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'When the music's over'

El panorama de festivales en Catalunya goza de buena salud. Las administraciones deberían aprovechar este éxito para revertirlo en la construcción de la escena musical local, con propuestas en materia de formación, creación, producción, difusión y consumo

MARC ROIG BADIA. PROFESOR Y COORDINADOR DEL MÁSTER EN PRODUCCIÓN Y COMUNICACIÓN DE BLAQUERNA URL

'When the music's over'

ALBERT BERTRAN

Tal como explica David Byrne en su libro 'Cómo funciona la música', la llegada del gramófono marca una escisión sin precedentes en el acto de escuchar música. En la última década del siglo XIX el gramófono se popularizó y entró a formar parte del mobiliario de todas las casas burguesas. Hasta aquel momento, para escuchar música era imprescindible la interacción entre el músico ejecutante y el consumidor escuchante. Para los ciudadanos del siglo XXI, la posibilidad de disfrutar ejecuciones musicales no deja de tener un carácter excepcional que le da cierta aura mágica. El gramófono permitió una nueva forma de vivir la música y sus creaciones. El disco se convirtió en una obra en sí misma donde la música se podía manipular para conseguir nuevas cualidades.

A lo largo de todo el siglo XX la parte importante del pastel en el negocio de la música fue sin duda alguna el sector discográfico. De la misma manera que el formato 'best-seller' multiplicó las ventas del sector editorial, y de la misma forma que la maquinaria de Hollywood llevó el cine a todas partes, la aparición del vinilo en los 50 disparó la venta de fonogramas. Un engranaje en el que la moda, las estrellas del pop y las radio fórmulas resultaron piezas clave. A partir de los 50 aparecen en EEUU las primeras 'majors' con capacidad para realizar lanzamientos discográficos a escala planetaria. En los royalties de estos lanzamientos, la parte para los creadores nunca superaba el 10%. Las giras a escala regional o internacional permitían compensar este desajuste. Durante los años 80 se produjo un proceso de concentración empresarial de tal calibre que, al final del siglo, el 90% de la producción estaba en manos de cuatro multinacionales. Pasó lo mismo en el resto de sectores culturales.

El valor del directo

En la entrada del siglo XXI, la expansión de los sistemas de 'streaming on demand' o P2P, y la piratería digital, llevó al desastre a la industria. Era urgente una reconversión. Hoy en el 2017, la consolidación de las plataformas de 'streaming', (YoutubeSpotify, Deezer...) ha permitido reflotar el sector, pero los beneficios que da la publicidad en estas plataformas son aún más mínimos. El 85% de los visitantes de Youtube lo hacen para escuchar música, pero sus creadores son los que menos reciben. Esta brecha de valor hace insostenible el negocio. Una pérdida que puede verse como una oportunidad para volver a poner en valor el directo en una nueva interacción más participativa entre las bandas de pop y sus fans, los profesionales y los amateurs. 150 años después del gramófono, el directo retoma su sentido.

Con las revoluciones culturales de los años 60 llegaron los grandes festivales de música que, a modo de experiencia vital, reunían a miles de jóvenes en un mismo lugar. En 1967 el festival de Monterrey, bajo el lema 'Música, flores y amor', reunió a más de 200.000 jóvenes durante tres días. En el 69, el festival de Woodstock reunió 500.000. La versión catalana de estos encuentros son el Festival de Música Progresiva de Granollers de 1971 o el Canet Rock en el 75. A pesar de su fracaso económico, estos festivales son un hito en nuestra historia cultural y marcan una nueva manera de vivir la experiencia musical. Durante los años 80 y 90, la geografía española se pobló de festivales. La crisis del 2007 se llevó una buena parte; solo quedaron los más grandes. Ahora, la música se entiende como un recurso clave para la dinamización económica. Hay razones para ello. El Primavera Sound calcula que el impacto económico total para la ciudad de Barcelona en la edición del 2017 fue de 94,8 millones de euros.

La última edición del Primavera Sound superó los 200.000 asistentes y el Sónar los 120.000. En ambos casos, más de la mitad de sus asistentes no son de la ciudad. El problema actual de estos eventos es la masificación; la vivencia del directo se diluye. La solución es la creación de zonas vip para los consumidores con mayor poder adquisitivo, pero de esta forma el carácter comunitario de estos encuentros queda seriamente amenazado.

Escena musical local

En el negocio de la música, la música siempre se lleva la peor parte. Después de 25 años del festival Sónar la pregunta que nos deberíamos hacer es cuántos 'dj' o cuántas bandas de música electrónica se han consolidado en la escena catalana y española. Después de más de 20 años de Primavera Sound la pregunta debería ser cómo ha mejorado la escena musical local. Lamentablemente, el panorama de espacios para la música en directo en la ciudad continúa siendo muy exiguo y la costumbre de ir a conciertos de forma regular es casi inexistente.

Las administraciones públicas deberían aprovechar este caudal de oferta musical para revertirlo en la construcción de la escena musical local. Con propuestas de acción imaginativas en la formación, la creación, la producción, la difusión y el consumo. El porcentaje de personas que realizan actividades artísticas amateurs con frecuencia semanal (tocar un instrumento, cantar...) en España es del 14,2%. En Alemania es del 29,7%, en el Reino Unido el 21,7% y en Suecia del 27,5%. Ni el Sónar ni el Primavera Sound han cambiado estas cifras. Cuando su música se acabase apagan las luces. Como canta The Doors, 'When the music's over, turn off the light'.

La mayoría de las formas de la música popular actuales han nacido en entornos de crisis y desigualdad. El jazz, el soul y todas las formas de la música negra nacieron en un contexto de racismo y desigualdad. En los 80, el hip hop nace en los barrios más pobres de Nueva York. La música electrónica empieza con fiestas en naves abandonadas a causa de la crisis del automóvil en Detroit. La actual música koduro, en ciudades africanas como Luanda o Kinshasha. Sus éxitos planetarios en nada revierten a las gentes de estas ciudades.

1,6 millones de visitantes

El panorama de festivales en Catalunya goza de buena salud. El impacto turístico de los festivales en España va en aumento. Según el Anuario de 2018 de la Asociación de Promotores Musicales, solo los 10 más grandes reúnen a más de 1,6 millones de visitantes con una facturación de 400 millones de euros. La pregunta que debemos hacernos ahora entre todos es cómo podemos hacer que todo ello revierta a la escena musical. En apoyos a la creación, en escuelas de música, en formación de públicos, en igualdad de oportunidades. Para que la economía de la música revierta en el bienestar de las poblaciones y sus territorios.