Ir a contenido

GESTIÓN HÍDRICA

El delta del Ebro necesita dos millones de toneladas anuales de sedimentos

Los embalses de la cuenca retienen las piedras y los limos necesarios para frenar su hundimiento

Un proyecto analiza sistemas para transportar aguas abajo los materiales confinados tras los diques

Antonio Madridejos

El delta del Ebro necesita dos millones de toneladas anuales de sedimentos

La existencia de 70 presas en toda la cuenca, construidas la mayoría entre los años 1950 y 1970 para garantizar el suministro urbano y de riego, domar las avenidas y generar electricidad, dificulta desde entonces el transporte de sedimentos aguas abajo y pone en peligro la supervivencia del delta del Ebro. Para contrarrestar la subsidencia natural del delta -su hundimiento en el terreno-, agravada ahora por el aumento del nivel del mar de las últimas décadas, sería necesario el aporte de entre uno y dos millones de toneladas de sedimentos adicionales que actualmente quedan retenidos en el fondo de los embalses, como subraya el programa europeo Life Ebro-Admiclim. Entre otros aspectos, este programa científico analiza y ensaya estrategias para favorecer el transporte de limos, arena y pequeñas piedras hasta el tramo final del río.

Antes de que los diques se levantaran, la fuerza del agua arrastraba hasta el delta entre 20 y 30 millones de toneladas anuales de sedimentos, fruto de la erosión del terreno por donde discurren el Ebro y sus afluentes, mientras que los aportes actuales se limitan a 100.000 toneladas, menos del 1%. De hecho, debido a la acumulación de limos en el fondo, el agua que pueden almacenar algunos embalses es inferior en un 20%, o incluso superior, a la capacidad máxima teórica.

Toda solución, claro está, pasa por permeabilizar los diques para que puedan pasar limos y arena. Y ello solo se consigue de dos maneras: provocar avenidas controladas con suficiente fuerza para arrastrar materiales sólidos y abrir las compuertas inferiores de las presas, resume Carles Ibáñez, jefe de la Unidad de Ecosistemas Acuáticos del Institut de Recerca i Tecnologies Alimentàries (IRTA), en Sant Carles de la Ràpita, y uno de los responsables del proyecto Life Ebro-Admiclim. "Es una opción totalmente asumible -insiste-. Ya se hace en muchos países". En EEUU se ha llegado incluso a demoler embalses para recuperar el carácter natural de los ríos.

ALIVIADEROS INUTILIZADOS

El problema en la mayoría de los embalses es que las compuertas inferiores no se abren nunca y podría ser que la inactividad y la acumulación de limos las hubieran inutilizado [estas salidas de agua fueron diseñadas por motivos de seguridad para vaciados de emergencia]. Y si no se emplean nunca es sencillamente porque, para las empresas propietarias, ello les obligaría a detener durante días la generación hidroeléctrica, afirma Josep Juan Segarra, portavoz de la Campanya pels Sediments, que impulsa diversas iniciativas parlamentarias para favorecer el transporte de sedimentos.

"Las de Mequinenza y Riba-roja no se han abierto nunca", añade, pese a que ello contraviene dos órdenes ministeriales y vulnera la directiva europea de hábitats, dice. "Para las empresas, la acumulación de sedimentos no es motivo de preocupación, o solo lo es a largo plazo -dice Juan-, pero para el delta ya es algo muy grave". El problema en el tramo final del Ebro lo simbolizan los dos grandes embalses. "En Riba-roja bastaría con abrir las compuertas inferiores para que discurrieran los sedimentos, mientras que en Mequinenza, que mide 60 kilómetros de largo, muy posiblemente se necesitaría construir una tubería o 'bypass' para trasladar los sedimentos desde la zona de cola hasta el dique", prosigue.

