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ECOLOGÍA

Los achaques de las abejas

Prohibir insecticidas es bueno para los himenópteros pero insuficiente, según los expertos

Destrucción de hábitat, cambio climático y parásitos también contribuyen a su declive

Michele Catanzaro

Manifestantes a favor de la prohibición de los insecticidas dañinos para las abejas.

Manifestantes a favor de la prohibición de los insecticidas dañinos para las abejas. / Olivier Matthys

La prohibición europea de tres neonicotinoides -insecticidas peligrosos para las abejas- es un paso adelante. Pero será insuficiente si esas sustancias se reemplazan con otras parecidas y si no se abordan cuestiones como la destrucción de hábitat, el cambio climático y los parásitos exóticos que afectan a esos insectos. Es esta, en resumen, la opinión de los entomólogos consultados sobre la reciente decisión europea.

"La mortaldad de abejas de la miel es más alta que nunca", afirma Ignasi Bartomeus, investigador de la Estación Biológica de Doñana. Se estiman mortaldades de alrededor del 30% de las colonias. En Estados Unidos, donde el problema es más acuciante, se habla directamente de síndrome del colapso de colonias. No obstante,  no hay riesgo de extinción, porque hay más apicultores que nunca: en España, la población global de abeja de la miel crece.

Pero las abejas silvestres, que no tienen nadie que las cuide, están en la cuerda floja, tal y como certificó el último informe de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN). "En España hay más de mil especies, el doble de las de pájaros", afirma Bartomeus.

Seguridad alimentaria

La salud de las abejas afecta a la seguridad alimentaria. Esos insectos polinizan el 75% de los cultivos y el 80% de las plantas silvestres. "La miel es lo de menos", comenta Bartomeus.

La principal causa del declive, según el experto, es la substitución del hábitat natural de las abejas por ciudades y campos cultivados. 

Además, está el cambio climático. Las sequías debilitan a las colonias. "Con menos polen, las colonias decrecen y se debilita su sistema inmunitario", afirma Jaume Cambra, investigador de la Universitat de Barcelona. El aumento de las temperaturas expone los insectos a circunstancias a las cuales no están adaptados. "En los Picos de Europa hay abejorros que solían estar debajo de los 1.000 metros que ya están encima", afirma Bartomeus.

Finalmente, está la plaga de los patógenos exóticos. El parásito de la Varroa ha saltado de la abeja asiática a la de la miel y está haciendo estragos en todo el mundo, con la única excepción de Australia. "La apicultura se ha masificado y las grandes concentraciones favorecen los parásitos", explica Cambra.

A la mortaldad excepcional registrada en Estados Unidos podría contribuir el transporte masivo de colmenas durante horas en tráilers para que se concentren en zonas de frutales del sur del país.

Efectos de los insecticidas

Los insecticidad generan un daño indiscutible, según los expertos. "Hay muchos impactos: que se quite uno es una buena noticia", afirma Mar Leza, investigadora de la Universitat de les Illes Balears. Leza ha investigado el impacto en abejorros de uno de los insecticidas prohibidos. "Hay efectos subletales, como menos producción de huevos y de crías, y efectos letales, como una mayor mortaldad de las reinas", explica.

"La medida [europea] está bien, pero es claramente insuficiente", opina Cambra. “También hay herbicidas, que no matan pero reducen la diversidad del polen, y fungicidas, que impiden la fermentación del polen, necesaria para que las abejas lo coman", explica.

"La Unión Europea está creando la oportunidad de pasar a técnicas ecológicas y a evolucionar hacia una agricultura resiliente y pensada para el largo plazo. Sin embargo, la prohibición no será una panacea si se reemplazan esos insecticidas con otros", concluye Bartomeus.

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