Crónica

La memoria contrahegemónica de una ciudad: ¿Cómo suena realmente Mataró?

  • Mancos a Djembereng. Paisatge sonor d'una ciutat es una exposición sonora que plantea una Mataró diversa, en contraposición al discurso oficialista

  • Can Marfà acoge la muestra, obra de la Associació Mapasonor, desde el pasado 9 de octubre. Se puede visitar hasta el 11 de abril

Cartel de la exposición sonora Mataró, de Mancos a Djembereng. Paisatge sonor d’una ciutat.

Cartel de la exposición sonora Mataró, de Mancos a Djembereng. Paisatge sonor d’una ciutat. / Esteve Vallmajor

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Esteve Vallmajor

Seguramente nunca te habías parado a pensar cómo suena tu ciudad, cuáles son los sonidos que definen la memoria colectiva de un espacio determinado, en este caso la ciudad de Mataró, capital del Maresme. Con un auricular siempre en la oreja se hace complicado reconocer el sonido que distingue a tu ciudad de las poblaciones vecinas, de Argentona o de Llavaneres. El respirar de las olas del mar Mediterráneo, de las playas mataronenenses en el Callao, en SantSimó o en el Varador, es el primero sonido que se escucha en la exposición Mataró, de Mancos a Djembereng. Paisatge sonor d'una ciutat. Es ese elemento primitivo y natural de la ciudad, que ha estado siempre ahí, incluso antes de la concepción de la ciudad moderna, en tiempos de Iluro cuando los romanos venían a por el buen vino de la comarca. 

Desde unas improvisadas gradas de madera clara con cojines, uno se acomoda para escuchar, a través de seis altavoces distribuidos por toda la sala, la identidad de una ciudad: sus festividades, sus músicas tradicionales, sus grandes actos culturales, el runrún de las últimas manifestaciones políticas. Pero, Mataró también es, y así queda retratado en la muestra, el sonido del camión de la basura que circula por la calle pasada la media noche, las energías mañaneras de los mercados, los sonidos disidentes que salen por la noche cuando la ciudad va a dormir o la llegada de la R-1 dirección Barcelona en la estación de trenes.

El viaje por la ciudad, tras hora y media de registros sonoros, termina con un monólogo de la veterana activista feminista Montse Álvarez, víctima de maltratos machistas que usa el teatro para contar su realidad y para que, con su relato, otras no tengan que vivir lo que sufrió. El primer punto, las olas repicando las playas de Mataró, y el último, la voz de una superviviente de la violencia machista, culminan un viaje a la contemporaneidad de nuestra época, a una nueva memoria colectiva que muta cuando pasan los años, adaptándose al contexto social.

El resultado es fruto de un extenso trabajo a lo largo de cinco años de la Associació Mapasonor, que, mediante criterios etnomusicológicos y antropológicos, consigue recorrer una ciudad y sus respectivas sensibilidades culturales, sociales, religiosas e identitarias, añadiendo, a los sonidos emblemáticos, esas voces situadas en los márgenes; unos márgenes que alguien ha dibujado para que sean eso, márgenes.

Contra el discurso oficialista

Mancos, pueblecito peruano. Djembereng, población del Senegal. Porque Mataró también es eso: la unión de distintas raíces en una de sola, que puede ser interpretada de formas muy distintas. Sàgar Malé, fundador de la Asssociació Mapasonor, sabía des del principio qué Mataró iban a retratar: "Queríamos plantear una experiencia sonora, pero que, desde la perspectiva de Mapasonor, siempre tiene un contenido basado en la diversidad cultural. No nos queremos centrar en la Mataró hegemónica, situada en el Centre".

Así, la exposición se presenta como un combate contra el discurso oficialista, abriendo la posibilidad de contar, desde la propia institución, una nueva Mataró, lejos de los grandes nombres y apellidos que representan la ciudad, y que siempre han hablado en nombre de ella, obviando a una mayoría silenciosa y hormiguita que construía la Mataró de y para todos.

–¿Quién es el responsable de la construcción de este discurso alejado de la realidad?

"Decir que hay un solo responsable sería simplificar la historia", dice Malé. "La hegemonía alguien la controla, pero también alguien la legitima. Mataró tiene un centralismo muy fuerte de su cultura predominante. Nadie se ha opuesto a que tengamos a las mezquitas apartadas en un polígono en las afueras. De alguna forma todos somos responsables, aunque, evidentemente, como organización de izquierdas, señalamos a los mecanismos de poder y queremos crear un discurso contrahegemónico", sigue.  

Y de ahí nace un poco la intención de la segunda parte de la exposición, formada por un conjunto de relatos de vida, que, mediante entrevistas realizadas a personas de distintas procedencias y de distintos barrios, conforman “un collage de voces de la ciudad”.

Y de cada barrio un pueblo

El barrio de Rocafonda de Mataró no es el mismo que el de la Llàntia o el de Peramàs. Cada barrio, aunque les separen escasas calles de diferencia, se ha montado su fiesta popular, sus tradiciones y su pequeño “pueblo”, como dice Mickey de los Reyes, activista de la Llàntia, en una de las entrevistas, quien reconoce que ahí entre todos se conocen porque son “una familia”.

Tras las escuchas de las distintas conversaciones, da la sensación que cada barrio de la ciudad tiene su propia sonoridad. ¿Tiene sentido Mataró, como un ente global, o tiene sentido cada barrio por su cuenta? ¿Qué Mataró se debería construir ante el relato hegemónico?

"De Mataró me gusta que es una ciudad relativamente asequible, donde aún existe una relación personal relativamente próxima y real", relata Ramon Salicrú, maestro y activista popular de la ciudad en una de las entrevistas. "Yo no conozco a toda Mataró, pero conozco a gente de toda Mataró. Mi gran idea es construir una sola Mataró. No sé si me entiendes…No una Mataró diferenciada, una Mataró única en el buen sentido de la palabra, no uniformizada y hecha con un molde" añade.

Lo que Mataró fue

No deja de ser una paradoja que la exposición se encuentre en Can Marfà, un espacio de conmemoración a lo que Mataró fue, y ya no ha vuelto ser después de la crisis del 2008, en referencia al sector textil. Un sector que ha dado sentido e identidad a la ciudad y que justo en ese edificio se ubicó una de las naves más importantes de España de género de punto, que desde hace un tiempo rememora esos años con la exposición Mataró, capital del género de punto.

Se echa en falta, tal vez, en la muestra temporal Mataró: de Mancos a Djembereng el sonido de las máquinas tejedoras a todo meter, porque el valor de la muestra sólo tiene sentido rememorando un pasado que, sin sacralizarlo ni menospreciarlo, explica lo que somos hoy, que no es poco. 

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Can Marfà acoge la exposición sonora desde el pasado 9 de octubre y se puede visitar hasta el 11 de abril.

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