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ANÁLISIS CIENTÍFICO

La reconquista de Chernóbil

Una gran densidad de lobos, alces y ciervos puebla la zona restringida de la antigua nuclear

ANTONIO MADRIDEJOS / BARCELONA

Grupos nutridos de jabalís, lobos, alces, ciervos y otros mamíferos han recolonizado con tanto éxito la zona de exclusión de Chernóbil, el territorio más directamente afectado por el accidente nuclear de 1986, todavía prohibido a las personas, que actualmente hay mayores densidades que antes del siniestro, como ha comprobado una evaluación científica encabezada por biólogos ucranianos, bielorrusos, británicos y estadounidenses. De forma sorprendente, hay incluso más animales, sobre todo lobos, que en algunas zonas naturales de Ucrania y Bielorrusia bastante próximas pero que quedaron al margen de la radiactividad.

La conclusión del estudio, que se ha publicado en la revista especializada Current Biology, parece clara. «Cuando se eliminan los seres humanos, la naturaleza florece incluso a la estela del peor accidente nuclear de la historia», destaca  el coautor Jim Smith, profesor de la Universidad de Portsmouth.

«Eso no significa en absoluto que la radiación sea buena para la vida silvestre, sino que los efectos de la presencia humana, incluyendo la caza, la agricultura y la silvicultura, son mucho peores», añade. En la actual zona de exclusión vivían antes del accidente unas 116.000 personas, muy diseminadas por pequeños poblados agrarios.

La zona directamente analizada  es la reserva bielorrusa de Polesia, un área de pantanos situada cerca de Chernóbil que mantiene un nivel de radiación similar al de los peores lugares del norte de Ucrania. «En Polesia es muy probable que las poblaciones de fauna sean ahora mucho más altas de lo que eran antes del accidente», insiste Smith. Los animales recorren la reserva sin discernir las zonas con mayor radiactividad.

La explosión de la central de Chernóbil en 1986 supuso la diseminación a través del aire de gran cantidad de partículas radiactivas, lo que obligó a abandonar a la fuerza los pueblos más cercanos y a crear la actual zona de exclusión de 4.200 kilómetros cuadrados, poco menos que la provincia de Girona, en territorio ucraniano y bielorruso.

Estudios previos habían mostrado unos daños muy superiores, pero las nuevas evidencias, basadas en censos realizados durante todo el periodo, muestran algo más que una recuperación. Los censos se han efectuado a partir de avistamientos, análisis con helicópteros y recuentos de huellas en la nieve.

Los mamíferos sufrieron una crisis inmediatamente después del accidente, con recurrentes problemas de salud y una clara reducción de la natalidad, pero pronto empezaron a recuperarse. Primero fueron los jabalís y luego siguieron alces, corzos y ciervos, que actualmente presentan densidades similares a las de cuatro reservas naturales de la región no contaminadas.

En cualquier caso, lo más sorprendente es el resurgir de los lobos, pues se calcula que ahora viven en los alrededores de Chernóbil siete veces más que en las reservas naturales vecinas. Otros estudios previos habían confirmado la presencia de lince boreal y oso pardo, aunque también un descenso del número de aves.

«Los datos muestran la gran capacidad de recuperación de la fauna cuando se libera de la presión humana», concluye el coautor Jim Beasley, de la Universidad de Georgia (EEUU).

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