayor contaminador de carbono del mundo».

Finalmente China ha dado un paso importante de liderazgo climático, independientemente de lo que haga Washington.  La duda es si estaría en condiciones de mantenerlo si la continuidad de Trump comportara un recrudecimiento de la guerra comercial.

En su primer discurso político en el Parlamento japonés, el nuevo Primer Ministro, Yoshihide Suga, prometió el pasado 26 de octubre alcanzar emisiones netas cero de gases de efecto invernadero para 2050, en coherencia con los acordado en París y a lo que se ha comprometido Europa.

La apuesta del anterior gobierno japonés por el carbón como alternativa a la nuclear fue uno de los nubarrones que ensombrecieron la reciente Cumbre del Clima Madrid 2019.