PREMIO RAMON MARGALEF DE ECOLOGÍA

Josep Peñuelas: «Estamos consumiendo más de lo que la Tierra puede soportar»

"A la vida quizá no le pase nada con el cambio climático, pero los humanos sí saldremos perjudicados"

Josep Peñuelas, junto a la sede del Creaf, en el campus universitario de la UAB en Bellaterra.

Josep Peñuelas, junto a la sede del Creaf, en el campus universitario de la UAB en Bellaterra. / ELISENDA PONS

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ANTONIO MADRIDEJOS / BARCELONA

Josep Peñuelas (Vic, 1958) es un ecólogo de amplios intereses, especializado en las interacciones entre biosfera y atmósfera, ecofisiología vegetal, teledetección, seguridad alimentaria y ecología química, entre otros muchos campos. Profesor de investigación del CSIC en el Centre de Recerca Ecològica i Aplicacions Forestals (Creaf), es autor de más de 900 artículos en revistas científicas, 250 artículos de divulgación y seis libros. Acaba de recoger el premio Ramon Margalef de la Generalitat, el más prestigioso de su ámbito en Catalunya.

-¿El cambio climático es una amenaza a largo plazo? No, ya lo tenemos encima. Podemos observar efectos muy significativos sobre el medio y, de rebote, sobre los humanos y su economía. En Australia, donde hemos estado trabajando recientemente, las nuevas condiciones han cambiado la distribución de los corales y de los manglares, además de modificar la distribución del agua. Es brutal. Los efectos ya se notan y se notarán aún más.

"Las plantas florecen antes y la hoja se cae más tarde. "Las plantas florecen antes y la hoja se cae más tarde. Parece poca cosa, pero todo ello tiene un impacto muy importante en nuestra economía"

-¿Un ejemplo cercano? Algo muy visible en nuestro entorno son los cambios en la floración de las plantas, que se ha adelantado, o la fecha de caída de la hoja, que se está retrasando. Parece poca cosa pero es muy importante. La naturaleza está reaccionando. Si no fuera por esta salida anticipada de las hojas, aún tendríamos más dióxido de carbono en la atmósfera, más calentamiento y más impactos.

-Y también afecta al propio ecosistema. Por supuesto. Afecta a las relaciones que las plantas mantienen con otros organismos, como los herbívoros, los descomponedores, los polinizadores... Se generan asincronías, grandes perturbaciones.

-La naturaleza se adaptará. Siempre ha sido así. Sí, pero le llevará un tiempo. El cambio actual es muy rápido. Además, eso no es lo que está fundamentalmente en juego: a la vida quizá no le pase nada, pero los humanos sí podemos salir perjudicados. No es un problema ambiental, sino un problema global. Afecta a todas nuestras actividades, como la agricultura, la salud o el turismo. ¡Quién querrá venir a veranear a nuestras tierras si estamos todos los días a 40 grados! 

-Si hay más CO2, hay más vegetación. Es cierto. Gracias a esta fertilización que ya hemos hecho los humanos ha crecido la vegetación. El mundo es ahora un poco más verde que hace décadas. Lo que pasa es que quizá hemos sido demasiado optimistas sobre la capacidad de la vegetación para absorber el CO2. Como sucede con los océanos, hay síntomas de que la capacidad de sumidero está disminuyendo.

-¿Por qué? Las plantas necesitan elementos que no están creciendo a la misma velocidad que el CO2. Uno es el agua. Otro es el fósforo, por ejemplo, que es limitado como el petróleo.

-El calentamiento está acelerando el ciclo de la lluvia. Es decir, en el mundo llueve más. Sí, pero el ciclo del agua es muy complejo. Aunque llueva más en un futuro, hay regiones, como el Mediterráneo, en las que todo indica que no será así y nos faltará agua, un grave problema teniendo en cuenta que ya estamos al límite. Incluso lloviendo lo mismo, estará peor repartida porque se espera una intensificación de los fenómenos extremos. Las lluvias se podrían concentrar en menos días, lo que equivale a inundaciones.

-¿Hemos de esperar cambios en la vegetación? Sí. Por ejemplo, ya estamos viendo cambios en la distribución altitudinal de los bosques, como sucede en el Montseny, con especies que avanzan hacia la cima buscando hábitats más propicios. O en el Garraf, donde avanzan los matorrales más resistentes a la sequía. En cualquier caso, la naturaleza es muy complicada. Como hemos estudiado en el Tíbet, hay otros factores al margen del clima, como la calidad del suelo, la actividad humana o incluso el tipo de vegetación. 

-¿Ello tendrá un impacto en nuestras actividades económicas? Claro. Quizá las vides tendrán que emigrar del Penedès e instalarse en el Prepirineo. Algunos empresarios con visión de futuro ya han empezado a plantarlas. Es posible que podamos cultivar naranjas en Girona. No estamos preparados para estos cambios bruscos. Siempre habrá gente que gane, por supuesto, pero la mayoría saldrá perjudicada.

-Usted también está muy preocupado por el agotamiento de los recursos. Sí. Estamos consumiendo por encima de lo que puede soportar la Tierra, tanto en recursos alimentarios como en determinados minerales. Como vivimos al día no nos damos cuenta, pero esto es tan preocupante quizá como el cambio climático. No hay para todos y además está mal repartido, algo que solo puede desembocar en problemas.

-¿La tecnología nos salvará milagrosamente? Si hablamos de cambio climático, creo que sí hemos de invertir en investigar nuevas soluciones, como alimentar con algas a los animales de granja, enterrar mejor el carbono... Aunque lo discutan los ecologistas, yo soy soy partidario de seguir trabajando en estas herramientas. El problema es que las soluciones tecnológicas pueden ayudar, pero no son suficientes. Lo que necesitamos es cambiar de manera significativa el estilo de vida para no agotar los recursos. No es fácil, pero estoy convencido de que de manera sencilla seguiríamos siendo felices y ello nos llevará a un futuro más sostenible en términos ambientales.

-¿Los ciudadanos harán la revolución o es necesaria una mayor implicación de los gobiernos en cuestiones como la política energética? Ambas cosas. Hay que trabajar desde lo local a lo global, como se dice habitualmente. Hemos de cambiar individualmente nuestros hábitos y los gobiernos han de tener decisión más decidida. Deberían ayudar mucho y no lo hacen. Entre otras cuestiones, no entiendo por qué nuestros gobernantes no liberan más el uso de energías alternativas en el ámbito doméstico, que la gente se lo haga en casa. Los veo muy en manos de los grupos de presión económica. Sé que no es fácil, pero el cambio energético es algo que necesitamos de forma inmediata.

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-¿Todavía estamos a tiempo? Sí, pero tendríamos que ser mas radicales. Este año será el más cálido desde hace mucho. Claro que está El Niño, pero no debe olvidarse que es porque parte cada vez de una línea más alta. Y no pretendo ser alarmista.

-¿Qué significa para usted ganar un premio llamado Ramon Margalef, su maestro? Es un gran honor. Ya me quedé impresionado cuando lo tuve de profesor en la Universitat de Barcelona. Llegaba de Figueres y, de repente, me encuentro que la primera asignatura de Biología la daba precisamente él. Luego me dirigió la tesis doctoral y compartí trabajo con él en mi época posdoctoral. Pasó a ser un amigo. Por una parte era una persona buena, humilde, y por otra era la más sabia que he conocido. Era también una persona fuera de los estándares, con una memoria portentosa y un gran capacidad para innovar y generar nuevas ideas. Por eso este premio me ha hecho una gran ilusión.