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la defensa del medio ambiente

Carbón para la presidencia polaca de la Cumbre del Clima

No podía ser buena idea organizar una cumbre por la descarbonización en el reino del mineral más contaminante

Ribera, Cañete y viejas glorias de a acción climática han tenido que compensar la torpeza o escaso interés la sede

Manuel Vilaseró

El ministro polaco de Medio Ambiente y presidente de la cumbre, Mychal Kutyka, da un salto tras sellarse el acuerdo en Katowice.

El ministro polaco de Medio Ambiente y presidente de la cumbre, Mychal Kutyka, da un salto tras sellarse el acuerdo en Katowice. / KACPER PEMPEL (REUTERS)

No podía ser buena idea organizar una cumbre contra en el cambio climático en el reino del carbón. Katowice es la capital de Silesia, la región más germanófila y ligeramente independentista de Polonia. Sus minas suministran de este mineral a unas térmicas que proporcionan más del 70% de la energía eléctrica de todo el país. Algo muy poco coherente con la descarbonización que se necesita para frenar el efecto invernadero.

No se sabe muy bien por qué Polonia es el país que más cumbres ha organizado. Lleva cuatro. A juzgar por la actuación del presidente de la COP24, el ministro de Medio Ambiente, Michal Kurtyca, alguien podría pensar que el expaís del Este utiliza la organización de estos eventos cual caballo de Troya.

La primera señal de que algo no se estaba haciendo bien llegó cuando la ministra española para la Transición Ecológica,  Teresa Ribera, fue requerida para que debloqueara como ‘facilitadora’ el punto clave de las reglas de transparencia a la hora de contabilizar la emisiones, los objetivos de reducción y su cumplimiento.

Ahí la misma Ribera comentó ya que la presidencia polaca estaba siendo “tranquila” no sin sorna. Luego otros han hablado directamente de “torpeza”. Un grupo de exnegociadores con pedigrí de eficacia en cumbres anteriores se ha llegado a movilizar ante la parálisis que les tenía de los nervios, mientras el secretario general  de la ONU, António Guterres, hizo de lazarillo de la presidencia en un buen tramo de las negociaciones.

Cañete a la carrera

Al mísmísimo comisario europeo de Acción Climática, Miguel Arias Cañete, se le ha visto andar el frenético ritmo de marcha de Rajoy por los pasillos -quien le ha visto y quién le ve- para apagar el fuego abierto por Brasil sentando a sus representantes junto a China y los Estados Unidos.

Brasil quiere mantener una especie de ‘doble contabilidad’ de la reducción de las emisiones que le permite computar algunas de sus acciones climáticas como propias además de venderlas a terceros países para que estos las computen otra vez. Ni Bárcenas.

Los enviados de Jair Bolsonaro, nombrados aún por al anterior ejecutivo de izquierdas, no quieren meterse en camisa de once varas y han aceptado la propuesta de Cañete de dejarlo todo para la siguiente COP. Allí que haga Bolsonaro lo que crea pertinente. Al poco de ganar la elecciones anunció que  seguiría los pasos de Trump abandonando París pero al poco dio marcha atrás. No lo podría hacer sin el riesgo de que se le cerraran los mercados europeos.

Al poco de entrar en la reunión, Cañete salió con una sonrisa de oreja a oreja. Ni sospechaba la que iba a montar Turquía a los pocos minutos.  Tampoco Ribera, que fue reclamada de nuevo para echar otra mano. Quién más asustada estaba conforme pasaban las horas era la ministra de Medio Ambiente chilena, que 24 horas antes se había comprometido a organizar la siguiente cumbre. “¿Pero esto siempre es así?”, dicen que comentaba a su entorno. Aún está a tiempo de arrepentirse.