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LA CONFERENCIA DE KATOWICE

La Cumbre del Clima encara su recta final sumida en la incertidumbre

Las negociaciones sobre las reglas que deben permitir la aplicación del Acuerdo de París no avanzan

La ministra de Transición Ecológica española, Teresa Ribera, será uno de los dos árbitros de las negociaciones

Manuel Vilaseró

Público interactúa con pedazos de hielo fundiéndose en una exhibición islandesa y danesa en el Tate Modern en Londres.

Público interactúa con pedazos de hielo fundiéndose en una exhibición islandesa y danesa en el Tate Modern en Londres. / Daniel LEAL-OLIVAS AFP

La 24ª Cumbre del Clima de la ONU que se celebra desde el pasado día 2 en Katowice (Polonia) encara la recta final con las negociaciones estancadas. Los principales objetivos de esta conferencia consisten aprobar las reglas de aplicación del Acuerdo de París (2015) y empezar a fijar unas metas más ambiciosas de reducción de emisiones pero en las conversiones mantenidas a nivel técnico apenas se ha avanzado. A partir de este miércoles se inicia el tramo más político, en el que serán los ministros los que deberán dar el empujón a un acuerdo que se antoja vital. Disponen para ello de los tres días que van hasta el próximo viernes. La ministra de Transición Ecológica española, Teresa Ribera, estará al frente de estas negociaciones junto con el representante de Suráfrica. 

“Sin un libro de reglas o con reglas poco exigentes”, el pacto alcanzado en la capital francesa será papel mojado y quedaría “desvirtuado”, advertía días atrás un alto  cargo de la ONU. Estas normas deben garantizar la transparencia y homogeneidad con la que todos los países presenten sus objetivos y logros en la reducción de emisiones.

En la cumbre parisina se estableció que este desarrollo reglamentario debería cerrarse en el 2018 para que el acuerdo pudiera entrar en vigor el año previsto, el 2020, cuando caduca la segunda parte del Protocolo de Kioto (2013-2020).

La paradoja de la cumbre de la ciudad polaca es que llega precedida de informes cada vez más alarmantes sobre la gravedad del cambio climático mientras varios de los grandes países emisores de los gases de efecto invernadero que lo causan se descuelgan del camino emprendido por los 190 países del resto del mundo.

Ausencias de la inauguración

No se ha interpretado como un buen síntoma que a la inauguración oficial no asistieran los máximos mandatarios de Francia y Alemania, Emmanuel Macron y Angela Merkel, tradicionales líderes de la lucha contra el calentamiento y sumidos ambos en crisis internas.

Emisarios del gobierno francés han intentado tranquilizar a los delegados de la cumbre asegurando que la revuelta de los ‘chalecos amarillos’, desencadenada por la ecotasa impuesta a los combustibles fósiles, no recortará la ambición de sus planes de reducción de emisiones.

Tampoco ha sido una buena señal que los Estados Unidos y Arabia Saudí hayan bloqueado la posibilidad de que la cumbre incorporara a su acervo el reciente informe del Panel Intergubernamental de Expertos de la ONU (IPCC) que llamaba a esforzarse para que la temperatura del planeta no aumente más allá de los 1,5º C respecto a la época preindustrial si se quieren limitar los efectos más catastróficos de, por ejemplo, las inundaciones costeras.

El presidente norteamericano, Donald Trump, anunció el abandono del acuerdo de París pero el tratado le impide hacerlo hasta finales del 2020. A la espera de esa fecha la actitud de la delegación estadounidense no había sido hasta ahora obstruccionista. Se limitaba a mantener un perfil pasivo. El bloqueo del informe podría ser un síntoma de que esto podría haber cambiado.

Compromisos insuficientes

El objetivo marcado por el Acuerdo de París es que el aumento de temperatura se quede por debajo de los 2ºC y, si es posible, se limite a los 1,5ºC.  Para lograrlo los países deben ir presentando sus planes de reducción de emisiones en el horizonte del 2030. Los compromisos son voluntarios y adaptados a las circunstancias de desarrollo de cada país.

Los presentados hasta ahora son insuficientes y las conversaciones han evidenciado una vez más las discrepancias entre los más desarrollados y los más atrasados económicamente. El planeta ya ha aumentado su temperatura un grado y otro reciente informe de la ONU señala que con los planes que hay sobre la mesa nos iríamos a un incremento de más de tres grados. Los países deberían “triplicar su esfuerzo” para quedar por debajo de los dos grados, advertía el documento.

La Unión Europea se ha comprometido a reducir los gases al menos un 40% para el 2030 respecto al 1990, pero los dirigentes europeos están dispuestos a llegar más lejos  sin el resto de países aumentan también la ambición de sus objetivos. Esta es otra de la claves que dictará si Katowice ha sido un éxito o un fracaso.  

Polonia, el país anfitrión es uno de los que rechaza los topes de emisiones que le impone la Unión Europea. Su dependencia del carbón hace que sea el punto débil de les estrategia climática del continente. Y Katowice, la sede de la conferencia, es la región minera por excelencia.