Orgullo de: Mataró (1)

El Padre Echarri: la historia del cura tras el 'gegant' de Les Santes del barrio más pequeño de Mataró

  • Este verano, EL PERIÓDICO publica una serie de historias y perfiles locales sobre 'orgullo de ciudad' en diversas ciudades catalanas de la Gran Barcelona

  • Cumple una década la figura de un salesiano que representa un movimiento geganter en el que se identifican todos los barrios de Mataró

El Pare Echarri, este domingo 24, durante la Gegantada de Les Santes, que tuvo lugar en las calles del centro de Mataró.

El Pare Echarri, este domingo 24, durante la Gegantada de Les Santes, que tuvo lugar en las calles del centro de Mataró. / Joan Salicrú

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Joan Salicrú
Joan Salicrú

Periodista

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Hay pocas celebraciones locales en Catalunya que generen más orgullo local que Les Santes de Mataró, Fiesta Mayor de la capital del Maresme, cuya edición del 2022 dio el pistoletazo de salida este 25 de julio.

La festividad, marcada por un movimiento geganter en la línea de la cultura tradicional catalana, tiene sin embargo una especificidad: más allá de los gegants institucionales del municipio -Robafaves y su familia: la Geganta, Maneló y Toneta-, hace cuatro décadas emergió un movimiento a través del cual cada barrio se identifica con un gegant que opera como metáfora de alguna historia popular y representativa de la zona. El pasado domingo 24 de julio, 32 colles sacaron a bailar más de 50 gigantes ante miles de mataronenses.

Entre los más de cien gegants activos hoy en día en Mataró, hay uno que este 2022 celebra su décimo aniversario y que es especialmente singular: el del Padre Echarri, histórico salesiano que impulsó la base social del barrio más pequeño (unos 4.000 habitantes) de la ciudad, La Llàntia. En 2012, cuando se estrenó el gegant, Echarri todavía vivía, aunque ya le habían detectado un cáncer, hecho que agilizó el proceso para que viera su gigante con vida.

La figura del Padre Echarri de los Geganters de La Llàntia de Mataró.

/ Ferran Nadeu

Líder vecinal clave en el barrio

"Echarri hizo en el barrio un gran trabajo comunitario. Hay que tener en cuenta que en los 60 nadie quería subir a La Llàntia: los taxis no llegaban porque todo era barro y arena y no había alumbrado. Todos tuvimos claro que nuestro gegant debía ser para Echarri, recuerda Mickey de los Reyes, miembro de Geganters de La Llàntia, colla que impulsó su construcción.

De los Reyes hace referencia a las dificultades del barrio durante su construcción en los años sesenta a partir de las oleadas migratorias desde el sur de España, especialmente de Andalucía y Extremadura. Echarri impulsó la creación de la asociación de vecinos del barrio con anécdotas como la subasta de un coche para poder pagar las vigas que aguantarían el techo del local.

Sobre la apariencia del gegant de La Llàntia, de los Reyes explica que "teníamos claro que tenía que llevar una lámpara en una mano, para recordar el nombre del barrio", y al propio Echarri le preguntaron qué quería llevar en la otra. "Habíamos pensado en un libro pero él rápidamente dijo que le gustaría que su gegant llevara una pala para simbolizar todo el trabajo de construcción social que había llevado a cabo”.

Un "nacionalismo de barrio"

¿Qué significa que en Mataró cada barrio tenga su gegant? “En los años 80 y 90 hubo un boom y la moda era tener uno. Es un hecho identitario: la gente quiere ser parte de una colla y sentirse vinculado: va mucho más allá de la figura”, comenta Laura Sánchez, integrante de la Colla Gegantera La Llàntia.

De un modo parecido se expresa Pau González, presidente Coordinadora de Colles Geganters de Mataró: “En Mataró es muy importante el mundo geganter porque, además de que todos los mataroneses sentimos un inmenso orgullo cuando vemos desfilar a la familia Robafaves, tenemos la suerte de que a partir de los años 80 se extendió por toda la ciudad".

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¿Cuál fue el origen de esta curiosa tradición cuatro décadas atrás? “No lo sabemos, pero creo la admiración por la familia Robafaves hay ha generado una tradición. En cada colla se genera un espíritu de unión muy interesante, porque es algo abierto a todo el mundo. ¿Quién no quiere subrayar la personalidad de su comunidad? Es un pequeño nacionalismo de barrio que no deriva en negar Mataró, al revés: las collas se identifican con la ciudad.”, zanja Pau González.

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