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Proteccionismo, el ruido que no cesa

El comercio mundial, pese al ruido proteccionista, sigue creciendo más deprisa que la renta mundial, lo que evidencia que la realidad globalizadora de la economía internacional tiene más fuerza que los voluntarismos políticos que tratan de negarla

FRANCESC GRANELL. CATEDRÁTICO EMÉRITO DE LA UNIVERSITAT DE BARCELONA

Proteccionismo, el ruido que no cesa

YVES HERMAN

La visita del presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, a la Casa Blanca hace hoy justo dos meses, el 25 de julio, ha calmado parcialmente la guerra comercial causada por la filosofía defendida por el gobierno de EEUU -desde la llegada a la presidencia de Donald Trump con su idea de 'America First'- poniendo en marcha nuevas medidas proteccionistas bajo el pretexto de que otros países se han beneficiado más que los propios EEUU de los intercambios.

Este nuevo proteccionismo comenzó, de hecho, con las represalias occidentales contra Rusia por la invasión y anexión de Crimea por parte de Moscú en el 2014 y con la irrupción de otros contenciosos en los que China y la UE habían ocupado lugares destacados, pues pese a que China es miembro de la Organización Mundial de Comercio (OMC) desde el 2001, Pekín sigue sin conseguir que se le aplique el rango de economía de mercado por algunas de sus prácticas comerciales relativas a inversiones y a la transferencia de tecnología. El aumento de la competitividad de las exportaciones chinas por un yuan depreciado no está ayudando a apaciguar los ánimos del presidente Trump.

Cambio de ciclo

Todo ello había dado lugar a una serie de rumores y medidas proteccionistas que, asociadas al cambio de ciclo que algunos auguran para la marcha de la economía mundial, estaban cambiando los parámetros en que se habían movido los intercambios internacionales hasta hace poco.

Trump y Juncker, tras su reunión de Washington, lanzaron a sus técnicos a estudiar la posibilidad de avanzar hacia una zona sin aranceles industriales y medidas no arancelarias. Ello debe permitir avances respecto al comercio de automóviles y en el establecimiento de un grupo de trabajo para la reforma de la OMC respecto a prácticas comerciales desleales, robo de propiedad intelectual,  transferencia forzada de tecnología, subsidios industriales y distorsiones creadas por empresas estatales y sobrecapacidad.

Juncker ha explicitado el compromiso europeo de comprar más gas licuado y  soja a EEUU (ahora bajo medidas de retorsión de China) e impulsar el comercio de servicios y los intercambios de productos químicos y farmacéuticos y ha podido exhibir el compromiso librecambista europeo con los recientes acuerdos de libre cambio con Japón y Canadá.

Fuente de desavenencias

Sin embargo, y pese a la corrección que pareció derivarse del resultado de la reunión entre Trump y Juncker, el endurecimiento de la posición estadounidense respecto al régimen sunita de Irán, reimplantando la sanciones que se habían  levantado tras el compromiso de evitar enriquecer uranio a niveles aptos para su uso militar con el acuerdo antinuclerar de los cinco más uno (EEUU, UE, Alemania, China, Rusia, Francia y Gran Bretaña), podemos encontrarnos en una nueva fuente de desavenencias. Trump pretende sancionar a las empresas europeas que tengan tratos con Irán y que Washington considere sospechosos. lo cual no resulta aceptable para la UE, que es la que determina lo que pueden hacer las empresas europeas sin aceptar imposiciones norteamericanas al respecto.

La UE tampoco está contenta respecto al obstruccionismo norteamericano en la designación de los miembros que han de ocupar las vacantes en el órgano de solución de diferencias de la Organización Mundial de Comercio.

Tanto el Fondo Monetario Internacional como el G20 -cuya presidencia recae este año en Argentina- y la OMC están mostrando su preocupación por un eventual rebrote del proteccionismo y es por ello que la visita de Juncker a Trump y las declaraciones de ambos al término de su reunión han caído como agua de mayo. Pero quedan muchos flecos a solucionar para el retorno a la normalidad librecambista con objeto de evitar efectos indeseados de acentuación del cambio de tendencia hacia un menor crecimiento que ya se está detectando en la economía mundial y que se está intensificando con el aumento de los precios del petróleo y con los aumentos en los tipos de interés en un mundo fuertemente endeudado.

Por estas presiones políticas y por el interés de las grandes empresas en seguir produciendo en cadenas transnacionales de valor e incorporación de piezas de varios países suministradores, es difícil pensar que pudiera volverse al proteccionismo que caracterizó la poscrisis mundial de 1929, por mucho que Trump amenace con proteccionismos pensando que ello puede ayudarle cara a las 'mid term elections' de finales de este 2018.

Las diferentes etapas

La politica comercial mundial ha pasado por diferentes ciclos a lo largo de los años entre el proteccionismo de los economistas del mercantilismo y el librecambio de los economistas clásicos, pero la realidad empresarial de la actual globalización hace prácticamente imposible una guerra comercial.

Desde  la creación del Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio (GATT, por sus siglas en inglés), el mundo ha dado muchas vueltas y por mucho que su sucesora, la Organizacion Mundial de Comercio, no pase por sus mejores momentos, nadie, ni siquiera Trump, se ha atrevido a tratar de eliminarla.

El convencimiento de que el librecambio es mejor que la protección llevó a muchos países a ir reduciendo sus aranceles de aduanas y a ir suprimiendo los obstáculos no arancelarios que el neoproteccionismo fue poniendo en marcha, al tiempo que muchos países creaban mecanismos para incentivar sus exportaciones en lo que vino a denominarse el neomercantilismo. Fue un proceso que yo mismo evalué en mi discurso de ingreso como académico en la Real Academia de Ciencias Económicas y Financieras en vísperas de la creación de la Organizacion Mundial de Comercio en 1995 .

Por un puñado de votos

El librecambio institucional y la globalización productiva venida de la mano de empresas multinacionales han llegado demasiado lejos como para poder ser eliminados por algunos arranques de mal humor de determinados políticos.

Ademas tanto la UE como China, Japón y Corea se muestran decididas partidarias del librecambio y, al establecer medidas de retorsión contra las políticas proteccionistas impulsadas desde Washington, han mostrado que no pueden aceptar de forma autocomplaciente que un país tan importante como EEUU se desvíe del librecambio. Además y, por si esto fuera poco, la American Chamber of Commerce y varias importantes asociaciones patronales norteamericanas le están diciendo a sus políticos que el proteccionismo haría aumentar costes y precios y haría perder millones de empleos a la economía americana.

Pese al ruido proteccionista que no cesa, el comercio mundial sigue creciendo más deprisa que la renta mundial, lo cual demuestra que la realidad  globalizadora de la economía internacional tiene más fuerza que los voluntarismos políticos que tratan de olvidarla o, incluso, de negarla buscando cosechar, simplemente, un puñado de votos.