El 'síndrome Barcelona' llega a Formentera

La isla empieza a estar desbordarda por el turismo masivo y se dispone a tomar medidas

Una calle de San Francisco Javier, en Formentera, este verano.

Una calle de San Francisco Javier, en Formentera, este verano.

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MANUEL VILASERÓ / MADRID

“El volumen que ha alcanzado el turismo es inaguantable. La masificación y la falta de respeto de muchos de los visitantes empieza a tener efectos muy negativos, el tráfico se hace imposible e incluso ha aumentado la delincuencia”. Aunque lo parezca, la queja no es de un vecino de la Rambla o de la Barceloneta. Quien habla es Fred Vilter, una francesa que tiene casa en la isla de Formentera desde hace 50 años.

Cuando llegó, la isla era un pequeño paraíso sin carreteras asfaltadas ni puerto, donde la gente vivía del campo y viajaba en burro. Los habitantes no han aumentado mucho. En la más pequeña de las Baleares están censadas 11.500 personas. El problema es que solo por la vía del transporte marítimo regular pasan 1,6 millones de visitantes anuales. En verano, 50 embarcaciones crean una auténtica autopista entre Ibiza y Formentera. Y lo que es peor, centenares, quizá miles de yates, veleros y lanchas procedentes también de Ibiza fondean en las calas, dejando un rastro de basura flotante. Recalar en estos fondos cristalinos se ha puesto de moda entre los ricos y famosos que veranean en Eivissa. Y también entre los organizadores de fiestas nocturnas flotantes con centenares de personas a bordo.

A Serena Amaduzzi este aspecto es el que más le preocupa. “Hay un auténtico descontrol. En muchas zonas está prohibido fondear porque con las anclas se dañan las praderas de posidonia, pero casi nadie lo respeta. Muchos ni siquiera lo saben, otros directamente pasan y la Administración no dispone de medios para multar a los infractores. Son una auténtica plaga. Este año se han destruido 200 hectáreas de praderas submarinas”, lamenta esta italiana que se afincó en la isla hace casi 20 años y que incluso llegó a colaborar en la elaboración del plan de boyas ecológicas de fondeo con el Consell Insular que quedó en agua de borrajas.

“No se trata solo de salvaguardar un tesoro natural que garantiza la biodiversidad. La posidonia oxigena el mar y crea esa imagen de aguas cristalinas que es al fin y al cabo lo que atrae a los turistas”, argumenta la italiana.

DIAGNÓSTICO COMPARTIDO

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El Consell Insular y el partido que gobierna en él con mayoría absoluta, Gent per Formentera, comparten el diagnóstico. “Nos está empezando a pasar como a Barcelona, pero no solo a nosotros sino a todas las Baleares”, reconoce su diputada autonómica Silvia Tur. Esta asegura que desde que su partido gobierna en Formentera lucha para revertir la situación pero admite que hasta ahora no lo ha logrado. "El lobi empresarial ibicenco era demasiado poderoso", aunque ahora ahora cree que "incluso entre la población de Ibiza ya ha calado la idea de que no se pueden seguir haciendo más clubs naúticos, ni más puertos, que este camino es insostenible”.

Gent per Formentera cuenta con la complicidad del Ejecutivo regional de izquierdas, al que brindó su apoyo en la investidura, y espera que el 2017 sea el año del cambio de rumbo. “Pondré todo mi empeño como diputada en una regulación estricta del fondeo y en la dotación de suficiente personal de vigilancia”, se compromete.