El declive de los polinizadores amenaza el mercado alimentario

El 8% del valor de los cultivos depende directamente del trabajo de abejas y otras especies

El problema ha centrado el primer informe de la plataforma mundial de biodiversidad

Una abeja polinizadora en una vistosa flor.

Una abeja polinizadora en una vistosa flor. / JOURNALISMFUND.EU.HEARINGVOICES

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Si abejas, abejorros, colibrís y demás polinizadores desaparecieran de un día para otro, la agricultura perdería entre el 5% y el 8% del valor de mercado anual de sus cultivos, lo que corresponde a entre 235.000 y 577.000 millones de dólares. Además, los ecosistemas naturales se verían trastocados, ya que el 87,5% de las especies de plantas silvestres con flor dependen de ellos. El escenario no es catastrofista si se tiene en cuenta que el 16,5% de los vertebrados polinizadores (como murciélagos y aves) está en riesgo de extinción. Se sabe menos de los invertebrados (como abejas domésticas y salvajes y mariposas), pero en los lugares donde hay más datos, hasta el 40% de las especies están en peligro, al menos a nivel regional.

Son estas algunas de las conclusiones del informe sobre polinizadores y alimentos aprobado el 26 de febrero en Kuala Lumpur (Malasia) por la Plataforma Intergubernamental de Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (IPBES). Se trata del primer informe de este organismo que espera convertirse en algo equivalente al IPCC, el grupo de expertos en cambio climático, en el terreno de la biodiversidad. El IPBES reúne a especialistas de 124 países.

La Plataforma de Biodiversidad se estrena con polémica

El IPBES se constituyó en el 2012 para hacer con la biodiversidad lo que el IPCC, galardonado con el Nobel de la Paz en el 2007, con el cambio climático. Sin embargo, su estreno con el estudio de los polinizadores ha estado acompañado por la polémica. Dos de los 77 autores del trabajo pertenecen a la empresa de transgénicos Syngenta y la de agroquímicos Bayer. “Los asuntos que implican a la industria no se pueden solucionar sin implicar a sus expertos cualificados”, observa Anne Larigauderie, secretaria ejecutiva del organismo. Jordi Bosch (CREAF) asegura que no ha recibido ningún tipo de presión y que los comentarios de las entidades a los cuales se ha enviado el borrador se harán públicos. Lluís Brotons, del Centre Tecnològic Forestal de Catalunya, que ha participado en el informe como observador, apunta a otro problema. El IPBES “ya ha renunciado a hacer algunos informes porque los países no contribuyen lo suficiente económicamente”, apunta. En la reunión de Kuala Lumpur no participó ningún representante del Ministerio de Medio Ambiente español, mientras que países como Francia, Noruega y Alemania sí se han implicado más, afirma el científico.

“Faltan datos, pero con la información que ya tenemos el problema es serio”, afirma Jordi Bosch, investigador del Centre de Recerca Ecològica i Aplicacions Forestals (CREAF) que ha participado en diversos capítulos del informe. “Me parece un estudio objetivo que no intenta llamar la atención: es una apreciación muy próxima a la realidad”, añade Xavier Bellés, director del Institut de Biologia Evolutiva del CSIC y la Universitat Pompeu Fabra.

20.000 ESPECIES

El estudio abarca las más de 20.000 especies de abejas, además de miles de especies de mariposas, moscas, polillas, escarabajos, aves y murciélagos que contribuyen a la polinización. “La diversidad de polinizadores es importante para los cultivos, ya que las especies tienen comportamientos distintos en distintos momentos y ambientes y se sustituyen entre sí cuando una falla”, observa Bosch.

Tres cuartas partes de las especies cultivadas para alimentación dependen de la polinización, entre ellas manzanas, mangos, almendras, cacao y café, además de otras empleadas para fabricar biocombustibles, fibras como el algodón, fármacos y comida para animales. No dependen de la polinización cultivos como los cereales o los tubérculos.

“Hacer un 'ranking' de las causas [del declive] no es fácil, y además estas se potencian entre sí”, sintetiza Bosch. El papel de los pesticidas se considera “bien establecido” en el informe, pero los efectos no son claros. Uno de los pocos estudios hechos en condiciones parecidas al campo abierto ha revelado efectos letales en las abejas por parte de los neonicotinoides.

La evidencia que apunta a los transgénicos no es tan fuerte. “Los transgénicos resistentes a los herbicidas permiten aplicar en los campos muchos agroquímicos, y estos pueden eliminar la flora acompañante de la que se aprovechan los polinizadores”, explica Bosch. “Los transgénicos que producen toxinas que matan las plagas no afectan a los polinizadores de forma clara”, añade.

Con respecto al cambio climático, “algunas abejas solitarias están saliendo antes de los habitual. El peligro es el desacoplamiento entre el comportamiento de las abejas y el de sus plantas preferidas”, detalla.

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Un capítulo aparte lo merecen las abejas domésticas, que están sufriendo mortalidades por las causas que afectan a todos los polinizadores, pero también por otras propias. Por ejemplo, la difusión del parásito Varroa y del virus Nosema en las redes de comercio de apicultura.

Aunque los informes del IPBES no pretenden dictar políticas, sí apuntan a algunas acciones útiles. Entre ellas, mejorar la diversidad de los hábitats y apoyar las prácticas tradicionales frente a la agricultura intensiva. “Harían falta menos pesticidas y agroquímicos en general: habría que aplicarlos tan solo cuando la plaga superara cierto nivel”, concluye Bosch.