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amenAza para el pulmón verde del planeta

La tala de la Amazonia se dispara ante la pasividad de Rousseff

La deforestación crece desde el 2012, cuando se rompió un decenio de contención

En los últimos tres meses se han arrasado 1.870 km2 de selva en Brasil

EDU SOTOS / RÍO DE JANEIRO

El pulmón verde del planeta  no para de menguar con Dilma Rousseff en la presidencia de Brasil. Los datos avanzados esta semana por el Instituto del Hombre y el Medio Ambiente de la Amazonia señalan un aumento del 467% en la superficie deforestada en la selva amazónica de Brasil durante el pasado mes de octubre respecto al mismo mes del 2013. Un dato que se añade al aumento del 208% y del 66% detectado en los meses de agosto y septiembre, respectivamente, por el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales brasileño, organismo encargado de los datos oficiales de deforestación en Brasil. En total, son 1.870 kilómetros cuadrados devastados en los últimos tres meses, una cifra alarmante si la comparamos con los 5.891 km2 que se cortaron entre el 2012 y el 2013. Y ya esa superficie supuso un aumento del 29% sobre el periodo 2010-2011, con lo que se rompió la contención en la deforestación de la selva iniciada en el 2002 cuando Lula da Silva comenzó su gobierno en Brasil.

Para tener una imagen de la degradación de la Amazonia, solo en Brasil, país que concentra el 60% de la superficie amazónica, 763.000 kilómetros cuadrados han sido ya irremediablemente despojados de su exuberante manto verde. Esto es el equivalente a 184 millones de campos de fútbol o a la tala de 2.000 árboles por minuto ininterrumpidamente durante 40 años.

Sin embargo, el drama medioambiental es solo la parte visible del drama humano vivido por los últimos grupos indígenas no contactados que se aferran a estos bosques con la esperanza no solo de preservar su forma de sustento o su cultura, sino la propia vida.

Desesperados por la situación de abandono que padecen, los indios de la etnia ka'apor aparecieron en los medios de comunicación del país armados con arcos y flechas junto a los madereros que habían apresado mientras operaban de manera ilegal en la región de Alto Turiaçú, en Maranhao, uno de los nueve estados de la Amazonia Legal. La autodefensa es el acto de supervivencia al que los últimos indígenas tienen que recurrir en el área más olvidada del desigual Brasil.

NEGATIVA A FIRMAR

Mientras tanto, el pasado septiembre la presidenta reelecta, Dilma Rousseff, se negó a firmar la Declaración de Nueva York para eliminar la deforestación de la Amazonia en el 2030 durante la pasada Cumbre del Clima de las Naciones Unidas. Una decisión motivada, entre otras cuestiones, por el enfado sufrido al no ser consultada en la elaboración del compromiso y que pone en entredicho la voluntad de la presidenta que menos esfuerzos ha hecho en la preservación del Amazonas en la historia reciente de Brasil.

Solamente en el 2012, Rousseff redujo la superficie protegida del país en 164.000 hectáreas para la construcción de cinco hidroeléctricas en los estados de Pará y Rondonia. Con una nueva legislatura por delante, Rousseff todavía está a tiempo de contribuir a proteger este patrimonio de la humanidad.