Ir a contenido

MEDIO AMBIENTE

Los expertos alertan del fiasco de las políticas de la UE contra la desertificación

El Tribunal de Cuentas Europeo alerta de las políticas incoherentes aplicadas en el continente para combatir este fenómeno

El 74% del suelo en España estaba en riesgo de desertificación en 2008 siendo Murcia, Valencia y las Islas Canarias las regiones más afectadas

Ana García

El desierto de Tabernas, en Almería.

El desierto de Tabernas, en Almería. / EDWIN WINKELS

El Tribunal de Cuentas Europeo ha alertado en un informe publicado este martes sobre la falta de coherencia en las políticas para luchar contra la desertificación y la degradación del suelo en la Unión Europea. Las altas temperaturas y bajas precipitaciones registradas durante el verano del 2018 son una muestra de cómo el viejo continente es cada vez más vulnerable a las sequías, sobre todo el sur de Europa: España es uno de los países más amenazados, con un riesgo de desertificación que ya afecta a tres cuartas partes del territorio, han advertido los auditores.

“Estamos viendo un aumento de las sequías, de la aridez y del riesgo de desertificación debido al cambio climático en la UE”, ha declarado Phil Wynn Owen, el miembro del Tribunal responsable del informe.

Cinco países auditados

Los auditores visitaron cinco de los Estados miembros más afectados por la desertificación, España, Italia, Chipre, Portugal y Rumanía, llegando a la conclusión de que el riesgo de desertificación no se está abordando de forma eficaz y eficiente.  Los pasos dados hasta ahora por la Comisión y los Estados miembros tienen una “coherencia limitada”, advierte el Tribunal, a pesar de que la amenaza sea cada vez mayor y se empiece a extender hacia el norte de Europa.

La desertificación “puede tener consecuencias demográficas y económicas, y obligar a la población a abandonar las zonas afectadas”, ha afirmado Wynn Owen, quien considera que este fenómeno puede llegar a desencadenar un aumento de la pobreza e incluso en problemas de salud provocados por el polvo transportado por el viento.

Por otra parte, la degradación de las tierras fértiles trae consigo la disminución de la producción de alimentos, la infertilidad del suelo y el deterioro de la biodiversidad. Un problema que, señala el Tribunal, suele estar provocado por las actividades humanas, tales como las técnicas deficientes de riego, el pastoreo excesivo y la deforestación.

La relación con el cambio climático

La desertificación es una consecuencia, pero también una causa del cambio climático, indica el informe: A medida que empeora la degradación del suelo, este pierde capacidad para retener carbono y emite gases de efecto invernadero, generando así un círculo vicioso. Por su parte, las previsiones de la Comisión Europea son poco alentadoras. Según el Ejecutivo comunitario las temperaturas aumentarán a finales de siglo en más de 2°C en algunas regiones del sur de Europa entre las que se encuentra España, mientras que las precipitaciones estivales disminuirán en un 50 % o más.

De acuerdo con el Programa de Acción Nacional de España del 2008 para la CLD, el 74 % del país está en riesgo de desertificación: un 18 % con un riesgo “alto” o “muy alto”, y un 19 % con riesgo “medio”. Las regiones más afectadas son Murcia, la Comunidad Valenciana y las islas Canarias, donde el riesgo es “alto” o “muy alto” en más del 90 % del territorio.

En total, 13 Estados miembros, incluida España, se han declarado como afectados en virtud de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (CLD), aunque la cifra podría aumentar en los próximos años ante la expansión del fenómeno, que poco a poco va afectando a los países del norte de Europa también.

Un marco europeo insuficiente

La UE “carece de una legislación específica sobre desertificación”, dicen los auditores. Existe una gama de planes de acción y programas de gasto, como la Política Agrícola Común (PAC), la Estrategia Forestal de la UE y la estrategia de la UE sobre adaptación al cambio climático, “que son relevantes para combatir la desertificación, pero no se centran en ella”.

El informe también señala que hay otras políticas relacionadas, como el desarrollo rural o los planes de medio ambiente y acción por el clima, que “pueden tener un impacto positivo en la lucha contra la desertificación”, aunque existen dudas sobre su sostenibilidad a largo plazo.

En 2015, los Estados miembros se comprometieron a esforzarse por lograr la neutralidad de la degradación de la tierra en la UE para 2030, aunque, hasta la fecha, no se ha realizado una evaluación a nivel europeo. En este contexto, el Tribunal de Cuentas ha recomendado en su informe establecer una metodología común para evaluar el alcance de la amenaza y ha pedido a las instituciones de la UE la difusión de buenas prácticas entre los Estados miembros y asistencia técnica para que estos establezcan planes de acción nacionales que frenen el avance de los desiertos europeos.