20 feb 2020

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Trump y el gran desorden mundial

La expansión del comercio internacional ha sido una de las enseñas de la globalización y la prosperidad mundial desde 1945. Pero Trump supone un cortocircuito a la dinámica comercial y con ello plantea un reto al orden internacional existente

JORDI MOLINA. PROFESOR DE GBEOPOLÍTICA Y GEOECONOMÍA DE EADA BUSINESS SCHOOL

Trump y el gran desorden mundial

Andrew Harnik

El estado de las relaciones internacionales (políticas, económicas, diplomáticas) imperantes en cada momento histórico viene determinado por los acuerdos alcanzados entre las grandes potencias tras un gran conflicto. Es el conocido orden internacional: normas, pactos y protocolos que rigen las relaciones entre los estados soberanos y que pretenden fomentar un marco de convivencia estable y próspero. Hoy vivimos bajo el llamado orden liberal de 1945, una arquitectura global sin precedentes diseñada y acordada por las potencias occidentales ganadoras de la segunda guerra mundial: EEUU y Reino Unido. Su diseño está inspirado en el idealismo del presidente Roosevelt, que concibió una posguerra basada en los valores e instituciones liberales con proyección global. Su sentido histórico y visión se basó en la infausta memoria de la década de 1930, en la que el auge del proteccionismo comercial, el militarismo y el declive de la cooperación internacional, unidos a una profunda crisis económica, fueron la clave para activar los cañones en 1939.

El presidente Roosevelt concibió un nuevo orden global abierto e inclusivo basado en los siguientes pilares:

1. En el plano político y diplomático, el multilateralismo se afianzó como esquema básico para afrontar los retos nacionales e internacionales, siendo su foro central la ONU.

2. En el plano económico, el libre comercio se afianzó como ortodoxia que favorecería el desarrollo social y económico, siendo el dólar norteamericano la moneda de referencia y dando las instituciones de Bretton Woods (Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional, Organización Mundial del Comercio) un paraguas de asistencia financiera y estabilidad monetaria.

3. En el ámbito de la seguridad, el Consejo de Seguridad de la ONU se convirtió en el árbitro de la seguridad colectiva, al tiempo que EEUU tejía una red de alianzas militares en todo el mundo.

Inmensa grieta

Los valores asociados a este orden internacional estaban basados en el respeto a la Declaración Universal de los Derechos Humanos, adoptado por la ONU en 1948.

Estos pilares y valores debían servir para vacunar las relaciones internacionales, prevenir nuevas catástrofes y gestionar los grandes retos globales. Todo ello se plasmó con el nacimiento de las instituciones de Bretton Woods en 1944 y en 1945 con el de la ONU. Y aunque la bipolaridad de la guerra fría mermó en parte su alcance y eficacia globales, la humanidad se adentró en el siglo XXI con estas instituciones internacionales creadas a mediados de los años 40, cuando el mundo era muy distinto.

El orden de 1945 no es un sistema perfecto. No es neutral. Es a todas luces reformable. Pero es el que tenemos. O al menos de momento. Por qué una inmensa grieta se está abriendo en el mismo, y en el propio país que lo diseñó.

Una concepción sin precedentes

Donald Trump alcanzó la presidencia en enero del 2017. Ya durante su campaña, entre aspavientos y ácida retórica, situó las relaciones comerciales en el centro de su discurso político, siendo una parte importante de su electorado segmentos sociales desfavorecidos por el libre comercio y la revolución tecnológica. El presidente considera que los costes que conlleva el orden que diseñó su propio país son mayores que los réditos que obtiene del mismo. No cree en el multilateralismo; sí en las relaciones bilaterales, que juzga más provechosas. Trump no cree en economías abiertas e interdependientes, sino en un proteccionismo que resguarde a sectores manufactureros proclives a la deslocalización. Esta es una concepción sin precedentes en una presidencia norteamericana, republicana o demócrata. Y ello conlleva riesgos e incertidumbres, tanto a nivel geopolítico como económico.

La expansión del comercio internacional ha sido una de las enseñas de la globalización y la prosperidad mundial desde 1945. En los últimos 25 años, el comercio internacional ha pasado de representar el 38 al 59% de la economía global, al tiempo que el número de acuerdos comerciales regionales alcanzaba una cifra sin precedentes. Una parte importante de estos intercambios han beneficiado a países emergentes y han sido clave en la creación de incipientes clases medias en países en vías de desarrollo. La crisis financiera supuso cierto retroceso, pero la expansión comercial tomó un nuevo impulso a partir del 2013. Y en esas estábamos hasta que llegó Trump, que representa un cortocircuito a la dinámica comercial de las últimas siete décadas. Y con ello plantea un reto al orden internacional existente.

Durante su primer año de mandato, el ímpetu presidencial logró neutralizar importantes acuerdos avalados por Barack Obama con países de Asia-Pacífico (TPP) y con la UE (TTIP), al tiempo que acumuló incertidumbre sobre el futuro del acuerdo comercial con Canadá México (NAFTA).

En su segundo año, Trump inició una ofensiva arancelaria con la que ha acelerando una espiral proteccionista respecto al mundo (en especial China y Europa) con consecuencias difíciles de prever. De momento el FMI ya ha alertado del coste 0,5% para la economía mundial en 2020.

¿Qué está en juego?

Pero más allá de los decimales, hoy las preguntas son hacia dónde vamos y qué está en juego. Y las respuestas se desdoblan en dos planos. El primero es reduccionista y táctico. Consiste en analizar el impacto adverso comercial a nivel de país, sector o producto. Ello es sin duda importante a nivel empresarial, pero tiene vuelo corto y puede darnos un falso confort o alarma. El segundo plano es estratégico y de largo alcance. Cuestiona si nos estamos encaminando hacia un gran desorden. ¿Seguirá EEUU en el 2025 liderando el orden internacional?, ¿dará lugar la doctrina de 'America First' a una mayor asertividad geopolítica de otras potencias?, ¿seguirá siendo el comercio un elemento de crecimiento e integración en la próxima década?.

A falta de respuestas sobre estos potenciales cambios tectónicos, el foco queda en la segunda parte del mandato de Trump, cuyo primer capítulo se empezará a escribir en las próximas elecciones legislativas de EEUU de noviembre. En paralelo, cabrá estar atento a las respuestas arancelarias chinas y europeas así como la resolución de los procedimientos por disputas comerciales abiertos ante la OMC, cuyo número no deja de crecer.