LA EXPERIENCIA DE BARASONA, EN HUESCA

Juan explica el caso extremo del embalse de Barasona, en el río Ésera (Huesca): "En los años 90 llegó a un nivel tal de colmatación, con el barro alcanzando una altura de 20 metros en la zona del dique -el club náutico acabó lejos del agua-, que hubo que abrir las compuertas de fondo. "Se abrieron en tres ocasiones y no hubo ningún problema", afirma. "No partimos de cero. Todo es cuestión de voluntad política". También Ibáñez lamenta el "poco interés" demostrado por el Gobierno español y la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE).

Dos iniciativas en el Congreso de los Diputados y el Parlament piden un plan integral para el transporte de sedimentos. El PP no las ha respaldado

Todos los grupos del Parlament de Catalunya y del Congreso de los Diputados, salvo el PP en ambos casos, se han pronunciado este año a favor de realizar pruebas controladas de trasvase de sedimentos en el embalse de Riba-roja, donde se estima que hay una acumulación de 30 millones de toneladas de sedimentos. La iniciativa de la Campanya dels Sediments pide un plan de gestión integral de los limos que tenga en cuenta, además de la producción de electricidad, la seguridad y el mantenimiento del delta.

En cualquier caso, sea cual sea el sistema empleado, es necesario saber previamente cómo se comportarían esos sedimentos una vez superados los diques, insiste Antoni Munné, jefe del Departamento de Control y Calidad del Agua de la Agència Catalana de l'Aigua (ACA), también implicada en el proyecto Life. "Necesitamos una buena evaluación de la capacidad del transporte del río y de los canales", añade.

INYECCIONES CONTROLADAS DEL IRTA

Durante el último mes, técnicos del IRTA han llevado a cabo dos pruebas de inyección de 36 toneladas de sedimentos en el cauce del Ebro: primero a la altura de Móra d'Ebre, con un caudal entonces de 600 metros cúbicos por segundo, y luego en Benifallet, con unos 200 m3/s. Analizando la turbidez del agua en tramos inferiores del río, tanto con muestreos in situ como con fotos tomadas con drones, se puede saber qué cantidad de limos han descendido y a qué velocidad lo han hecho, resume María José Polo, profesora de la Universidad de Córdoba que coordina el modelo matemático de dispersión. "Es la primera vez que se realizan pruebas de este tipo en Europa", destaca Ibáñez.

Los ensayos se hacen para refinar los valores del modelo matemático, dice Polo. Con ellos, prosigue la profesora de Córdoba, se puede calcular qué caudal es necesario para arrastrar una determinada cantidad de sedimentos, estimar el tamaño de las materiales que avanzan aguas abajo y observar si hay zonas en las que se producen acumulaciones. Luego, por supuesto, sería necesario hacer una prueba a gran escala. "Se trataría de vaciar el embalse de Riba-roja, reparar las compuertas del fondo y pasar agua para liberar los sedimentos", dice el científico del IRTA. En la operación debería comprobarse primero la calidad de los limos -algunos pueden tener contaminantes de hace décadas- y los posibles afectaciones sobre la fauna y sobre los cultivos situados en el tramo final del Ebro, avisa la profesora de Córdoba.

El aumento del nivel del mar y el riesgo de salinización

La recuperación de los sedimentos es clave para la supervivencia del delta, "especialmente ahora que el cambio climático está aumentando el nivel del mar", destaca Ibáñez. El incremento es de unos cuatro milímetros anuales de media mundial, pero se espera que el proceso se acentúe en las próximas décadas y que en el año 2100 alcance entre 30 y 100 centímetros, según el último informe del IPCC, el grupo de expertos de la ONU.


Con el 50% de la superficie del delta al mismo nivel del mar, la supervivencia de los arrozales, así como de algunas construcciones, pasa forzosamente por reforzar el terreno. Además, la salinización se agravará y los costes de bombeo de agua serán inasumibles económicamente. "Los diques no serán suficientes si no hay un aporte de sedimentos", concluye.


El jefe de la Unidad de Ecosistemas Acuáticos del IRTA recuerda además que los sedimentos son clave para mantener la fertilidad del terreno y hasta para evitar la plaga de la mosca negra. "Hasta los años 60 del pasado siglo -explica-, los agricultores pagaban para que sus arrozales quedaran colmatados".