Ir a contenido

ESPECIE INVASORA

El hongo que diezma a los anfibios se extiende por Catalunya

La enfermedad mortal se ha detectado en seis zonas diversas y muy alejadas

Un equipo del CSIC logra la erradicación total en una población de sapos de Mallorca

Antonio Madridejos

Un tritón jaspeado.

Un tritón jaspeado. / JOSEP MARIA MOMPART

El Batrachochytrium dendrobatidis, un hongo originario de Sudáfrica que desde hace dos décadas diezma las poblaciones de anfibios en los cinco continentes, en ocasiones de manera drástica e irreversible, está presente en Catalunya en una gran diversidad de ambientes, según muestra un análisis realizado por la Escola de Natura de Parets del Vallès, con la colaboración de la Sociedad Catalana de Herpetología y el Centro de Recuperación de Anfibios y Reptiles (CRARC). El hongo, que ataca la sensible piel de los anfibios y acaba dañando sus defensas hasta ocasionarles la muerte por paro cardiaco, está incluido en la lista de las 100 especies más invasoras del mundo. Y combatirlo no será nada sencillo.

La quitriomicosis, la enfermedad causada por el hongo, se detectó por primera vez en Europa a finales del siglo XX. Fue concretamente en las poblaciones de sapo partero de Peñalara, en la provincia de Madrid, que sufrían entonces unas mortandades notables, explica Jaime Bosch, especialista del CSIC en el Museo de Ciencias Naturales de Madrid (MNCN). “Al principio pensábamos que era un problema de zonas tropicales, pero en Peñalara aguanta perfectamente en lagos helados y con temperaturas bajo cero”. Luego se ha documentado en buena parte de España y Europa.

El estudio en Catalunya ha observado la presencia del hongo en ranas comunes de seis emplazamientos del Vallès Oriental, Moianès, Ribera d'Ebre y Montsià, explica Daniel Fernández Guiberteau, que ha encabezado el análisis. El mismo hongo se había detectado con anterioridad en diversos lugares de la provincia de Girona. “Como a simple vista no se ve, lo que hacemos es pasar por la piel del anfibio un bastoncillo estéril y luego lo enviamos a un laboratorio especializado de Alemania”, añade. La detección de la enfermedad no es fácil, coincide Bosch, puesto que suele matar a los ejemplares que se encuentran en la fase de metamorfosis entre renacuajo y adulto, cuando apenas miden un centímetro. “Es difícil encontrar animales muertos”, insiste el investigador del CSIC.

Declive general

Al margen de los hongos, los anfibios se enfrentan a un declive general motivado por factores muy diversos, desde el cambio climático y el uso insecticidas, hasta el abandono rural, la desecación de los freáticos y la introducción de especies exóticas que se comen las larvas, como el black bass o la tortuga de Florida, explica Fernández.

El hongo puede afectar a todos los anfibios, pero los peores efectos en el conjunto de España los están sufriendo las cuatro especies de sapos parteros, de las que tres son endemismos, y un poco menos entre sapo común y salamandra. “Hemos observado poblaciones que se han reducido en un 98%”, dice Bosch. 

La llegada del hongo está ligada a las actividades humanas. Uno de los orígenes es la exportación de ranas desde Sudáfrica a partir de 1930. “Las criaban para venderlas como animal de laboratorio, para realizar las famosas pruebas del embarazo, y eso favoreció su expansión”, dice Bosch. También parece haber influido la acuarofilia y el coleccionismo. En cualquier caso, el hongo sudafricano se ha recombinado genéticamente con hongos locales hasta el punto de que ahora hay muchas cepas diferentes.

El equipo de Bosch explora diversas posibilidades para hacer frente a la enfermedad. En diversos torrentes de la sierra de Tramontana, en Mallorca, han logrado el hito mundial de erradicar el hongo en las poblaciones de sapo partero balear o ferreret mediante el uso de antifúngicos, aunque el especialista asume que eran unas condiciones muy especiales, con un espacio restringido y una importante sequía estival. "Sabemos cómo tratar a los animales infectados, pero lógicamente no es factible hacerlo así en todo el mundo”. El equipo también trabaja con bacterias simbiontes que viven de forma natural en los anfibios. “Las cultivamos en laboratorio y se las añadimos para ver si contribuyen a controlar la quitriomicosis”, dice Bosch. Asimismo, se han ensayado vacunas con cepas adaptadas, pero el éxito en laboratorio no se ha repetido en el campo, reconoce el científico.

Otra de las posibilidades es obviamente la cría en cautividad para el reforzamiento de las poblaciones silvestres. La Escola de Natura de Parets, por ejemplo, lleva a cabo dos proyectos con el tritón jaspeado y con el sapo de espuelas, explica Fernández Guiberteau. El equipo del CSIC también cría diversas especies de anfibios en sus instalaciones del MNCN.